San Fermín
El pamplonés Santiago Zabalegui, en la procesión de San Fermín 48 horas después de ordenarse sacerdote
"Nuestro santo patrón me ha protegido en estos seis años en el Seminario de Toledo", expresaba este joven de 25 años, que el 6 de julio celebró su primera misa en Ujué


Publicado el 08/07/2026 a las 05:00
Santiago Zabalegui Ibero (Pamplona, 7-04-2001) ha tenido tres días muy intensos. El domingo 5 de julio fue ordenado sacerdote en la catedral de Toledo, el lunes por la tarde celebró su primera Misa en la iglesia de Santa María de Ujué, seguida de una cena-celebración con familiares y amigos en Lerga, el pueblo de sus abuelos paternos. Y el martes 7 de julio acompañó en procesión a San Fermín por las calles de Pamplona junto a otros sacerdotes. “Para mí ha sido muy emocionante. Nuestro santo patrón me ha guiado y protegido con su capotico en estos seis años en el Seminario, así que quería tener este detalle de agradecimiento”, expresaba. Igual que quiso ponerse en las manos de la Virgen de Ujué. “Desde pequeño he ido a la romería. Estos últimos años que he estado en el seminario y no he podido, en verano hacía una escapada para ver a la Virgen”, relata.
Santi Zabalegui vivió en Pamplona hasta que se marchó con 18 años al Seminario de Toledo. “Aquel año fui a la procesión de San Fermín. Al ver pasar la figura del santo alcé la mirada y le pedí que me guardara de los peligros. Él fue un santo valiente, que sufrió persecución y que se entregó a los demás. Es un modelo para mi sacerdocio”, señala. Recuerda con cariño la Oración de los Jóvenes que preside el arzobispo los primeros viernes de mes en la Capilla de San Fermín. “La capilla se llena de jóvenes rezando. Es una gozada”.
Este joven sacerdote admite que hasta ahora Dios le ha llevado en volandas. Es el cuarto de seis hermanos. Su padre, Juan Ramón, es profesor en Teresianas, y su madre, Elena, enfermera de formación que renunció a tener un trabajo remunerado para dedicarse a la familia. “He crecido en un ambiente cristiano. Estudié en colegios religiosos, primero en Teresianas y después en Irabia-Izaga, donde podía ir a misa entre semana y confesarme. Y la mayoría de mis amistades surgieron en un grupo católico, Schola Cordis Iesu. Primero estábamos en la parroquia de San Fermín, en la Milagrosa, y luego en Sarriguren. Los viernes nos juntábamos para la Hora Santa, sábados íbamos a catequesis y a jugar al fútbol. También hacíamos retiros, excursiones, convivencias en verano, nos sumábamos a las Jornadas Mundiales de la Juventud… Todo esto me ha ayudado a descubrir el amor de Dios, de un Dios cercano, misericordioso, que conoce nuestras debilidades, que perdona siempre y nos anima a confiar en él”, describe.
Zabalegui sintió la llamada al sacerdocio en sexto de Primaria. Compartió sus inquietudes con un sacerdote, Santiago Arellano, y con sus padres. “Más que un deseo fue una certeza, que podía ser para Jesús”. Durante seis años todo eso lo guardó en su corazón hasta que en Segundo de Bachillerato les dijo al resto de la familia que se iba a Seminario. “Iba a aprovechar un viaje en Navidades pero mis padres se pusieron enfermos y lo tuvimos que suspender. Así que se lo conté el 1 de enero en la comida”, recuerda.
Para contarlo a sus amigos aprovechó la Javierada. “Pasábamos noche en Lumbier, así que di un pequeño testimonio. Tengo que admitir que a algunos no les causó mucha sorpresa”.
Santiago Zabalegui fue al Seminario de Toledo porque allí tiene su noviciado la Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, vinculada al grupo Schola Cordis Iesu. “He vivido estos años de formación con mucha alegría. El seminario ha sido como una segunda familia”. Hace un año se ordenó diácono y pudo ejercer su primera labor pastoral, los fines de semana en una parroquia de Alcorcón (Madrid). “Para mí, ser sacerdote es el regalo más grande. Eres otro Jesús y te dedicas a acercar las almas a Dios”.
El pasado domingo, Santiago Zabalegui conoció el que será su destino a la vuelta del verano. Será vicario parroquial en los barrios de Martutene y Loiola de San Sebastián. Vivará en comunidad con otros tres sacerdotes de la Hermandad de Hijos de Nuestra Señora, entre ellos otro navarro, Eusebio Guindano.
Como sacerdote joven, le tocará sembrar entre adolescentes y jóvenes. “Mi consejo es alzad la mirada, que ha sido el lema de la visita del Papa a España. No tener miedo a seguirle. Y pedirle ayuda a la Virgen, que ella todo lo hace fácil y sencillo”, resume.