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Recetas

Cuando Motril quiso ser Jamaica

En 1826 comenzó en Granada la producción de aguardiente de caña de azúcar, un licor que quiso competir con el ron del Caribe

Gráfico incluido en el privilegio de invención de Batlle (1826) y detalle de un antiguo anuncio de ron. r. c.
Gráfico incluido en el privilegio de invención de Batlle (1826) y detalle de un antiguo anuncio de ron. r. c.
  • Ana Vega Pérez de Arlucea
Actualizada 08/09/2020 a las 10:37

Bien sabrán los lectores granadinos -o los afortunados que suelan veranear en la Costa Tropical- que en su provincia existen dos destilerías de ron: El Mondero, en Salobreña, y Montero (más conocida por su marca Ron Pálido) en Motril. Para la mayoría de los asiduos a esta página será sin embargo una sorpresa descubrir no sólo que en Granada se elabora ron en la actualidad, sino que es una industria que puede presumir de 200 años de antigüedad. El ron granadino es testigo vivo de la importancia que el cultivo de la caña de azúcar tuvo en esta zona desde los tiempos de Al-Ándalus, y no han sido pocos los que han elucubrado con que la posibilidad de que el destilado de melaza naciera realmente aquí y pasara al Caribe a bordo de las naves españolas.
En realidad, tal y como cuenta la etnóloga Françoise Aubaile-Sallenave en su estudio 'El ron y los ponches, correrías transculturales', el aguardiente de caña -o ron, una vez refinado- es muy probablemente un invento 100% americano. En el Mediterráneo existían ya multitud de bebidas alcohólicas en el momento en que los musulmanes introdujeron desde Asia la caña de azúcar y además hasta finales del siglo XV no se perfeccionaron las técnicas apropiadas para su correcta destilación. Para entonces se producía azúcar en Sicilia, Madeira, Azores, Valencia, Andalucía y Canarias, lugar este último desde donde Cristóbal Colón llevó la planta de caña a la isla de La Española en 1493. Allí se adaptaría perfectamente al clima tropical y rápidamente las plantaciones se extendieron a México, Brasil y las Antillas. El primer envío de azúcar americano a España se produjo en 1514 y para que se hagan ustedes una idea del dulce percal, sepan que en 1592 el confitero toledano Miguel de Baeza ya apuntó en su libro 'Los quatro libros del arte de la confiteria' que había caña azucarera en "Santo Domingo y Puerto Rico y otras partes de Indias" aunque la de más calidad era la canaria, luego la dominicana y finalmente «de lo que se cría en España lo mejor es lo de Gandía». Del azúcar andaluz dijo que aun habiéndolo en Motril, Almuñécar y Torrox no era «tan bueno por causa de que se cria en tierras salobres, y alguno dello tiene algun sabor differente de lo que los otros azucares buenos tienen» (sic).

Fuente de riqueza
Lo importante aquí es que aunque quizás no cumpliera los estrictos estándares del señor Baeza, el azúcar andaluz fue una realidad y una gran fuente de riqueza. Especialmente a partir del siglo XVIII, cuando se modernizó su producción industrial y subieron también las cargas impuestas a los productos coloniales. Fue entonces cuando algunos cultivadores americanos de caña de azúcar consideraron atractiva la idea de afincarse en España, revitalizando el sector nacional gracias a su experiencia y conocimientos. Uno de esos criollos con billete de vuelta fue José Buenaventura Batlle, empresario de origen catalán residente en Campeche (México). La familia Batlle llevaba casi un siglo afincada al otro lado del Atlántico cuando José decidió, independencia mexicana mediante, probar fortuna en la Madre Patria y traer sus negocios desde Yucatán hasta Granada, donde también podría dedicarse a la fabricación de azúcar y otros derivados de la caña.
Dicho y hecho, el señor Batllé se instaló en Motril con su mujer e hijos y enseguida solicitó un privilegio -lo que hoy llamaríamos una patente- de introducción por un aparato para refinar azúcar de caña "y con sus desperdicios y melazas fabricar aguardiente y ron". Aquel licor extraído del jugo de caña había comenzado como una bebida de esclavos en Brasil y con el tiempo se había perfeccionado de tal manera en Barbados y Jamaica que a principios del siglo XIX constituía una de las importaciones más apreciadas en Europa. Don José Buenaventura fue el primero en pensar que también se podría destilar ron en España, y así lo dejó por escrito en su solicitud diciendo que era nuevo «el hacer el aguardiente o rom en estos reinos de V. M. aunque no en los de ultramar en América». Con el privilegiado admitido este emprendedor comenzó en Motril la producción de ron puro, ron amistelado, aguardiente de caña simple y aguardiente anisado, productos que presentó en la Exposición de la Industria Española celebrada en Madrid en 1828 y por los que ganaría un diploma honorífico. En 1829 consiguió que se redujeran considerablemente los derechos de puertas o arbitrios municipales para el ron motrileño, convirtiéndose en un fuerte competidor del caribeño.
Desgraciadamente el producto no tuvo muy buena prensa, seguramente debido a que en algunos casos se daba gato por liebre y ron granadino por jamaicano. El escritor sevillano Manuel Fernández y González lo tildó en 1857 de "no muy malejo para lo que acostumbran a tener los cafés» y en 1862 de «infame aguardiente de cañas de Motril, bautizado con el pomposo nombre de rom de la Jamaica". Pese a ello Batlle inauguró una saga ronera encarnada en sus hijos Agustín y José Joaquín, que siguieron fabricando y patentando procesos de destilación al menos hasta 1870, y también en algunos de sus convecinos. Ojalá el bueno de don José pudiera ver que 200 años después se sigue bebiendo ron de caña hecho en Granada.

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