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Juan del Val Premio Primavera de Novela 2019 con 'Candela'

“La gente juega demasiado a ser todo el rato coherente”

Juan del Val en Pamplona

Juan del Val en Pamplona

Actualizada 10/05/2019 a las 18:40
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Dice tener tendencia a estar con mujeres, de siempre, y que siente fascinación por ellas. Que le gusta observarlas, hasta en el más pequeño de los detalles, y que de hecho es un observador compulsivo, casi enfermizo. Que también le gusta preguntar y estar pendiente de lo que siente quien tiene al lado y que tal vez por eso no le ha costado escribir una novela con la voz de una mujer, en primera persona y en presente. “He sido una mujer escribiendo Candela”, indica. Una voz y un libro que en febrero le valieron el Premio Primavera de Novela. Juan del Val, madrileño de 48 años, protagonizó el pasado 9 de mayo el Club de Lectura de Diario de Navarra con Candela, una mujer de cuarenta y pocos años con un ácido sentido del humor. Con una vida normal, trabaja de camarera en el bar que regenta con su madre y su abuela, un bar de barrio por el que transcurre la vida ante un trío de mujeres “tremendamente fuertes, incluso demasiado, permitiéndose poco la debilidad”. Guionista en El Hormiguero y colaborador radiofónico, Del Val publicó en 2017 su primera novela, Parece mentira, y antes firmó Para Ana, de tu muerto y Lo inevitable del amor con su mujer, la presentadora de radio y televisión Nuria Roca, con la que tiene tres hijos.

Su editorial dice de usted que es un escritor muy arriesgado. ¿En qué ha arriesgado en Candela?

La primera novela que hice en solitario, Parece mentira, es muy comprometida y me mostraba muchísimo, era casi autobiográfica. Por ahí puede venir lo de llamarme arriesgado. El riesgo de Candela sea probablemente haberla escrito con la voz de una mujer, en primera persona y en presente. Entrañaba cierto riesgo que cuando lo leyera una mujer pensara que lo había escrito una mujer. Y preferí hacerlo en primera persona porque creo que era la única manera que yo tenía de contar de verdad a Candela como yo quería contarla.

He leído que siente fascinación por las mujeres, ¿por qué?

No hay un por qué. La fascinación por las mujeres es muy grande desde niño. Y cuando hablo de fascinación quiero decir que me atrapan las formas, mi madre la primera. Siempre tengo esa tendencia a estar con mujeres y observarlas, en cosas grandes y en detalles. Cómo, por ejemplo, se busca un pintalabios en el bolso. Soy un observador compulsivo, enfermizo, podría decir. Y me gusta mucho preguntar y estar pendiente de lo que siente la persona que tengo al lado, y si esa persona es mujer, me interesa saberlo. Sobre Candela, si te soy sincero, no me ha costado: he sido Candela escribiendo, he sido una mujer escribiendo Candela.

Apunté temas que surgen en la novela: sexo, inmigración, homosexualidad, familia, amistad, abusos, maltrato, cambios personales, muerte, relaciones tóxicas en parejas jóvenes, actitudes machistas... ¿me dejo algo?

Candela es una novela muy pegada a la realidad, tremendamente actual, aunque con temas muy universales. Candela habla de la vida, y en la vida pasan todas esas cosas. Es en general una novela de buenos, pero en la que también hay malos, una novela muy optimista que trata temas durísimos. No es nada complaciente. Me gusta escribir de sentimientos reales. Y Candela tiene todos esos temas que has dicho, con una protagonista que no es demasiado envidiable, con una madre a la que todavía le ha ido peor... Y lo cuento con sentido del humor, que considero la clave en la novela y en la vida.

Candela se ríe de ella pero sin ser cruel consigo misma.

Voy a decir una cosa demasiado simple: en el mundo hay buenas personas y malas personas, y Candela pertenece al grupo de las buenas personas, por lo tanto no puede tener crueldad, no forma parte de su universo. Ella cuenta en un momento determinado que no ha sabido odiar. Y es que hay personas que no sabemos odiar, que no nos sale. Odiar es otra capacidad que hay que tener, y Candela no la tiene.

Es una mujer cualquiera que reside en un barrio cualquiera con una vida como la de cualquiera pero que evoluciona sin cambiar el entorno donde está, cuando a veces parece que para grandes transformaciones debemos distanciarnos muchos kilómetros.

