Sociedad

Tras un divorcio y una nueva familia: ¿cómo encaja la figura de los abuelos políticos?

El psicoterapeuta Javier Ortega analiza el rol de los abuelos políticos en familias reconstituidas, ofreciendo claves para construir vínculos afectivos y gestionar expectativas tras un divorcio

Las altas temperaturas aumentan el riesgo de deshidratación, especialmente en los grupos más vulnerables.
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Un abuelo da de beber agua a su nietaImagen creada mediante inteligencia artificial con fines ilustrativos
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Diario de Navarra

Publicado el 24/09/2026 a las 10:55

La figura de los abuelos políticos emerge con fuerza en las familias reconstituidas tras un divorcio, planteando un desafío afectivo. El psicoterapeuta Javier Ortega Allué subraya que "el proceso de adaptación puede ser más sencillo si los nietos son pequeños", facilitando la construcción de un vínculo natural sin lazos biológicos previos. 

Este nuevo rol exige a todos los miembros familiares rediseñar su mapa afectivo y gestionar las expectativas para fomentar la confianza y el respeto mutuo.

Desde la psicología, los abuelos políticos se definen como aquellos que asumen este rol a raíz de la reconstrucción familiar, generalmente tras un divorcio y una nueva unión. Este fenómeno, cada vez más habitual en nuestra sociedad, implica que las familias ensambladas deben ajustar sus dinámicas, extendiendo la "abuelidad" más allá de los lazos de sangre. La ausencia de lazos biológicos iniciales puede generar errores comunes al intentar forzar el vínculo, como la falta de respeto por los tiempos de adaptación o la interferencia de lealtades parentales.

La presencia de estos abuelos políticos puede ser una fuente de grandes satisfacciones, pero no está exenta de riesgos. Factores como la edad de los nietos son cruciales; la adaptación es más sencilla si son pequeños, ya que las lealtades de sus padres hacia sus familiares de origen no interfieren en la construcción de la relación. Por el contrario, los nietos adolescentes suelen mostrarse más reacios, a menudo por una malentendida lealtad hacia su familia biológica. Además, la distancia física puede dificultar el fortalecimiento de los lazos, pues las relaciones se consolidan con la presencia y el paso del tiempo, donde "el roce hace el cariño", tal y como explica el  psicoterapeuta en una entrevista en '¡Hola!'. 

Cuando un hijo inicia una nueva relación tras su divorcio, los padres suelen experimentar una situación ambivalente. Aunque la mayoría desea el bienestar de sus hijos, la experiencia previa de sufrimiento genera una "cierta reserva desconfiada" hacia la nueva pareja, especialmente si esta ya tiene hijos. No es fácil superar los prejuicios, y el estilo familiar de origen —ya sea aglutinado o desligado— influirá notablemente en las expectativas. 

En una familia aglutinada, donde "cuando uno de sus miembros estornuda, todos sacan el pañuelo", la desconfianza hacia "el de fuera" puede ser palpable, a pesar de frases como "no pierdo a una hija, gano un hijo", o sutiles descalificaciones del tipo "ten cuidado, no te fíes, él (o ella) viene con una mochila", apunta Javier Ortega Allué . Por el contrario, en un estilo más desligado, la aceptación podría ser más sencilla, aunque con un contacto cotidiano menor y, por ende, menos conflictos potenciales.

GESTIONAR EL RITMO DE ADAPTACIÓN SIN FORZAR AFECTOS

Es fundamental recordar que no existen fórmulas universales, sino situaciones particulares que dependen de múltiples factores internos y externos al sistema familiar, como la historia trigeneracional o la situación económica. 

El amor de los padres hacia sus hijos suele ser incondicional, pero el de los hijos hacia sus progenitores no lo es; "nuestros hijos nos aman cuando (y porque) se han sentido amados, cuidados y protegidos". La incondicionalidad fluye de arriba abajo. La construcción de este lazo amoroso requiere tiempo, paciencia y la reiteración de "actos amorosos". Es crucial entender que "no te amarán porque eres su abuelo, sino porque eres su abuelo cariñoso y cercano", y esto exige una demostración constante, pues el título por sí solo otorga poca o ninguna legitimidad.

Para Ortega Allué, en un escenario ideal, los progenitores deberían interferir lo mínimo posible, limitándose a crear las situaciones para el encuentro, sin forzar la naturaleza de las relaciones. Sin embargo, la realidad es más compleja, ya que nuestras propias experiencias, necesidades inconscientes y prejuicios interfieren en las interacciones.

Como bien dice la canción de Serrat, "a menudo los hijos se nos parecen", y les enseñamos a mirar el mundo de cierta manera. Si un progenitor proyecta desconfianza, sus hijos aprenderán a relacionarse desde esa misma perspectiva.

Tomar conciencia de este fenómeno es el primer paso para construir relaciones más libres y saludables, facilitando así el encuentro interpersonal entre abuelos y nietos.

CÓMO ACTUAR ANTE EL RECHAZO DE LOS NIETOS POLÍTICOS

Ante el rechazo o la distancia de los nietos políticos, a veces "se actúa mejor no actuando", refrenando la ansiedad y permitiendo que la situación evolucione con tiempo y paciencia. Si los nietos perciben la relación como una obligación, se rebelarán, indicando que necesitan espacio para definir el vínculo. Es vital que los abuelos políticos no les metan prisa. 

También puede ocurrir que el nieto se sienta atrapado entre "lealtades diversas", temiendo que querer a los nuevos abuelos signifique deslealtad hacia los biológicos. Esta fantasía, donde el amor se percibe como una cantidad limitada, similar a la idea de que "el amor es como el dinero", debe ser abordada, enseñándoles que el afecto puede crecer y compartirse sin restarse.

CONSEJOS PARA CONSTRUIR UNA RELACIÓN SANA Y CARIÑOSA

Como terapeuta, Javier Ortega busca que las personas activen sus propias herramientas, preguntándoles "qué hicieron bien cuando las cosas les funcionaron" o qué les gustaba de sus propios abuelos. Aconseja a los abuelos no intentar sustituir a los padres, sino aprovechar la oportunidad de ser la "cara cariñosa y menos normativa". Deben disfrutar de sus nietos, aportarles historias y alegría, ya que los niños adoran los relatos y saber cómo eran sus padres de pequeños. 

Además, en esta época de transición, les anima a aprender de sus nietos sobre redes sociales y ordenadores, con una tranquila curiosidad, fomentando así un intercambio generacional enriquecedor.

La integración natural de la figura del abuelo político se produce al pasar tiempo juntos en la vida cotidiana, desde la tranquilidad de quienes no tienen la responsabilidad de educar ni de sentirse educados. Es crucial no generar demasiadas exigencias para que los niños se acomoden a un rol, y trabajar para gestar un vínculo natural de confianza. Este vínculo nace del trato continuado y de la demostración de un genuino interés mutuo, permitiendo que la relación fluya sin presiones.

Las señales que indican que el vínculo se está construyendo de manera segura y saludable son claras: las ganas de verse, la alegría de estar juntos, la ausencia de obligación en la relación para calmar la ansiedad de los mayores, la naturalidad y espontaneidad en el trato, y una escucha atenta. Estos indicadores demuestran que las relaciones y los vínculos afectivos se están desarrollando positivamente y de forma orgánica.

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