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reyes calderón economista, profesora universitaria y escritora

“Mi protagonista, Lola MacHor, es mucho más divertida y más valiente que yo”

Reyes Calderón, en el club de lectura de Diario de Navarra

Reyes Calderón, en el club de lectura de Diario de Navarra

Actualizada 04/12/2018 a las 17:47
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  • Eva Fernández
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Acaba de publicar Clave Matisse, su séptima novela sobre el popular personaje. Dice que no sabe por qué le sucede, pero que cuando se pone delante del papel, le sale su chispa. Tanto, que ahora pinta con su nombre. La presentó el pasado 28 de noviembre en el Club de Lectura de Diario de Navarra

Con 57 años recién cumplidos, Reyes Calderón Cuadrado (Valladolid, 14/11/1961) lleva a sus espaldas uno de esos currículos extraordinarios. Profesora universitaria desde hace más de tres décadas, autora de una docena de novelas y madre de nueve hijos (entre los 32 y los 14 años), acaba de sacar a la luz su séptima novela sobre su personaje más popular, la juez Lola MacHor. Experta en Gobierno Corporativo, además de su licenciatura en Economía y Administración de Empresas (1984), Calderón cursó dos doctorados (en Economía, 1991, y en Filosofía, 1997), fue decana de la Facultad de Económicas de la Universidad de Navarra (de 2008 a 2014) y, entre otras ocupaciones, asesoró al Banco Popular y en la actualidad es consejera independiente de la constructora OHL. Desde hace un año reside en Madrid, por necesidades familiares, y el pasado 28 de noviembre visitó por sexta vez el Club de Lectura de Diario de Navarra (19.30h) para hablar de Clave Matisse.

¿Qué tiene Lola MacHor que le atrae tanto?

Me sucede lo mismo que a los lectores. Lola es un personaje tan fresco, tan cercano y tan divertido, que le coges cariño. Además, todas las mujeres encarnamos muchas personas diferentes dentro de nosotras mismas y cambiamos rápidamente de rol a lo largo del día. Es como si habláramos muchos idiomas y pasáramos muy rápido de uno a otro. Es algo cansado, pero a la vez mucho más rico. Así que, de algún modo, todas nos identificamos con ella.

¿En qué se diferencia Lola MacHor de Reyes Calderón?

Además de ser mucho más divertida (yo estropeo todos los chistes), Lola es también mucho más valiente que yo. Dicen que los hombres somos los únicos seres vivos que podemos vivir en el pasado, en el presente y en el futuro. Hay gente que se queda atrapada en el pasado, con sus fobias, sus miedos y eso le paraliza. Hay otras personas que miran tanto al futuro, que pierden sus raíces... Pero Lola conjuga bien ambos mundos. No olvida su pasado, pero a la vez no duda en enfrentarse a nuevos retos, no se le pone nada por delante. Cuando amanece gris, ella aporta su luz para afrontar el nuevo día.

¿Cómo ha cambiado su personaje desde su aparición en Las lágrimas de Hemingway, de 2005?

Ha pasado de ser una joven juez de instrucción en Pamplona a otra del Tribunal Supremo con mucha experiencia. Aunque está más cerca de los 60 que de los 50, esa expertise no le ha hecho envejecer, sino todo lo contrario. Han pasado veinte años, pero sigue siendo una mujer joven, con ganas de aprovechar la vida, sobre todo, una vez que se ha dado cuenta de lo rápido que pasa.

¿Es Lola de algún modo su 'alter ego', su 'otro yo'?

Tengo que hacérmelo mirar, porque hay cosas que solo se me ocurren cuando me pongo delante del papel. No sé de dónde me sale esa chispa. ¡Hasta yo misma me sorprendo! Pero también es verdad que somos más capaces de lo que creemos ser. Nos pasa como con los niños, que pensamos que no van a poder hacer o comprender cosas que luego sí pueden.

También Lola firma sus cuadros...

Así es. Empecé a pintar con Dispara a la luna (2016) y lo hago bajo el pseudónimo de Lola MacHor.

¿Cómo surgió esa necesidad?

El arte se desarrolla en muchas facetas y pintar es una más. Me ayuda a soltar lo que llevo dentro y para mí es como una gimnasia mental. A diferencia de la escritura, la pintura es un arte rápido, que no puedes rectificar. Quieres expresar algo, pero la brocha va un poco más allá. Ese brochazo te lleva a otro, y a otro más...

Como una liberación...

Sí, todos necesitamos, pero las mujeres aún más, encauzar la creatividad que no hemos podido expresar. Ahora se habla mucho de maltrato, pero hay otra cosa que hemos sufrido mucho (los hombres también, pero menos) y es que se nos ha encorsetado en un papel. Sólo podíamos ser A o B, pero las mujeres encarnamos muchas más versiones de nosotras mismas, tenemos un pensamiento en 360 grados. Se ve en las que pierden su trabajo, que enseguida montan su propia empresa a partir de algún hobby o una actividad que no habían desarrollado hasta la fecha. En mi caso, los hobbies ha sido la pintura y la escritura.

¿Cómo son los cuadros de Lola MacHor?

Lola pinta colores, nunca formas, que le recuerdan a las personas. Colores que para ella son luz y esperanza. Un rojo vivo, que no se convierte en oscuro con el tiempo, como la sangre. También amarillo, que siempre ilumina el espacio con una luz, fresca y joven. Y pinta en grande como su ánimo, en cuadros de dos por uno... Como dice Lola, “los colores son verdad y la verdad es contagiosa”.

¿Por qué eligió a Matisse como protagonista de su libro?

Para mí es un personaje fascinante, lleno de contrastes. Un hombre muy creativo, pero a la vez muy atormentado. Esos contrastes se ven también en las mujeres de sus cuadros.

