¿Podrían ayudar las estatinas a mantener a raya el alzhéimer?

Un nuevo estudio examina los efectos de tomar fármacos para reducir los niveles de colesterol en los pacientes de alzhéimer, pero los resultados no son concluyentes

Las estatinas constituyen uno de los tratamientos más prescritos en todo el mundo para reducir el colesterol-LDL
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Las estatinas constituyen uno de los tratamientos más prescritos en todo el mundo para reducir el colesterol-LDLpimpampix / Shutterstock
Las estatinas constituyen uno de los tratamientos más prescritos en todo el mundo para reducir el colesterol-LDL

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The Conversation

Publicado el 08/07/2026 a las 09:04

Aunque la causa de la enfermedad de Alzheimer aún se ignora, existen varios factores de riesgo conocidos. Uno de ellos es tener niveles elevados de colesterol LDL (el llamado “colesterol malo”) durante la mediana edad, un factor modificable que se ha asociado a mayores posibilidades de desarrollar una demencia.

Las estatinas constituyen uno de los tratamientos más prescritos en todo el mundo para reducir el colesterol-LDL, y lo consiguen bloqueando la enzima responsable de su síntesis en el hígado (HMG-CoA reductasa). Numerosos ensayos clínicos han evidenciado que estos fármacos reducen de forma significativa el riesgo de infarto de miocardio, ictus y muerte de origen cardiovascular, tanto en personas con enfermedad cardiovascular previa como en aquellas con un riesgo elevado de desarrollarla.

Sin embargo, cuando trasladamos la cuestión al cerebro, la respuesta deja de ser tan sencilla. El metabolismo del colesterol cerebral es muy diferente al del resto del organismo, lo que ha generado un intenso debate sobre si este medicamento puede influir, de forma beneficiosa o perjudicial, en dolencias neurodegenerativas como el alzhéimer.

EL IMPRESCINDIBLE PAPEL DEL COLESTEROL EN EL CEREBRO

El cerebro representa solo el 2 % del peso de nuestro cuerpo, pero contiene la cuarta parte del colesterol total del organismo. La mayor parte se sintetiza localmente en el propio sistema nervioso y está protegido por la llamada barrera hematoencefálica. Ese lípido es esencial para la formación y mantenimiento de las membranas neuronales, la sinapsis (el punto de conexión que permite que las neuronas se comuniquen entre sí), la mielinización de los axones (la capa protectora que protege la prolongación de las neuronas) y, en general, para el desarrollo y funcionamiento normal del sistema nervioso. Sin el colesterol, el cerebro no podría funcionar correctamente.

Por eso, la relación entre colesterol sanguíneo, salud cerebral y deterioro cognitivo es mucho más compleja de lo que solemos pensar. Como apuntábamos más arriba, diversos estudios indican que niveles elevados durante la mediana edad están asociados con mayores posibilidades de padecer demencia décadas después. De hecho, la Comisión Lancet sobre prevención de la demencia incorporó recientemente el colesterol LDL elevado como uno de los 14 factores de riesgo modificables sobre los que merece la pena actuar. Según esta comisión de expertos, el 45 % de los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse si se controlaran esos condicionantes.

Y aquí entrarían en escena las estatinas. Porque además de reducir el colesterol, poseen efectos antiinflamatorios y antioxidantes que podrían tener interés en enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, los resultados de las investigaciones realizadas hasta la fecha han sido contradictorios.

Teniendo todo esto en cuenta, nuestro equipo de investigación se preguntó: ¿qué ocurriría si inhibimos la síntesis de colesterol en el cerebro?

LO QUE OBSERVAMOS EN MILES DE PACIENTES

Con el objetivo de explorar la cuestión analizamos datos de más de 47 000 pacientes mayores con factores de riesgo cardiovascular. Nuestros resultados sugieren que las estatinas hidrofílicas (aquellas que por su naturaleza no pueden atravesar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro) podrían asociarse con una menor utilización de medicamentos para el alzhéimer que las estatinas lipofílicas (que sí atraviesan dicha barrera), lo cual sugiere que las primeras podrían tener un efecto protector.

Asimismo, observamos diferencias entre los diferentes principios activos concretos: la rosuvastatina (estatina hidrofílicas de potencia alta) y pitavastatina (estatina lipofílica de potencia baja) mostraron asociaciones más favorables en comparación con atorvastatina (estatina lipofílica de alta potencia).

¿QUÉ SIGNIFICAN ESTOS RESULTADOS?

Es importante subrayar que nuestros hallazgos no demuestran que una estatina prevenga el alzhéimer ni que otra lo favorezca. Los estudios observacionales permiten detectar asociaciones, pero no establecer relaciones de causa y efecto. Además, las personas que reciben distintos tratamientos pueden diferir en edad, factores de riesgo cardiovascular, comorbilidades o gravedad de la enfermedad.

Por ello, estos resultados deben interpretarse como una nueva hipótesis de investigación. Aunque mantener el colesterol LDL dentro de los niveles recomendados sigue siendo fundamental, nuestro trabajo sugiere que las características farmacológicas de las estatinas, especialmente su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica, podrían influir en la salud cerebral.

El objetivo no es solo proteger el corazón, sino hacerlo sin comprometer los mecanismos que permiten mantener un cerebro sano durante el envejecimiento.

Lucrecia Moreno Royo, Catedrática de Universidad, Universidad CEU Cardenal Herrera

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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