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Quién fue San Fermín

  • DN.es. Pamplona
Actualizada 04/05/2012 a las 13:07
En su honor nos pegamos siete días de fiesta, gritamos su nombre a todas horas y se convierte en el protagonista de todos los brindis. Y es que San Fermín es un intocable dentro de la sociedad navarra, y no faltan razones para ello. Pero aquí convendría hacerse una pregunta: ¿sabemos realmente quién fue San Fermín?

Habrá que remontarse a la época romana, cuando Pamplona aún era conocida como Pompaelo. Allá por el siglo III, su padre, el senador Firmo, gobernaba Pamplona. San Honesto llegó predicando a la ciudad y los padres de Fermín, que eran paganos, acogieron la fe, aunque no fue hasta haber oído a San Saturnino de Tolosa cuando se convirtieron definitivamente. Se dice que el santo bautizó a Fermín en el lugar conocido como el pocico de San Cernin.

A partir de entonces, Fermín empezó a hacer carrera en la religión. Guiado por Honesto, fue aprendiendo sobre la religión y el arte de predicar, hasta que con 18 años fue llevado a Tolosa, donde fue ordenado sacerdote. Como debe ser teniendo en cuenta que era navarro, Fermín era un crack, y tras pasar seis años predicando y divulgando su mensaje por Navarra y sobre todo en Francia, se convirtió en obispo con tan sólo 24 años. Pero tarde o temprano, su oposición oficial al cristianismo le empezó a causar problemas, y fue encarcelado. Allí, con 31 años, Fermín se negó a dejar de predicar y tras esto, fue decapitado.

Como con todo Santo, enseguida empezaron a repartírselo a modo de reliquias. Aunque la mayor parte de ellas quedaron en Amiens (región en la que Fermín se asentó y llevó a cabo la mayor parte de su vida religiosa), poco a poco las reliquias fueron llegando a su tierra natal. Con el tiempo, los navarros empezaron a ver en Fermín al Santo que ahora todos reconocemos y honramos.

Habrá quien diga la semana de locura en la que se convierten los Sanfermines no tengan nada que ver con la religión. En parte no, pero también conviene recordar que nuestras fiestas no son sólo toros, kalimotxos y parrandas a mogollón, también tenemos la procesión y otras formas de rendir tributo a este santo. Como curiosidad, se dice que el pañuelico de San Fermín es rojo para simbolizar la sangre del Santo. Ahora, cada vez que nos lo anudemos al cuello, o cada vez que brindemos con champán en el chupinazo, o cada vez que oigamos a los mozos cantar al Santo antes de un encierro, podremos entender un poco mejor cuál es la figura de Fermín y por qué merece estos 7 días de fiesta en su honor.



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