San Fermín

La plaza consistorial se rinde a la ilusión de los más pequeños en el primer Chupinazo Txiki

Cientos de menores y colectivos levantan el pañuelo al cielo en el estreno de una cita llamada a convertirse en una nueva tradición

Chupinazo Txiki

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Fotos del primer Chupinazo Txiki, en los Sanfermines de 2026.MIGUEL OSÉS

Noelia GorbeaIrune Abadía Esain

Actualizado el 10/07/2026 a las 19:44

"He ensayado nuestras frases todos los días”, decía Gari Aguirre, uno de los lanzadores este viernes del primer Chupinazo Txiki de los Sanfermines. Junto a él, Ane Loizate e Ivanna Jiménez, alumnos de 4ºA del Colegio Público de Buztintxuri, se asomaban al balcón del Ayuntamiento para dirigirse a toda una plaza abarrotada. Sus caras y sonrisas previas, de plena templanza. El resto de compañeros de clase pudo compartir además la misma ilusión desde el balcón de debajo. Todos unidos en un pañuelico al cuello personalizado para la ocasión que les había regalado el centro. 

A las 12 en punto, la mecha “fue prendida” por un botón que activó el cohete -la ley prohíbe la manipulación de pirotecnia por menores de edad-. Y esa podría ser la única diferencia encontrada frente al Chupinazo tradicional. “En lo demás; en la organización, en la cobertura de medios, la cantidad de gente… se ha intentado imitarlo de la manera más fidedigna”, decía Joseba Asiron, que se mostraba contento frente a esta nueva iniciativa. El alcalde aseguró que a partir de ahora se consolidará como un acto más de las fiestas. 

DETRÁS DE ELLOS

Desde luego, si alguien había más nervioso que los protagonistas, eran los padres. “Creo que igual no son conscientes de la envergadura y del simbolismo que tiene. Igual, con esa inocencia que les caracteriza, pues lo hacen mucho más natural y más bonito”, reconocía Joseba Arregui Pabollet, de 45 años, padre de Gari, que acompañó al txiki junto a su pareja, Uxue Larraza Sola, de 46. 

La serenidad, eso sí, transformada en inmensa alegría. Quizá no con la consciencia de estar en el mismo balcón de la Casa Consistorial, sino con alegría porque ese momento, que tantas expectativas había creado, sirvió este viernes como reencuentro entre muchos de clase, que llevaban ya casi un mes de vacaciones. “Nos quedaremos con nuestros amigos”, decían Ane e Ivanna sobre el plan de su día. No había nada más importante. 

Una jornada que para Ivanna había empezado a las cinco de la mañana, casi igual que Ane. Ambas tenían que llegar a una entrevista a las siete -imposible tener la cuenta de cuántas habían dado desde que recibieron la noticia-. Pero el madrugón mereció la pena. Por lo menos, para que Ivanna fuera después a visitar y contarle la noticia a su bisabuela Eloisa. “Ha sido súper emocionante. Ella está súper contenta, nos lo gritó desde la valla del cole”, contaba la madre, Sukeyner Cedeño Aguilera, de 43 años, de la mano de Iker Piedrafita Galar, de 44, su pareja. 

Entre los momentos previos, los niños se quedaban con el instante de levantar las persianas minutos antes y descubrir a toda la gente que les esperaba desde la plaza. Algo que también sorprendió a Belén Bandrés Gil y Alberto Loizate Salazar, padres de Ane: “La experiencia ha sido muy bonita. Sobre todo el verla a ella, que es a la que más ilusión le hacía, y vivirlo a través de sus ojos”.

La Plaza Consistorial se rinde a la ilusión de los más pequeños

Antes de que estallara el primer chupinazo txiki de la historia de Pamplona, la Plaza Consistorial ya había ganado la partida a las emociones. Había calor, sí, el de un mediodía de julio en Pamplona. Pero sobre todo había otro calor, el de los abrazos, las manos pequeñas agarradas a las de sus padres, las sonrisas nerviosas, los pañuelos en alto... Cientos de niños miraban hacia el balcón del Ayuntamiento con los ojos muy abiertos mientras alrededor brotaban aplausos espontáneos, canciones y cámaras que buscaban inmortalizar un instante que nadie había vivido antes. La ciudad entera parecía abrazar a su infancia.

