Consumo
El agua es la única bebida con puntuación A, según el nuevo etiquetado Nutri-Score
La revista Consumer analiza los últimos cambios del etiquetado Nutri- Score


Publicado el 15/02/2024 a las 11:27
La revista Consumer ha elaborado una información que analiza los últimos cambios del etiquetado Nutri- Score. Desde hace algunos años, franceses, españoles, luxemburgueses, suizos, belgas, neerlandeses y alemanes disponen de un etiquetado frontal de cinco colores y letras, conocido como Nutri-Score, cuyo fin es orientar las decisiones de compra del consumidor. La letra A, señala la mejor opción, y la letra E, advierte de que un producto tiene un mal perfil nutricional.
El algoritmo de Nutri-Score tiene un doble objetivo: por un lado, ayudar a los consumidores a comparar entre alimentos similares y discriminar los de peor perfil nutricional y, por otro, impulsar a la industria alimentaria a fabricar productos más saludables.
La doctora Pilar Galán, científica nutricionista y epidemióloga de la Universidad Sorbonne Paris-Nord e impulsora del sistema Nutri-Score, habla para la revista Consumer y aclara que “desde su creación, el funcionamiento de este semáforo nutricional siempre se planteó como una herramienta susceptible de ir modificándose, para aumentar su efectividad”. Un compromiso que cristalizó en 2021 con la creación de un comité científico exclusivo para someter a revisión la herramienta.
La modificación actual endurece las penalizaciones de alimentos que cuentan con ingredientes como la sal, las grasas saturadas, el azúcar o los edulcorantes de las bebidas. Contempla, además, un periodo de adaptación para que los nuevos criterios se apliquen en los países que disponen de este etiquetado nutricional.
LOS CAMBIOS EN NUTRI-SCORE
La estructura de Nutri-Score se mantiene: unos componentes suman puntos y otros penalizan. Pero cambian la cantidad de puntos que se asignan, los grupos de alimentos y los umbrales para otorgar esa puntuación.
En el caso de la fibra, ha sido una las actualizaciones más importantes para ayudar a los consumidores a distinguir los productos ricos en fibra, dadas las evidencias acumuladas sobre los beneficios para la salud respecto a sus equivalentes refinados.
El producto que la lleva tiene que cumplir unos requisitos: bajo o nulo valor energético y bajo contenido en grasas que, además, no deben ser saturadas; bajo contenido en azúcares, en sal y en sodio (también en su versión añadida), y con un contenido en fibra de 3 g/100 g. Esto supone que los panes de grano entero lleven una A, mientras que los refinados estarán entre la B y C, según su nivel de sal.
En cuanto a las bebidas, el algoritmo se actualiza con un doble objetivo, por un lado, distinguir las bebidas a base de leche y yogur con alto contenido en azúcar; y, por otro, advertir sobre la presencia de edulcorantes, dadas las últimas evidencias sobre los edulcorantes no nutritivos (NNS) y su impacto sobre la microbiota, la enfermedad cardiovascular y la mortalidad prematura.
La leche, las bebidas a base de leche y las de origen vegetal salen de la categoría de los alimentos sólidos. Se penaliza más el azúcar y el agua será la única bebida con una A. Las leches desnatadas y semidesnatadas obtienen una B y la entera, una C. Respecto a los zumos y néctares de frutas continúan en la C, pero las bebidas azucaradas con menos de 2 g/100g de azúcar mejorarán a una B. Los edulcorantes acalóricos utilizados para endulzar, como la sucralosa, la sacarina o la estevia, reciben una penalización de 4 puntos. Esto hace que las bebidas que tenían una B, como los refrescos “zero”, se puntúan con una C mientras que los refrescos que añaden edulcorantes y azúcar pasarán de D a E.
Los beneficios de las grasas saludables como el aceite de oliva, los frutos secos y algunos aceites vegetales para la salud cardiovascular están demostrados por la evidencia científica. Por este motivo, se cambia la fórmula matemática para favorecer el consumo de estos productos.
Estos productos adquieren mayor entidad y pertenecen a una categoría propia en la que se incluyen las grasas, los aceites, los frutos secos y las semillas. El aceite de oliva y los aceites con bajo contenido en ácidos grasos saturados (colza, nuez y girasol oleico) pasan a la B. El aceite de girasol se mantiene en la C, mientras que el aceite de coco y la mantequilla continúan en E. En los empaquetados de frutos secos y semillas oleaginosas, sin sal ni azúcares añadidos, la mayoría están calificados con A y B, mientras que las versiones saladas o azucaradas pasan a las letras C y D.
La sal, ahora el índice aumenta la penalización por este ingrediente. Si en la versión anterior a un alimento con 2 gramos de sal por 100 g se le restaban 10 puntos, en la versión actual la misma cantidad de sal supone 20 puntos menos. Porque según estimaciones de la OMS, los adultos toman una media de 10 gramos de sal al día, el doble de lo que se recomienda.
El azúcar, la OMS también aconseja reducir el consumo de azúcar al 5% de la ingesta diaria, lo que equivale a unos 25 gramos al día. Por ello, ahora resta más. En el caso de los alimentos sólidos, se establece una escala de penalizaciones que van desde 1 punto para productos con más de 3,4 g/100 g de azúcar, y hasta 15 puntos para aquellos a partir de 51 g/100 g.
Todas las proteínas suman 7 puntos, salvo las procedentes de las carnes rojas, que no podrán obtener más de 2 puntos. Así, los pescados y mariscos se clasifican en las categorías A y B, cuando no llevan ni sal ni aceite.
La Doctora Pilar Galán, miembro del equipo universitario que desarrolla Nutri-Score confirma para la revista Consumer: “Es una garantía para los consumidores que Nutri-Score se actualice con regularidad. Además, con la reciente actualización, que penaliza mucho más la presencia de azúcar y de sal, hace que sea aún más difícil compensar artificialmente la presencia de puntos negativos. El nuevo cálculo sigue impulsando a la industria a reformular sus productos, pero de manera más coherente”
El nuevo algoritmo tiene vigencia desde el mes de enero. Las empresas tienen un periodo de dos años para finalizar el stock de sus productos ya fabricados y etiquetados con el logo basado en el algoritmo anterior, pero no podrán hacer publicidad de productos con el antiguo algoritmo. Sin embargo, los consumidores no van a poder saber si la puntuación Nutri-Score que lleva un producto está basada en el algoritmo anterior o en el actual, por lo que es posible que las marcas que se vean desfavorecidas por estos nuevos cálculos traten de alargar el cambio lo más posible.