Esto es exactamente lo que quería contar. Me interesaba la evolución de un personaje sin moverse de un mismo sitio porque no creo en los grandes cambios. Por ejemplo, para que tu vida sea mejor, no puedes estar esperando al hombre de tus sueños porque no existe, ni a que te toque la lotería porque no toca casi nunca, ni al trabajo de tus sueños, donde te vas a sentir absolutamente realizada, porque tampoco existe, aunque nos digan que sí. No creo en el 'si quieres, puedes', ya que por mucho que quiera, puedo o no puedo. Y me revienta la frase de que, si no eres feliz, es porque algo estás haciendo mal. Sí creo en que el cambio tiene que estar dentro de uno y que muchas veces vale con un cambio de mirada sobre lo que te rodea, dándote un montón de claves sobre quién te quiere, cómo eres... Y eso es lo que le ocurre a Candela: tremendamente generosa, un día se da cuenta de cosas muy valiosas, como que la gente le quiere y que ella tiene una gran capacidad para querer.

Ya lo dice el escritor de un libro que lee un personaje de Candela: “Parece que la vida empieza solo el día que nacemos, pero no es verdad. De vez en cuando todo empieza de nuevo”.

Esa es una frase de Parece mentira, mi anterior novela. Y es una de las cosas en las que más creo. Es más, te digo que ese iba a ser el título, De vez en cuando todo empieza de nuevo: es mi manera de entender la vida.

El elenco de personajes secundarios es sobre todo masculino, y precisamente son algunos hombres los malos de la novela. No hay maldad en ellas.

En Candela hay hombres inseguros, vulnerables, entrañables, mediocres, imbéciles... y el personaje virus, dañino: personas que lo contaminan todo, que a veces te lleva a reflexionar si algunas merece que mueran.

¿Y...?

Algunas personas merecen morir: dejan muchísimo descanso.

¿Le caen mejor las mujeres que los hombres?

Me caen mejor las mujeres, me llevo mejor con las mujeres y me gustan mucho más los personajes femeninos. ¡Y las mujeres me parecen muchísimo más divertidas! Pero a ver, que también hay hombres maravillosos y mujeres que... uf.

En Candela nadie critica a nadie por lo que piensa o no, dice o no, siente o no, cuando vivimos en una sociedad en la que no dejamos de opinar de todo.

Es que no soy nada dogmático. No juzgo, no me gusta hacerlo, excepto lo que está mal.

Como los abusos sexuales.

Tengo una amiga que un día comiendo me contó que cuando era muy pequeña abusaron de ella. Su sentimiento me pareció tremendo, y empecé a investigar, y todas las mujeres con las que me encontré tenían un sentimiento muy similar entre la culpa y el silencio, ya que todas habían sido abusadas por gente de su entorno muy próximo. Aquello me mataba, y quise contarlo desde el lado en el que hay un recuerdo que atormenta. De las mujeres con las que he hablado, a algunas les ha marcado para siempre y a otras no, saliendo para adelante y viviendo con cierta normalidad después su sexualidad. Pero vuelvo a lo que hablábamos: no juzgo, que bastante tiene cada uno con lo suyo como para decir cómo son los demás.

Ya, pero parece que siempre debemos posicionarnos.

Estoy cansado de eso porque me ha ocurrido con tantas cosas a lo largo de mi vida... Casi siempre digo lo que pienso, y lo que digo no es lo conveniente. La gente tiende a meterte en sacos todo el rato, y me fastidia. Soy taurino, así que por eso soy de derechas. Soy ateo, y entonces soy de izquierdas. Soy republicano, menudo rojo. Soy respetuoso con las instituciones, qué facha. ¡Y es que todas esas cosas soy yo! Y me parece todo tan menor... Escucho ahora a algunos feministas de pose darme lecciones sobre qué es el feminismo. ¡Y yo llevo toda la vida siendo feminista! Soy el marido de Nuria Roca. Mi nombre no es mi nombre, es 'el marido de Nuria Roca'. Yo ya me quedé en mi casa con mis niños hace 17 años, cuando nació el mayor.

Dice lo que piensa, que es taurino, de izquierdas, feminista... También hace un tiempo su mujer y usted dijeron que tenían una relación abierta. ¿Luego se arrepiente de hablar?

No. Nos estamos acostumbrando a escritores demasiado educados, y a mí me da mucha pereza. Un escritor, un artista, tiene que tener algo de provocador y mensajes contradictorios. Y la gente juega demasiado a ser todo el rato coherente, y eso es un coñazo: hay que jugársela. Por eso nunca jamás me puedo arrepentir de lo que digo porque es lo que pienso. Soy taurino porque lo he mamado y es una forma de mi manera de sentir y de pensar. Puedo entender todas las posiciones, pero no puedo esconderme de que soy taurino. El tema de la pareja: ¿la infidelidad la hemos inventado Nuria y yo? Venga ya... Hablas sobre la infidelidad y de que tal vez podrían replantearse verdades absolutas y parece que has armado la revolución en el año 2019.

¿Qué ha aprendido a nivel personal tras escribir Candela?

No sé si he aprendido algo. Me ha reafirmado los valores que yo tenía. Sé que soy mejor persona de lo que era cuando empecé a escribir esta novela.

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