Salud

Una sesión semanal de entrenamiento con ejercicios isométricos puede mantener una presión arterial más baja

Se trata de una opción práctica para personas con tiempo limitado o dificultades para seguir el tratamiento

Una persona midiéndose la tensión con un tensiómetro digital
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Una persona midiéndose la tensión con un tensiómetro digitalFernando Avendano / Shutterstock
Una persona midiéndose la tensión con un tensiómetro digital

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Europa Press

Publicado el 03/10/2026 a las 11:31

La reducción de la presión arterial puede mantenerse a corto plazo con tan solo una o dos sesiones de entrenamiento con ejercicios isométricos a la semana, según un trabajo de la Universidad Canterbury Christ Church, Reino Unido.

Los resultados, publicados en 'BMJ Open Sport & Exercise Medicine', sugieren que realizar este tipo de ejercicio tres veces por semana puede mantener los beneficios en la reducción de la presión arterial durante un período más prolongado.

El entrenamiento isométrico consiste en mantener una postura durante unos minutos. Algunos ejemplos son permanecer en cuclillas, en plancha o realizar ejercicios de agarre con las manos.

Según los investigadores, para las personas que no pueden comprometerse a entrenar con mayor frecuencia, una sola sesión a la semana puede ayudar a mantener importantes beneficios para la salud.

Estudios publicados anteriormente han demostrado que el entrenamiento con ejercicios isométricos reduce la presión arterial más que otras formas de ejercicio y puede producir un efecto similar o superior al de algunos tratamientos farmacológicos. Sin embargo, hasta ahora no se había establecido con qué frecuencia debe realizarse el entrenamiento con ejercicios isométricos para mantener estos beneficios.

Para averiguarlo, los investigadores reclutaron a 100 adultos con una edad promedio de 37,4 años, con presión arterial sistólica normal o ligeramente elevada (120-140 mmHg) que no realizaban ejercicio estructurado con regularidad.

Según las directrices de los expertos, una presión arterial de entre 130 y 139 mmHg se clasifica como 'normal-alta' y debería dar lugar a recomendaciones médicas específicas sobre el estilo de vida, pero los participantes del estudio no padecían hipertensión.

Solo se incluyó en el estudio a los participantes que no presentaban lesiones ni enfermedades, que no tomaban ni habían tomado previamente medicamentos para la presión arterial, que no fumaban y que no consumían más de 14 unidades de alcohol por semana. De esta forma, los participantes fueron asignados aleatoriamente a cinco grupos: un grupo de control y cuatro grupos que siguieron el mismo programa inicial de ejercicios isométricos para la parte inferior del cuerpo, realizado en casa durante cuatro semanas.

Este programa consistía en cuatro series de sentadillas isométricas contra la pared, separadas por dos minutos de descanso sentado, tres veces por semana. Durante las siguientes cuatro semanas, los participantes se dividieron en cuatro grupos según su programa de entrenamiento: un grupo continuó haciendo ejercicio tres veces por semana, un segundo grupo dos veces por semana y un tercer grupo una vez por semana. El grupo restante dejó de hacer ejercicio por completo.

La presión arterial, la frecuencia cardíaca y otras mediciones cardíacas se tomaron al inicio del estudio y después de cuatro y ocho semanas.

En consonancia con investigaciones previas, todos los grupos que realizaron el programa inicial de ejercicio de cuatro semanas mostraron reducciones significativas en la presión arterial sistólica, la presión arterial diastólica y la presión arterial media después de cuatro semanas, en comparación con el grupo de control. Una vez separados los grupos a las cuatro semanas, ya no existía una diferencia estadísticamente significativa en la presión arterial diastólica en ninguno de ellos.

A las ocho semanas, los grupos que habían realizado los ejercicios una o dos veces por semana lograron mantener reducciones significativas en la presión arterial sistólica y la presión arterial media, pero no en la presión diastólica, en comparación con el grupo de control. En concreto, quienes entrenaron tres veces por semana pasaron de una presión sistólica media de 131,2 mmHg al inicio a 117,5 mmHg a las ocho semanas.

Sin embargo, quienes continuaron con el entrenamiento isométrico tres veces por semana mantuvieron la reducción de la presión arterial y lograron la mayor disminución (-13,73 mmHg) en la presión arterial sistólica en comparación con el inicio del estudio. Esto se compara con una reducción de 6,95 mmHg para quienes entrenaron dos veces por semana y de 6,56 mmHg para quienes entrenaron una vez por semana.

También mantuvieron mejoras en otros parámetros cardíacos, como la resistencia periférica total (un indicador de que los vasos sanguíneos se han estrechado) y la variabilidad de la frecuencia cardíaca.

El grupo que dejó de realizar los ejercicios isométricos tras el período inicial de cuatro semanas mostró una reversión de su presión arterial a niveles que no diferían significativamente de los del grupo de control. No obstante, los investigadores observaron que quienes redujeron la frecuencia a una o dos sesiones semanales comenzaron a mostrar un repunte de la presión arterial, aunque sin perder por completo los beneficios iniciales. Por tanto, estas frecuencias parecen ser suficientes para ralentizar la pérdida del efecto a corto plazo, pero no para mantenerlo en la misma magnitud que tres sesiones semanales.

Una limitación del estudio es que el período de seguimiento para la fase de mantenimiento fue de solo cuatro semanas y se necesitan estudios a más largo plazo.

"El estudio demuestra que, si bien el entrenamiento con ejercicios isométricos de baja frecuencia puede ser suficiente para mantener la reducción de la presión arterial a corto plazo, se requieren frecuencias más altas para preservar estos beneficios y las adaptaciones autonómicas vasculares y cardíacas asociadas", escriben los investigadores.

"El estudio aporta evidencia de que el entrenamiento con ejercicios isométricos de baja frecuencia puede ayudar a mantener reducciones de la presión arterial a corto plazo, lo que proporciona una opción práctica para personas con tiempo limitado o dificultades para seguir el tratamiento", finalizan.

Los autores advierten de que estos resultados no permiten establecer todavía qué frecuencia sería necesaria para mantener los beneficios durante meses o años. El estudio se realizó en adultos relativamente jóvenes, con presión arterial normal o ligeramente elevada, y la fase de mantenimiento solo duró cuatro semanas.

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