El encierro 

El corneado en el muro de Santo Domingo, un vecino de San Sebastián de 72 años: "He visto muchas cornadas pero esta era fea"

El corredor no pudo evitar el impacto del pitón en su axila al toparse con cuerpos detenidos en el muro de Santo Domingo

Secuencia de la cornada en la cuesta de Santo Domingo en el sexto encierro de San Fermín 2024.
Secuencia de la cornada en la cuesta de Santo Domingo en el sexto encierro de San Fermín 2024./Eduardo Buxens

Natxo Gutiérrez

Actualizado el 12/07/2024 a las 13:52

Salió la manada propulsada por el poderío de sentirse libre tras una noche encerrada. Rebasada la hornacina y, bajo el mando de tres mansos, uno de los jandillas encontró un obstáculo en su avance desbocado. 

Cabeza erguida y con un leve movimiento hacia arriba, su pitón derecho alcanzó la axila de un veterano, habitual a decir de los entendidos pero no perteneciente al grupo de los conocidos de la hermandad de confidencias y auxilios en Santo Domingo. Su identidad, reducida a sus siglas, J.O.E., francés de 72 años vecino de San Sebastián.

En ese momento, Chapu Apaolaza, rostro conocido del primer tramo y popular como comentarista taurino y avatares de la actualidad social, se giró casi por instinto. Se dejó llevar por el código de la ayuda mutua que se activa cuando hay un caído en la cuesta.

“Tranquilo, tranquilo”, le espetó al herido. Sus palabras de consuelo estaban llenas de empatía, afecto y necesidad por ayudarle a mantenerle despierto. El cuerpo yacía tendido en un inmenso charco de sangre. “Me he dado un buen susto ante el reguero de sangre. He visto muchas cornadas pero esta era fea y además estaba boca abajo. Casi lloro”, confesó Javier Muñoz Aguado, El Boti. Pronto, el médico Antonio Álvarez, del dispositivo de Cruz de Roja en el puesto del antiguo Hospital Militar, hoy edificio de Educación, acudió al auxilio junto al resto de sus compañeros. “Ya estamos aquí, ya estamos aquí Chapu”, le comunicó a quien al ver el percance no tardó en hacer el sentido contrario de la carrera por prestar apoyo. Como un resorte, activado por el gen solidario que identifica a la hermandad de Santo Domingo, un grupo de corredores y espectadores, entre ellos el lodosano Miguel Leza Oliván, rodearon al herido y a las asistencias. El perímetro de seguridad trataba de evitar que los cuatro cabestros de cola pudiesen generar cualquier incomodo en una situación límite.

Poco después, el herido fue trasladado hasta el puesto de atención del antiguo Hospital Militar entre dos hileras formadas de mozos. Por la primera valoración y atención prestada, el pitón no afectó a ningún órgano.

"¿ES MARIANO?"

Para entonces, ya se había prendido la confusión entre quienes preguntaban por el móvil por la suerte de Mariano Jiménez Baigorri, el cascantino que hace dos años protagonizó un percance y que ayer estaba justo al lado del corneado. Pero no era él. Con la cabeza vendada y consciente, al cabo de unos minutos, J.O.E. fue introducido en una ambulancia de la DYA para ser evacuado al Hospital Universitario de Navarra.

El charco de sangre que dejó quedó cubierto con periódicos. Las noticias de la víspera ocultaron la estela del peligro. Miguel Leza Oliván, que ayer tenía previsto correr su última carrera después de 45 años, ensalzó el valor de la solidaridad de Santo Domingo. Aquí -dijo- “todos somos una familia”.

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