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Recetas

La globalización de la bodega española

A finales del XIX, un inglés y un belga impulsaron el sector vinícola con un nuevo concepto de tienda afín a las tabernas andaluzas

Postal de 1900 que muestra el establecimiento de la Continental Bodega Company en Graz (Austria).  L. S.
Postal de 1900 que muestra el establecimiento de la Continental Bodega Company en Graz (Austria). L. S.
  • Ana Vega Pérez de Arlucea
Actualizada 15/09/2020 a las 12:24

París, 1878. Dos emprendedores españoles regentan sendos negocios dedicados a la venta de vino al detalle en la capital francesa: el señor Goiri lo hace en la 'Bodega de Andalucía' (Glorieta de los Campos Elíseos, 12), mientras que Fajardo acaba de abrir 'La Bodega' en la rue Lafayette 88. Ambos ofrecen al público parisino vinos de Jerez, Alicante o Málaga, y ambos serán también denunciados al unísono por competencia desleal y uso indebido de una marca registrada. El demandante es Robert Banks Lavery, un ciudadano inglés que alega tener derechos sobre la palabra 'bodega'.
En su defensa ante el tribunal de comercio arguyeron que no estaban infringiendo ninguna protección de marca, sino simplemente usando un término común en castellano, tan corriente como 'tienda' o 'almacén'. Al juez Bouillet esta explicación le importó un rábano y dictaminó que según el derecho francés solamente la sociedad Lavery y Cía gozaba del privilegio de usar 'bodega' como nombre comercial, ya que había abierto un establecimiento así denominado en París antes de que nuestros esforzados compatriotas subieran sus persianas. Tanto Goiri como Fajardo perdieron miserablemente y fueron obligados a eliminar el vocablo de la discordia de su rótulo, publicidad y productos bajo amenaza de multa de 100 francos por cada día que tardaran en acatar la sentencia.
Lo mismo le ocurrió en Londres ocho años después a Alejandro Mañero, un hostelero sevillano dueño de varios locales en la City. Quiso usar la palabra 'bodega' para distinguir el espacio que en el Palmerston -un restaurante de su propiedad ubicado en la calle Bishopsgate- había para la degustación de vinos y rápidamente le llegó una denuncia de The Bodega Company Ld., corporación creada por el dichoso mister Lavery de marras. En este caso la justicia inglesa también dio la razón al demandante.
Robert Banks Lavery (1835-1915) fue sin duda un incordio para muchos, pero también debemos reconocerle la labor que hizo por la marca España. Su compañía se hizo millonaria gracias a la venta de vinos españoles y portugueses y de paso puso de moda en todo el mundo el jerez y el oporto a través de un sistema de ventas novedoso y muy particular. Se basó supuestamente en el modelo de algunas tabernas andaluzas en las que se podía beber el vino por copas en el local y a la vez comprar botellas o barriles para quien quisiera degustarlo en casa. Esta mezcla entre degustación y comercio fue desconocida en Inglaterra hasta 1868, fecha en la que el señor Lavery abrió en Mánchester su primer local bautizado como 'bodega' en honor al país del que importaba la mayor parte de su mercancía. Tuvo tanto éxito que poco después montó la sociedad 'Lavery & Co. Bodega Spanish Wine Cellars' junto a su paisano Francis Nicholson, otro tratante de vinos, y las delegaciones fueron creciendo como setas por toda Gran Bretaña. Londres, Bristol, Birmingham, Sheffield, Wolverhampton, Liverpool, Brighton, Cardiff, Glasgow, Dundee, Cork, Dublin, Belfast… Todas esas ciudades tuvieron una Bodega instalada en el centro urbano, decorada elegantemente al uso español y en donde el cliente burgués podía sentarse en torno a los toneles que hacían de mesa para catar los diferentes vinos del almacén. Así, bebiendo por copas, podía probar varios y elegir el que más le gustara para comprarlo por botellas o barricas.
Quizá ahora no nos parezca novedoso, pero en aquella época los cafés no solían tener muchas referencias y los tratantes de vino tampoco ponían fácil adquirir vino en pequeñas cantidades, de modo que el sistema de Lavery vino a solucionar dos problemas en uno. Además de decenas de tipos de jereces, oportos y madeiras su catálogo incluía vinos de Málaga y Tarragona, burdeos, borgoña, vermú, brandy, licores variados y distintas clases de champagne.
En 1877 nuestro protagonista cruzó el Canal de la Mancha e inauguró en la calle Rivoli de París la primera de sus sucursales continentales, con la que les hizo la pascua a Goiri y Fajardo. Lavery se metió en infinitos pleitos por uso indebido de su marca y casi todos le salieron bien hasta que alguien supo pagarle con su misma moneda. En 1879 se constituyó en Bruselas la Belgian Bodega Company, una empresa que copió de principio a fin el modelo del inglés y que en noviembre de 1880 fue absorbida por una sociedad en la que participaban empresarios alemanes, belgas y británicos. The Continental Bodega Company tenía como accionista principal a Nicholson, exsocio de Lavery e íntimo conocedor de todo su entramado bodeguero. La Continental supo introducirse en nuevos mercados antes que su competidora inglesa y evitar así, mediante un registro de marca, que aquella pudiera usar el mismo nombre en el mismo país. Le hizo la puñeta tan bien que en 1909, en su mejor momento, la Bodega Company original tenía 28 sucursales mientras que su rival continental presumía de nada menos que de 139 repartidas por Bélgica, Holanda, Alemania, Austria, Dinamarca, Noruega, Polonia, Hungría, Surinam e Indonesia. Puede que no fueran bodegas españolas, pero por lo menos fueron 'bodegas' llenas de producto español.

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