¿Existe el cuadro de la odalisca que aparece en la novela?

Hay dos cuadros de Matisse que están desaparecidos. No se sabe si están destruidos o en casa de algún particular. El cuadro de la novela es una fusión de esos dos.

¿Ha tenido que documentarse para escribir la obra?

Sí. He tenido la suerte de contar con la ayuda de la UCO especializada en Patrimonio Histórico de la Guardia Civil. Se encarga de recuperar las obras de arte sustraídas en territorio nacional. Hacen un trabajo lento y minucioso, pero muy interesante, porque están muy en contacto con los cuerpos de seguridad de otros países europeos y americanos.

¿Alguna otra colaboración?

También viajé a Estocolmo, en 2010, coincidiendo con la entrega del Nobel de Literatura a Vargas Llosa, y allí me explicaron el trasfondo de los premios. Además me asesoré sobre el expolio judío, y sobre el comercio internacional del arte, para entenderlo mejor.

Las lectoras dicen identificarse con el personaje de Lola, pero ¿qué les gusta a sus lectores?

A los hombres les gustan las tramas no lineales, que la historia fluya fácilmente y que haya temas que susciten su interés. Me dicen que con mis libros les pica la curiosidad y que luego van a internet y aprenden mucho. De todas marneras, todos tenemos, en mayor o en menor porcentaje, una parte masculina y otra femenina.

¿Qué une a Lola y a su marido, Jaime?

Les une el cariño y el hecho de que los opuestos se atraen. Jaime es un científico, tiene un pensamiento lineal, acostumbrado a la rutina y no muy dado a la sensiblería. Y Lola le desborda. Componen esa pareja tipo, mezcla de hombres muy brillantes con mujeres que llegan a eclipsarlos, por la aureola de ellas.Y eso está pasando mucho en la actualidad. Por eso suele decirse que “al lado de una mujer brillante, hay un hombre muy sorprendido”. Ha habido una generación en la que esa sorpresa se vivía con desconfianza, en el mundo empresarial y en otros ámbitos.

¿Y se quieren?

Sí, por supuesto, pero no es el mismo cariño el de treinta años que el de recién conocidos. El amor cambia de olor, de textura... Y si no lo alimentas, pierde el brillo que tenía... Sucede como con las plantas, que hay que regarlas un poquito todos los días.

Por primera vez en la saga, da voz a Jaime, y el relato se escribe a dos voces: la de Lola y la de él. ¿Por qué quiso usar este recurso?

Uno de los grandes problemas de la actualidad es que no tenemos tiempo para escuchar. Si no te escuchas, hay que seguir otros cauces paralelos. Te obliga a ello la quiebra de confianza entre los personajes. Además, pensar en clave masculina, te da otra visión. La vida es mucho más plural.

Así que la escritura le ha dado otros puntos de vista...

Sí, de hecho, me siento cada vez más incapaz de juzgar. Hay que meterse en la piel de los demás para comprenderlos. La única manera de no juzgar, es quererlos por encima de todo. Eso nos hace diferentes personas, en este mundo tan crispado donde no se escucha nada y se juzga sin fin. Eso no significa que no mantengamos nuestros principios y una idea clara de lo que está bien o mal.

Y como ha dicho antes, escribir también le ha dado otras personalidades...

Sí [ríe]. Mi madre, que es una mujer hipereducada me dice: 'Pero hija, ¿es que tú no podrías escribir poesía? Yo que te llevé a un colegio de monjas...' No sé de dónde me salen esas palabrotas... Es cierto que trabajo muchísimo y que soy muy concienzuda buscando el dato. Pero luego, con las plumas y los cuadernos, no sé cómo sucede. Me sorprende a mí misma que todo llegue a buen puerto.

¿Es la intriga uno de los elementos fundamentales de su novela?

No, para mí la intriga es lo que me permite hablar de nosotros mismos. El muerto es la excusa, a mí me gusta hablar de los vivos. Por eso no me regodeo con la sangre. Con la escritura me pasa como con la pintura... En este mundo tan deshumanizado, creo que buscamos el arte para humanizarnos.

¿Tiene claro de qué quiere hablar antes de ponerse a escribir?

Sí, clarísimo. En la medida en que mis libros tienen un punto de reivindicación, tengo que planearlos. Me digo a mí misma de qué quiero hablar: de los celos, la confianza, lo que sea. Y para ello uso un contexto concreto, por ejemplo, el del tráfico de arte.

¿Y qué quiere reivindicar?

Hay un punto feminista muy sutil. Si el personaje es una mujer, me centro en quién es ella. Si es un hombre, en quién tiene al lado. También me gusta reivindicar la esperanza y dar siempre un punto esperanzador a la historia.

Le gustan los finales felices...

Sí, me gusta que las historias acaben bien, aunque todo lo que has vivido siempre deja una huella.

¿De dónde le viene el gusanillo de la escritura?

Desde siempre. Tengo decenas de manuscritos en un baúl, muchos relatos y varias novelas sin publicar. Hice mis pinitos en la novela histórica, pero me di cuenta de que era muy costosa y exigía mucho tiempo, así que acabé decantándome por la novela actual.

¿Cómo saca tiempo para hacerlo?

Dentro de mi caos, tengo un orden particular. Sé las cosas que tengo que hacer a lo largo del día y las hago, siendo primero las personas y después las cosas. Mis novelas van conmigo, por eso siempre llevo encima un cuaderno y un montón de bolis. Escribo todas las noches, unas más y otras menos, pero a mano. Del cuaderno dicto a la grabadora y de la grabadora, al ordenador. No puedo hacerlo directamente en el ordenador, porque no lograría captar el momento.

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