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Entrevista
TALLER DE COSTURA

Esperanza Vela, modista: "La moda no te la venden en las tiendas, te la creas tú"

Las madres que confeccionaban la ropa para sus hijos ya son historia. La mayoría hoy no sabe ni coser un botón. Esperanza Vela imparte este jueves un ‘taller de costura en familia’ y ofrecerá pautas para ‘sobrevivir’ en el día a día

La modista pamplonesa Esperanza Vela Viñaras, de 73 años, en su taller de costura en la Avenida Zaragoza. Su abuela y sus tías, dice, le 'metieron el veneno de la aguja' y desde los 45 tiene su propio negocio.

La modista pamplonesa Esperanza Vela Viñaras, de 73 años, en su taller de costura en la Avenida Zaragoza. Su abuela y sus tías, dice, le 'metieron el veneno de la aguja' y desde los 45 tiene su propio negocio.

Actualizada 06/02/2019 a las 12:12
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Las madres que confeccionaban vestidos, pantalones y hasta enaguas y calzoncillos para sus hijos ya son historia. Y ahora, la mayoría de mujeres (y de hombres) no sabe ni coser el botón que se ha caído de la bata del colegio del niño. O, si se ha descosido el dobladillo de la falda o el pantalón del uniforme, echan mano de la cinta adhesiva. La máquina de coser es un objeto de anticuario o de la casa de la abuela. Y, solo en caso de extrema necesidad y si no es posible comprar una nueva prenda, se lleva el vestido, pantalón o bata a reparar al taller de arreglos. Un negocio que, desde que comenzó la crisis, cada vez tiene más éxito. La modista Esperanza Vela Viñaras se ha propuesto desterrar el tópico (y muchas veces la realidad) de que las familias actuales no saben ni enhebrar una aguja y les dará pautas para ‘sobrevivir’ en el día a día. Pamplonesa de 73 años y expresidenta de la desaparecida Asociación de Moda y Complementos de Navarra, impartirá este jueves un Taller de costura en familia, organizado por Diario de Navarra, dentro del ciclo ‘Expofamily, mes a mes’. La cita será en la sede histórica del periódico (Zapatería, 49) a las 19 horas. Las inscripciones, en Mundo DN (5 euros y 2,5, suscriptores).

De las mujeres que cosían para vestir a su familia o ganar dinero a comprar las mismas prendas de ropa en grandes cadenas textiles. ¿Cómo ha evolucionado la costura en las últimas décadas?

Mi abuela, mi madre y mis tías cosían. Y yo siempre me recuerdo con las tijeras en la mano, cosiendo para mis muñecas. ¡Ellas me metieron en veneno en la aguja! Además, en todos los colegios había clases de costura, igual que de matemáticas o de lengua. Aprendíamos punto, ganchillo... Lo básico. Y las madres nos enviaban a las chicas al costurero. ¡Igual que ahora los niños van a natación o inglés! Es un error haber quitado las clases de costura de los colegios. Deberían ser obligatorias para chicos y chicas.

Además de coser para la familia, muchas mujeres iban por las casas a hacer arreglos...

Era una costumbre. Sobre todo, a las casas en las que había muchos niños. Un día por semana acudía una modista a remendar las sábanas que se estropeaban por los pies, a arreglar vestidos...

Algo que ya es historia. Hoy no siempre se repara la ropa. Es más habitual comprar nueva porque los precios son más bajos...

¡Pero estamos estropeando el planeta! Lo llenamos de residuos si tiramos lo que está viejo. Yo soy partidaria de tener pocas prendas, aunque sean más caras. Siempre las puedes ‘tunear’ con pañuelos, collares, cinturones... Si compras mucha ropa barata, es verdad que, al principio, estás muy mona, pero no te va a durar porque los tejidos son malos.

¿Cómo vestimos actualmente?

¡Me aterra ver a la gente por la calle! Las mujeres no visten bien. ¡Algunas se meten en dos o tres tallas menos! No soy mojigata pero sí moralista y creo que algunas han perdido el buen gusto porque no se miran dos veces en el espejo antes de salir de casa. Las personas mayores tampoco visten bien. Se ponen el uniforme de los pantalones, los jerséis y los chaquetones. ¡Hace tiempo que no veo a una señora con su falda, sus medias y su abrigo! Porque, la moda no te la venden en las tiendas. ¡Te la haces tú!

¿Y qué hacemos con nuestros hijos? Es una pelea conseguir que se vistan correctamente...

No hay que ceder y los padres deben establecer unas normas. Los niños y adolescentes han de saber que son libres para vestirse pero que han de ir, más informales o arreglados, según la ocasión. Aunque sea cómodo llevar chándal, solo es para hacer deporte. Para ir a una comida familiar, tendrán que llevar otra ropa.

LA COSTURA COMO TERAPIA

También hay quienes van a clases de costura y han recuperado las máquinas de sus abuelas...

¡La costura es una terapia increíble! Cuando daba clases, muchos psicólogos me mandaban gente y les venía muy bien. Además de coser, nos reíamos, merendábamos... Éramos como una familia. El diseño y la costura han sido mi trabajo pero me lo he tomado como un juego. Ver una prenda terminada es una gran satisfacción.

¿Qué le parece el concurso ‘Maestros de la costura’ (TVE)?

¡Es horrible! Solo se habla de diseño pero no se enseñan los tejidos ni los valores de la costura y no hay tiempo para enseñarlos.

 

Los bajos de los pantalones y los botones de batas

Coger el bajo de los pantalones de los niños, cambiar las cremalleras de los abrigos o coser los botones que se sueltan de las batas del colegio. “Son cositas muy sencillas que se pueden aprender y ¡así te ahorras llevar las prendas a una tienda de arreglos!”, se ríe Esperanza Vela, en la cocina de su casa. Estas acciones son las que enseñará mañana en el ‘Taller de costura en familia’ organizado por Diario de Navarra (calle Zapatería, 49, 19 horas). “No hace falta tener máquina de coser. Todo lo que voy a enseñar lo puede hacer cualquier persona a mano”, anima. Además, en el taller sugerirá ideas para ‘tunear’ la ropa (cómo cambiar un vestido con algunos complementos o con otras telas) y para estrechar o ensanchar prendas cuando se engorda o adelgaza. Dará pautas para que la gente joven se aficione al ganchillo y sobre cómo tejer una bufanda de lana para los niños.

Esperanza entre costuras


La tercera de cuatro hermanos, Esperanza Vela nació en la calle San Miguel del Casco Viejo de Pamplona. “Pero mi madre estaba delicada de salud y yo pasaba temporadas con mi abuela paterna y mis tías (Ángeles, Julia, Margari...) en la Rochapea. Fui muy feliz en esa casa”. Allí, cuenta, aprendió a coser desde “muy pequeña”. “Mis tías siempre estaban hilvanando camisones, vestidos, faldas... Y yo me recuerdo con tijeras y tela entre las manos. ¡Me quedaba con los trapos viejos para hacer vestidos a las muñecas de cartón!” A los 14 años comenzó como aprendiza en un taller de costura y a los 22, ya era la encargada del negocio. Pero no era feliz, recuerda. Así que a los 45 abrió su propio taller y siguió siempre el consejo de su padre de no rechazar a nadie por la primera impresión. “De hecho, mis mejores clientas han sido las que han pagado a plazos y se han esforzado por tener una prenda mía”. Ahora, jubilada, cose para su familia: su marido, sus hijas y sus cuatro nietos. “Aunque yo soy mi mejor clienta”, se ríe.

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