"Le vi inconsciente y convulsionando y sólo pensé en protegerle del paso de los bueyes"

Isaac Ferrera Sánchez no dudó en emplear su propio cuerpo como "último bastión" para evitar que los mansos pudieran golpear a su amigo en la curva de Mercaderes

Isaac Ferrera protege con su cuerpo a su amigo Juan mientras los bueyes pasan a muy pocos centímetros de sus cabezas
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Isaac Ferrera protege con su cuerpo a su amigo Juan mientras los bueyes pasan a muy pocos centímetros de sus cabezas
Isaac Ferrera protege con su cuerpo a su amigo Juan mientras los bueyes pasan a muy pocos centímetros de sus cabezas

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Carlos Lipúzcoa

Actualizado el 12/07/2024 a las 22:52

Fueron unos angustiosos segundos, una reacción instintiva al ver a un amigo en peligro. Isaac Ferrera Sánchez, de 48 años, no se lo pensó dos veces al ver el cuerpo inerte de Juan sobre los adoquines tras la curva de Mercaderes hacia Estafeta. “Encontré el hueco entre los dos últimos toros y, al meterme, le vi tendido e inmóvil en el suelo. Me olvidé inmediatamente del encierro y solo pensé en mantenerle el eje cuello, cabeza y espalda alineado mientras escuchaba el paso de las pezuñas pasando a pocos centímetros”, recuerda todavía con cierta angustia. Daba la casualidad que ambos son prácticamente vecinos de la provincia de Castellón, ya que viven en dos pueblos, Jerica y Altura, separados por solo diez kilómetros. Pese a este gesto heroico, Isaac Ferrera quita mérito a su actuación y ensalza al resto de mozos, que se encargaron de formar la barrera humana para desviar a la gente y los animales.

“Solo pensaba en que todavía faltaban por pasar varios bueyes más e hice de último bastión de defensa”, cuenta. Su amigo Juan estaba inconsciente y “medio convulsionando”, pero “en seguida llegaron las asistencias” y pudo ver que, poco después, Juan recuperaba el sentido, lo que tranquilizó bastante. La escena duró unos pocos minutos, pero Isaac Ferrera todavía siente malas vibraciones al recordarlo: “Le conozco desde hace años. Somos buenos amiguetes y, verle jodido, acongoja”. Tras el susto del jueves, reflexiona que todo fue fruto de la casualidad, ya que ambos se habían encontrado unos días antes y Juan le había comunicado que no tenía intención de correr este año al tener una “rodilla fastidiada”. Sin embargo, aquella mañana “se levantó bien” y se animó a correr “media carrerita” para coincidir con un hijo suyo. “Tuvo la mala suerte de entrar en la curva y que el buey se lo llevara puesto”, rememora.

MUCHA INCERTIDUMBRE

Las siguientes horas fueron de incertidumbre total. Habían trasladado a su amigo al hospital y estaban pendientes de tener alguna referencia de la gravedad de sus lesiones. Después llegó el alivio cuando pudo hablar con su hijo y le comentó que Juan “estaba bien” y todo había quedado en un mal susto. “A las tres de la tarde le habían dado el alta. Pude charlar un rato por teléfono con él y me explicó que solo fue tema de chapa y pintura”, se atreve a bromear tras conocer la levedad de las consecuencias de la caída. Isaac Ferrera seguirá en Pamplona hasta el domingo en compañía de unos amigos de Castellón.

Gran aficionado a los Sanfermines, conoció los encierros a través de la retransmisión de televisión, “como la mayoría de los españoles”. Los festejos taurinos han sido desde joven una gran distracción para él, que presume de haber sido “rodador”, denominación con la que hace años, según comenta, se conocía a los “recortadores”. En cuanto tuvo oportunidad de venir a Pamplona y con algo de dinero en el bolsillo al conseguir su primer trabajo, comenzó a correr los fines de semana y dormir dentro del coche. Con el paso de los años empezó a subir de nivel y alargar su estancia a cuatro días. Ahora se coge vacaciones para quedarse durante toda la semana.

Todavía recuerda con gracia y cierta sorna su anecdótico primer encierro allá por 1995. “Resultó muy divertido. No vi pasar ni a los bueyes escoba”, explica. Como cualquier novato, tuvo la prudencia de dejarse asesorar por quienes tenían experiencia: “Cuando les dije que me iba a poner en Estafeta, me indicaron que estuviera preparado para la claustrofobia, algo que solo entendí una vez en faena. El gentío sumado a los edificios altos y la poca luz que entraba causaba bastante agobio”. Pese a todas las recomendaciones, Isaac Ferrera admite que, a la que fue “a salir”, ya habían pasado todos los toros. Posteriormente, pasó una temporada corriendo en el tramo de Telefónica y el callejón hasta que tuvo un “susto con los Dolores Aguirre”. Desde 2001 está abonado a Mercaderes-Estafeta, aunque reconoce que ha hecho alguna excursión por Santo Domingo.

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