Psicología
Sandra Ferrer, psicóloga, sobre el ghosting: "Cuando alguien desaparece, es un acto de violencia y hay que verbalizarlo"
Ferrer identifica un patrón común en quienes recurren a esta práctica


Publicado el 25/03/2026 a las 08:20
Desaparecer sin dar explicaciones se ha convertido en una forma cada vez más habitual, y desconcertante, de poner fin a una relación. Puede suceder tras unas pocas citas o después de semanas de contacto constante, planes compartidos y una cercanía que parecía consolidarse. Aunque el término ghosting ya está plenamente integrado en el lenguaje cotidiano, la vivencia sigue siendo difícil de asimilar: no se trata solo de un final, sino de un vacío que deja a quien lo sufre sin respuestas.
La psicóloga Sandra Ferrer propone analizar este fenómeno desde una mirada más profunda y menos trivial. Para ella, no es simplemente una forma torpe de evitar una conversación incómoda. Va más allá: “el ghosting es violencia”, afirma, subrayando la importancia de nombrarlo así para no restarle gravedad. Según explica, cuando alguien desaparece no está esquivando el conflicto, sino trasladando toda la incertidumbre a la otra persona, que queda sola intentando entender qué ha ocurrido.
Ferrer identifica un patrón común en quienes recurren a esta práctica. En primer lugar, señala la dificultad para sostener conversaciones emocionalmente intensas. Hablar de lo superficial resulta sencillo, pero enfrentarse a dudas, miedos o cambios en los sentimientos exige madurez y herramientas que no todo el mundo tiene. En ese punto, cuando la relación se vuelve más compleja, algunas personas optan por desaparecer en lugar de expresar lo que sienten.
Frente a esa huida, la psicóloga plantea cómo sería una alternativa honesta, aunque incómoda: reconocer las dudas, explicar el vértigo y dar valor a lo compartido. Un mensaje claro no elimina el dolor, pero sí evita la confusión y permite cerrar la historia con cierto sentido. El ghosting, en cambio, esquiva esa responsabilidad y deja una herida más difícil de procesar.
El segundo rasgo que destaca es la falta de responsabilidad emocional. No se trata solo de no saber despedirse, sino de no asumir las consecuencias de los propios actos. Muchas veces, quien desaparece ha generado expectativas, ha expresado afecto o ha construido una narrativa compartida que luego rompe sin explicación. Esa incoherencia es lo que descoloca profundamente: lo dicho y lo vivido no encuentran un cierre.
En este sentido, Ferrer lo resume con claridad: emitir mensajes afectivos sin hacerse cargo de su impacto genera un desequilibrio que la otra persona tiene que reconstruir por sí sola. Y ese proceso, lleno de preguntas sin respuesta, es lo que convierte el ghosting en una experiencia tan perturbadora.
Más allá de considerarlo una simple cuestión de modales, la psicología apunta a algo más estructural: la dificultad de muchas personas para tolerar el conflicto y el malestar que implica cerrar una etapa. Evitarlo no lo elimina, solo lo desplaza. Y ese desplazamiento recae en quien se queda.