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La dermatitis atópica, que afecta al 40% de bebés y niños, no se cura

"El que nace atópico, muere atópico", según el jefe de Dermatología del Hospital de la Paz, Raúl de Lucas

Foto de la mano de un bebé agarrando la mano de su papá.

Un bebé agarra la mano de su papá

Actualizada 24/11/2018 a las 18:14
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  • efe. madrid
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"El que nace atópico, muere atópico", así de rotundo explica el jefe de Dermatología del Hospital de la Paz, Raúl de Lucas, una enfermedad que afecta al 40 por ciento de los niños y bebés, pero que también padecen los adultos en España.


El próximo 27 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Dermatitis Atópica con la intención de focalizar la atención sobre un problema que produce eccemas y picor persistente, una patología que deteriora el día a día de la vida del enfermo.
La dermatitis atópica se detecta en los primeros meses de vida de un niño, una enfermedad de la que "en teoría, el 80 por ciento de los pacientes mejoran con la edad", y que en España padecen entre un 10 y un 20 por ciento de la población.
Tiene un diagnóstico clínico "sencillo", comenta De Lucas, al tratarse de una enfermedad que es visible por sus brotes en la piel, y una de sus principales raíces se encuentra en los antecedentes familiares.
"El 20 por cierto de los niños en edad escolar la padecen", detalla el dermatólogo, quien añade que es una enfermedad asociada al mundo occidental, vinculada a la protección excesiva hacia la suciedad, e indica que la piel es un órgano que interviene en la inmunidad innata del organismo.
El hecho de que los niños estén cada vez menos en contacto con la suciedad "hace posible que ésta sea una de las causas, según algunos doctores. Claro que es una teoría con seguidores, pero también detractores", afirma el dermatólogo.
Reconoce que se trata una enfermedad más vinculada a la infancia y la adolescencia, etapas en las que los pacientes están más sometidos a irritantes.
"Veo a pocos adultos rebozarse en la arena del parque"; los más jóvenes y los niños se "rascan de manera incontrolada y tampoco tienen opción para elegir la tela del uniforme que deben llevar al colegio", y que puede no ser favorable a su dolencia.
En los adultos las secuelas de la atopía aparecen en rostro y manos: a muchas mujeres les impide maquillarse y a los hombres les afecta en el afeitado, provocando un "aspecto desagradable para quien la padece y para quienes les observan".
Son visibles porque afectan a las manos; también aparecen en forma de manchas faciales en párpados y labios "en un momento como la adolescencia o la madurez en las que provocan rechazo social" por el aspecto de rechazo que presenta la piel.
Lo cierto, es que a pesar de los tratamientos la enfermedad se hace tan evidente en algunos casos que los pacientes se sienten rechazados socialmente. "Hay que diferenciar las atopías graves con otras de baja intensidad", indica.
Hay eccemas de fácil tratamiento mediante productos tópicos que "mejoran la atopía, pero las atopías severas te cambian la vida porque se hacen visibles y el picor llega a ser insoportable", añade De Lucas.
El especialista considera que la herencia es determinante en la aparición de esta enfermedad que altera la barrera cutánea e inmunológica. "Si una pareja padece la enfermedad su hijo tiene el 40 por ciento de posibilidades de padecerla. Si los dos padres la padecen existe entre un 80 y un 88 por ciento de probabilidades de heredarla", señala.
Los factores ambientales pueden ser desencadenantes, si estamos ante temperaturas extremas o expuestos al cloro y a la contaminación son elementos que inciden en la aparición de la enfermedad, además de una incorrecta higiene con jabones agresivos.
De Lucas advierte de que hay una causa directa que va asociada a sus beneficios: el relax. "El estrés lo empeora, libera sustancias inflamatorias que provocan que se potencie las dermatitis", indica.
Algunas terapias de aguas termales reducen el proceso inflamatorio de la enfermedad y favorecen la hidratación, según explica el médico.
Es el caso de la estación termal de Avène en Francia, donde han aislado una bacteria con propiedades "antiinflamatorias que calma y mejora el picor y el prurito no es incesante".
Según los estudios realizados por los médicos de la estación termal, basados en ocho temporadas de tratamiento y realizados sobre 10.000 pacientes, a las tres semanas la atopía se reduce un 42 por ciento y en el caso de la psoriasis, un 54 por ciento menos.
Para equilibrar la alteración de la barrera cutánea que se produce con los eccemas, la doctora Christelle Durieu, de los Laboratorios Ducray, indica que los dermocorticoides forman parte del tratamiento de referencia, junto a los emolientes como complemento.
Opción en la que también entran los principios activos de la Avena Rhealba, una avena blanca que reequilibra la piel y "reduce la sequedad cutánea" gracias a los flavonoides.

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