La fiesta
"Existen dos formas de vivir San Fermín: con los ojos del que lo estrena... o del que, al mirarlo de reojo, revive su propia fiesta"


Publicado el 12/07/2025 a las 05:00
Esto del oficio periodístico tiene casi más de observar —o chusmear, que diría en buen corellano— que de escribir. Ayuda el sitio privilegiado para documentar la fiesta, no os voy a engañar. El caso es que a veces te pone delante de ese instante sanferminero que pasa inadvertido para el fiestero común, pero qué maravilla para el trabajador enmarronado.
Pongámonos en situación. 6 de julio. 12:10 de la mañana. Balcón de Casa Seminario. Fotógrafos y cámaras —llamémosles trapecistas— intentan captar el mejor ángulo del alarde de gaiteros de la plaza consistorial. A mi lado, un tudelano, “muy tudelano”, que diría Rajoy, echa la lagrimilla porque, confesémoslo, vivir esto por primera vez emociona más que un 24 de julio.
7 de julio. 20:00 horas. Carlos III. Una ‘granaína’ llama a su madre para decirle que ya tiene “el pañuelo y el cinto”. “La faja, Rosa”, le corrijo. “Ay, sí, qué andaluz me ha salido”. Mi amiga da un saltito de alegría. “¿A dónde vamos?”. Y solo me sale sonreír. Lo que daría por ser ella.
12 de julio. 13:00 horas. Esquina de la calle Estafeta con Bajada de Javier. Carmen, de 2 años, subida a los hombros de su padre, ve por primera vez bailar a Braulia. Su madre también. No sé quién está más ensimismada de las dos.
14 de julio. 00:00 horas. Balcón de Casa Seminario. Nos hemos colado, no os vamos a engañar, pero mi compañera Irune, a la que mañana le toca madrugar, me da la razón. “No había visto el ‘Pobre de mí’ así jamás”. Se lo he notado mientras la miraba de reojo, para qué mentir. No dejaba de mandar fotos por su grupo de WhatsApp.
Existen dos formas de vivir las fiestas. Para los que estrenan mil primeras veces sanfermineras y para los que, mientras, se contagian de las de los demás. O reviven las suyas. Seguiré mirando de reojo.