El momentico secreto para desear suerte a quienes lanzan los fuegos artificiales cada noche en Sanfermines

Todas las noches de las fiestas se produce el mismo ritual entre los responsables del lanzamiento y sus sucesores

Un momnto del "paso del testigo" a Majo Lora Zamorano, de Caballer (Valencia) /
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Un momnto del "paso del testigo" a Majo Lora Zamorano, de Caballer (Valencia) /
Un momnto del "paso del testigo" a Majo Lora Zamorano, de Caballer (Valencia) /

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Diario de Navarra

Actualizado el 15/07/2025 a las 18:57

Los fuegos artificiales son uno de los grandes espectáculos de los Sanfermines. Arrastran a decenas de miles de personas cada noche, de todas las edades que se despliegan por todos los rincones alrededor de la Vuelta del Castillo. Y que disfrutan de estos minutos de arte en el cielo hecho con pólvora.

Una tradición que se ha ido perfeccionando con el tiempo. Ahora, los encargados de cada pirotecnia saludan al público al terminar la colección y reciben el aplauso de los congregados. Son artistas convertidos en Rockstar por unos minutos. Una “tradición” que se hace en muy pocos sitios, como en Montreal (Canadá) o en las mascletás de Valencia desde el balcón del Ayuntamiento, y que Pamplona importó hace unos años de la mano de Mikel Pagola, el director artístico del Concurso Internacional de Fuegos Artificiales de Autor de San Fermín. 

Una manera de reconocer, en el fondo, a los artistas que hay detrás de cada colección. Y un gesto que éstos agradecen y que genera emoción. Todos los autores convocados reciben del ayuntamiento la misma cantidad para costear el espectáculo: 18.650 euros más IVA. Una cantidad que, a veces, no cubre los gastos de los fuegos pero que las empresas costean por el prestigio que les ofrece participar en Sanfermines.

Pues bien, existe otra pequeña “tradición” escondida alrededor de los fuegos. Cada noche, en la entrada de la Ciudadela el equipo que va a lanzar los fuegos recibe un pañuelo sanferminero para desearles suerte en su ya próxima actuación. Un momentico discreto y emotivo. A ese pequeño acto asiste también el equipo de pirotécnicos encargados del disparo del día siguiente. Es un momento de hermandad entre la pequeña “tribu” de la pólvora, una profesión muy especial y tradicional, en claro riesgo de perderse.

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