Encierro 

Nueva norma del encierro: el coso debe estar despejado 

La coordinación policial, unida a la labor de los dobladores, dejó el albero expedito antes de la llegada de los toros

En la imagen, agentes municipales instan a un grupo de mozos a abandonar el coso taurino y saltar la barrera.
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En la imagen, agentes municipales instan a un grupo de mozos a abandonar el coso taurino y saltar la barrera.Eduardo Buxens
En la imagen, agentes municipales instan a un grupo de mozos a abandonar el coso taurino y saltar la barrera.

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 07/07/2026 a las 15:00

Una de las novedades de la normativa que vela por el desarrollo del encierro. En un propósito de refuerzo de seguridad y bajo amenaza de la sanción en caso de incumplimiento, el coso taurino quedó despejado del incordio y el peligro de mozos que franquean antes de tiempo el umbral del callejón y ponen sus pies en la arena.

 La medida, introducida junto con el retraso de un cuarto de hora a la entrada del recorrido desde la Plaza Consistorial, buscó el modo de reducir el riesgo de poblar los laterales del albero para quienes entran como conductores de la manada. 

Dentro de la dificultad que supone controlar al nutrido grupo de corredores, coincidieron varios factores a favor en el cumplimiento de la restricción. 

Cuando restaban diez minutos a la salida de la manada desde Santo Domingo, un primer cordón de Policía Foral deshizo el intento de acceso a una docena de mozos, que condujo hacia el callejón de la plaza. Fue la primera acción en medio de una primera expresión de desaprobación del respetable, reforzada con sonido de viento, con ese primer grupo de díscolos y descarados. 

Con el avance de las manecillas del reloj, próximo ya el arranque de la carrera, un segundo flujo de imitadores de su actitud reprobable e inapropiada pisó el coso. La pitada fue, como la misma plaza, monumental. 

En ese instante, con el primer canto de Santo Domingo, a cinco minutos de la salida de los toros, hubo movimiento de agentes municipales por el anillo que circunda el albero. El improvisado dispositivo contribuyó a liberar la franja del círculo donde los jóvenes se habían detenido. 

Sergio Sánchez, uno de los dobladores con dilatada experiencia en la función de conducir a los burles a su destino, contribuyó en el desalojo con indicaciones secas y directas de saltar la barrera. La suma de fuerzas en una misma dirección dibujó una estampa inédita en los últimos años: por unos breves instantes, el cuarteto de dobladores (Sergio Sánchez, Manolo de los Reyes, José Manuel Rodríguez ‘Piqui’ y Francisco Marco) quedó solo sobre la arena. Ahora bien, hubo un factor probablemente determinante en el refuerzo de la seguridad en la arena: la menor densidad de corredores que en un día festivo, pero entre semana, registró el primer encierro.

"NECESITAMOS VER A LOS TOROS"

"Cuando se abre la barrera”, por la levantada con el muro humano de la Policía Foral en la entrada a la plaza, los corredores “tienen que echarse a un lado”. Así lo entiende Manolo Reyes, miembro del cuarteto de dobladores que, capote en mano, señala el rumbo de los toros camino a los corrales. En esa faceta de liberar el coso, donde la imprudencia por mínima que sea se paga con susto o herida, su compañero, Sergio Sánchez, realizó una gran labor. “Estuvo hábil”, a juzgar de su compañero de tarea. Para quien fue experto en la lidia, en su doble faceta de torero y subalterno, que mengüe el tumulto de corredores es básico por una doble razón:  Los dobladores “necesitamos ver  y los que saben correr delante de los toros y entran con ellos en la plaza de toros necesitan espacio para que se puedan refugiar.  El problema es que cuando hay tanta gente, si aprieta el toro, los que corren no pueden saltar la barrera”. Y ahí, en estas circunstancias, el peligro aumenta. De ahí la razón de que este año se introdujera la prohibición de detenerse en la arena minutos antes de la llegada de la manada. Al menos, “que nos dejen intentar hacer nuestra labor”, confiaba, capote en mano, uno de los cuatro dobladores que cada mañana de Sanfermines se juegan el tipo tratando de evitar que otros sufran un percance indeseado que lamenten.

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