EDUCACIÓN Y FAMILIA
Educar entre dos: "¿Alcohol? Mi hijo, no"
Pilar Guembe y Carlos Goñi hablan del consumo de alcohol y drogas entre los adolescentes


Actualizado el 20/02/2018 a las 20:50
"No te digo que no tome alguna copa, como todos. Pero ¿emborracharse? El mío, no". En este tema, y en otros más, como el consumo de drogas, casi todos los padres están convencidos de que sus hijos son la excepción. Saben que los adolescentes, en general y en abstracto, beben mucho, como demuestran las estadísticas y la vida misma; sin embargo, quieren pensar, y lo piensan, que sus hijos no lo hacen. Es el clásico: "Otros, sí; el mío, no", que casi siempre acaba resultando una mentira autotranquilizadora y una manera de eludir responsabilidades y de no enfrentarse a la realidad.
A pesar de los muchos esfuerzos administrativos, legales, publicitarios, que están llevando a cabo las autoridades, nuestros hijos siguen consumiendo alcohol de manera preocupante. Parece, por tanto, que hay que hacer algo más, porque preocuparse no es suficiente para atajar el problema. Las estadísticas no pueden ser más elocuentes: el alcohol es la sustancia cuyo consumo está más extendido entre los estudiantes de 14-18 años de edad. La edad media de inicio al consumo se sitúa entre los 13 y los 14 años, incluso antes. Aunque se mantiene una tendencia estable en los últimos años, los consumos de tipo intensivo (borracheras o intoxicaciones etílicas y "binge drinking" o atracones) han aumentado. Casi 2 de cada 5 adolescentes declara haberse emborrachado alguna vez en los últimos 30 días, a lo que habría que añadir que las borracheras son ligeramente mayores en chicas que en chicos. (Ver campaña Consumo 0 del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad).
Cuando un problema no se afronta con decisión, no solamente no se soluciona, sino que acaba enquistándose. En el fondo, no afrontar un problema es negarlo. Se puede hablar mucho de él, lo podemos magnificar, nos podemos echar las manos a la cabeza y rasgarnos las vestiduras, como lo estamos haciendo, pero, si no tomamos el toro por los cuernos con decisión, acabamos mirando hacia otra parte (o refugiándonos en el burladero).
La última campaña del Ministerio de Sanidad acaba con este eslogan: "Tu hijo, seguro que no bebe ¿verdad?" (ver anuncio), es decir, interpelando a los padres para que no vuelvan a caer en la falacia de "el mío, no".
Sabemos que muchos de los adolescentes y jóvenes que salen por la noche beben y se emborrachan, y que corren otros muchos riesgos; sin embargo, inconsciente y, a veces, ingenuamente, creemos, porque necesitamos creer, que nuestro hijo o hija no beberá, no se emborrachará, no mantendrá relaciones sexuales, no se peleará, no tendrá un comportamiento incívico… Entonces, nos inventamos esta nueva falacia, un argumento falso que parece verdadero y que, además, nos deja tranquilos.
En verdad, la falacia de "el mío, no" nos tranquiliza, pero hace que, en el fondo, le damos la espalda al problema, con lo que acaba convirtiéndose en un auténtico problema. De modo que, la cuestión "el alcohol y los adolescentes" será un tema recurrente, continuarán publicándose estadísticas y realizándose campañas publicitarias hasta que los padres pongamos un poco de lógica en este asunto, comenzando por detectar este tipo de falacias. Porque la educación de los hijos necesita de muchos ingredientes: tiempo, dedicación, paciencia, cariño, exigencia…, pero ante todo es cuestión de lógica, entre otras cosas, para darnos cuenta de que "el mío, no" es un argumento que convence en cuanto engaña. No seamos ingenuos.