Toros
Roca Rey y Morante, un duelo taurino y popular en los Sanfermines 2026: ¿Cómo terminará?
El pulso entre los dos monstruos está servido. Lo que no tenemos todavía claro es el desenlace.


Actualizado el 10/07/2026 a las 12:32
Son dos grandes estrellas sobre las que gira el firmamento taurino y popular de este país. Y lo saben muy bien. Dos estilos muy distintos, pero dos grandes toreros, de los que marcan estilo. De los que protagonizan también la crónica social, de los barrios pijos a los castizos. Y como antaño, en los años clásicos de la tauromaquia, son también rivales.
Como lo fueron Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín en el verano de 1959, ese que retrató nuestro Nobel nortemaericano en “El verano peligroso” que el escritor Carlos Abella acaba de rememorar con otro libro (“El verano sangriento de Hemingway).
Esta semana, rivalizan por el favor del público de una plaza tan temperamental como la de Pamplona. Que lo mismo pita a quien no le gusta que hace suyos a sus ídolos y los eleva a la gloria. Que se lo digan al legendario Juan José Padilla, 'El Pirata', que tuvo siempre en Pamplona su talismán.
Andrés Roca Rey ha sido, durante años, el niño mimado por los tendidos de la plaza pamplonesa. El hombre que convertía sus tardes en triunfo para delirio del graderío. Puro arte y delicadeza. Puro idilio también con los tendidos de sol.
Hasta el año pasado, cuando tuvo que irse de vacío. Sin trofeos. ¿Un pequeño bache en una carrera larga o un cambio de tendencia? Su primera tarde en Pamplona este 2026 apunta más hacia lo primero que hacia lo segundo.
Pero, hete aquí, que Morante de la Puebla llegó como un ciclón en 2025 y se apropió del hueco. Literalmente, se lo quedó completo. Su salida por la puerta grande el año pasado fue apoteósica, rodeado de una nueva generación de jóvenes seguidores que ven en él también un modo de estar en la vida, políticamente incorrecto además.
Un torero con múltiples baches de salud y forma, pero que regresa a Navarra para revalidar el trono que el año pasado arrebató por méritos propios.
Esta misma mañana se ha dejado ver en un balcón del hotel La Perla, en pijama y con un café en la mano, contemplando el encierro que luego le toca lidiar. Morante en estado puro.
El pulso entre los dos monstruos está servido. Lo que no tenemos todavía claro es el desenlace.