Encierro
Un experto corredor de encierros con visión reducida de un ojo y 17 operaciones de rodilla
Originario de Yunquera de Henares (Guadalajara), César García Navarro ayudó el martes a conducir a un toro suelto con una capacidad de visión en su ojo derecho del 30%


Publicado el 11/07/2025 a las 05:00
No fue por sus limitaciones visuales pero ayer literalmente no vio pasar los toros, reconoció. “Me ha parecido ver que los toros iban por el lado izquierdo”, se sinceró César García Navarro, experto corredor de Yunquera de Henares (Guadalajara) de 49 años de edad. Su imagen quedó inmortalizada el martes en el encierro de Cebada Gago junto a una retahíla de habituales, con recursos y destreza en la conducción de la manada. Participó de ese selecto grupo que guio a Caminante por la senda adecuada.
Curioso es su caso, “con el 30% de visión de su ojo derecho” desde que “con diez o doce años” la punta de un bolígrafo le dejó secuelas para toda la vida en la percepción de la realidad. Por el dañado aprecia “sombras”. De ahí su esfuerzo que ha de realizar con giros de cabeza para lograr la mayor seguridad posible.
Pero aún hay más. En realidad acumula 27 años corriendo al encierro y otros cuatro más acudiendo a Pamplona por fiestas. En éstos debió valerse de unas muletas tras ser intervenido en las rodillas por distintos lances vinculados al deporte y a la afición taurina. Contabiliza -afirma- “17 operaciones” entre las dos piernas. Es lo que tiene haber sido jugador de fútbol y recortador de los que no deja perder ocasión para demostrar su habilidad delante de las astas. Antes promediaba del orden de un centenar de encierros al año. Ahora, llega a “los 70, entre los de calle, campo” y los que, aprovechando su desplazamiento a la playa en verano junto a su familia, araña al descanso en el Levante “con un par de quiebros”.
Y aún, días antes de Sanfermines, tuvo un traspié que le provocó una rotura de fibras. Con un vendaje “apretado” supera cada mañana la dolencia. Resta importancia a las dificultades que ha debido sortear a lo largo de su vida como aficionado a los espectáculos taurinos.
Concede a la experiencia el grado que se merece para orientar a la manada hacia su destino, como ocurrió con el cebada gago díscolo y remolón del martes cuando varios corredores, entre ellos el propio César García, sumaron esfuerzos en un mismo sentido e igual objetivo. Bajo esa premisa, el lucimiento individual cede al propósito colectivo.