Porque por primera vez, Pamplona celebraba una réplica del acto que cada 6 de julio marca el inicio de las fiestas; una cita pensada para que los más pequeños sintieran como suyo uno de los momentos más especiales del calendario. La Plaza, abarrotada mucho antes de la hora señalada, reunió a familias llegadas de toda Navarra, peñas txikis, grupos infantiles de danza, gaita, la Comparsa y los kilikis. Se cantó, se aplaudió y se levantaron los pañuelos al cielo con la misma emoción que en el chupinazo de los mayores, aunque con un ambiente diferente: más pausado, más familiar y lleno de esa ternura que solo transmiten los niños cuando descubren algo por primera vez. Entre ellos, Joel Hierro, de 10 años, y Ohian, de 6, llegados desde Marcilla. En realidad, habían subido para ver a los gigantes, aunque sabían que también les esperaba una cita muy especial. “Es nuestro primer día de San Fermín este año y el domingo iremos a la plaza de toros”, indicaban junto a sus padres.

Vídeo del Chupinazo Txiki desde la plaza del Ayuntamiento de Pamplona
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Vídeo del Chupinazo Txiki desde la plaza del Ayuntamiento de Pamplona
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EN SUS MIRADAS

Ilusión que también había viajado desde otros muchos rincones. Desde el Valle de Egüés con el grupo de danzas Lakarri, con cerca de una treintena de participantes repartidos entre sus tres categorías. Para ellos, la jornada no terminó con el cohete, sino que recorrieron las calles del Casco Viejo hasta la Plaza del Castillo para participar, junto a otros grupos infantiles de danza, en una exhibición. Una de sus responsable, Loizune Arana, confesaba que los pequeños apenas eran conscientes de la magnitud del momento. “Están nerviosísimos”, valoraba.

También desde Ochagavía acudieron doce dantzaris de entre 12 y 14 años. Era la primera vez que muchos actuaban en un escenario como la Plaza Consistorial, aunque los nervios parecían esconderse tras las sonrisas. “Es muy guay”. Así resumían una experiencia que difícilmente olvidarán. Entre ellos estaban Ohian Zunzarren, Andoni Chivite, Irai Vicente y Óscar Hernández, orgullosos de formar parte del estreno de un acto que ya forma parte de la historia de las fiestas.

También tuvieron su espacio las peñas txikis, auténtica cantera . Allí, los más pequeños lucían sus camisetas y pañuelos con el mismo orgullo que los adultos. Iván Guerra, de 12 años y miembro de la Peña Los de Bronce, reconocía que el ambiente le recordaba mucho al del chupinazo tradicional. “Es casi lo mismo”, decía junto a su padre David y a su madre Bea. Y aunque todavía no forma parte de la peña de mayores, ya ayuda llevando la pancarta.

Muy cerca estaba Iranzu Bayo, acompañando a su hijo Ubai, que con solo tres años elevaba el pañuelo al cielo como uno más. Una imagen que resumía el verdadero sentido de la mañana: sembrar en los más pequeños el cariño por unas fiestas que algún día también serán su responsabilidad. El acto quiso reproducir cada detalle del chupinazo. Tanto, que al salir los gaiteros por el zaguán, los kilikis ejercieron de escolta, guiando a los niños por las calles del Casco Antiguo, como una versión menuda del protocolo sanferminero.

Martín Ariztimuño, presidente de los Gaiteros de Pamplona, reconocía el chupinazo txiki era una iniciativa que hacía tiempo que merecía la ciudad. “Solo hay que ver cómo está la plaza”, expresaba junto al medio centenar de gaiteros que formaron parte de la cita. Así, cuando el humo del cohete ya se había disipado, quedaba algo mucho más difícil de borrar. Quedaban las miradas de quienes acababan de vivir su primer gran recuerdo, los abrazos de las familias, los aplausos y la certeza de que los Sanfermines acababan de ganar una nueva tradición. Porque este nuevo chupinazo es una forma de decir que las fiestas también empiezan en la mirada de un niño.

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