San Fermín

Fernando Lizaur, el Superman del ruedo que metió a un elefante en la peña Anaitasuna

Despliega su colección de sombreros en la misma plaza que sobrevoló el 8 de julio de 1979. Un cartel de LKN en el exterior del coso recuerda aquella gesta. A sus 77 años, Lizaur es un clásico de las fiestas

Lizaur y sus gorros en la Plaza de Toros.
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Lizaur y sus gorros en la Plaza de Toros
Lizaur y sus gorros en la Plaza de Toros.

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Ruperto Mendiri

Actualizado el 09/07/2024 a las 14:18

Fernando Lizaur (Pamplona, 77 años) es quizás la quintaesencia del tipo de personaje que inspira este reportaje. Un tótem sanferminero. Ahí donde lo ven, a la derecha de estas líneas, entre una minúscula representación de su repertorio de sombreros, Lizaur voló por los tendidos en las fiestas de 1979 -en una experiencia catártica tras la trágica muerte el año anterior de Germán Rodríguez-, metió a un elefante en la peña Anaitasuna -la imagen es inenarrable-, se colgó al cuello una pitón filipina de 50 kilos y 5 metros de largo, ha posado con tigres y cocodrilos -del circo-, ha hecho el paseíllo como arenero improvisado del albero y hasta, cuenta él mismo, le reconocieron como el Superman de San Fermín en la maratón de Nueva York. Lizaur, excreativo jubilado, no deja indiferente.

El secreto del peculiar almacenamiento de las criadillas de toro de Fernando Lizaur

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El secreto del peculiar almacenamiento de las criadillas de toro de Fernando LizaurRuperto Mendiri

Y lo primero, el concepto; cómo definir su forma de entender las fiestas. Porque Lizaur no considera sus “acciones” surrealistas ni subversivas ni boutades ni provocaciones ni extravagancias. “Quizás yo las llamaría ‘ocurrencias’. Y la mejor está por venir, vaya usted a saber cuándo. Por ahora, la más importante fue la de aparecer de Superman, por sorpresa, en la Plaza de Toros de Pamplona aquel 8 de julio de 1979”, considera Lizaur, que, más allá de las fiestas, también logró revitalizar la cabalgata pamplonesa cuando languidecía a mediados de los 90 .

Los Sanfermines de 1979, tras la muerte de Germán Rodríguez en los disturbios del año anterior, comenzaron con un clima  de tensa calma. Pero el 8 de julio, Superman apareció en el tendido de la plaza y la historia dio un giro inesperado.
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Lizaur durante su vuelo en los tendidos el 8 de julio de 1979CEDIDA / DN
Los Sanfermines de 1979, tras la muerte de Germán Rodríguez en los disturbios del año anterior, comenzaron con un clima  de tensa calma. Pero el 8 de julio, Superman apareció en el tendido de la plaza y la historia dio un giro inesperado.

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PERSONAJES PARA LA HISTORIA

Queda claro. Lo suyo son “ocurrencias”. Y aunque podría decirse que también es un maestro del disfraz, a él tampoco le gusta el término. Si el cénit de sus caracterizaciones fue aquel superman de 1979, embutido en un traje que le trajeron desde California, hay otras “ocurrencias” con vestuario especial. “Además de hacer el paseíllo de arenero, he salido de Estatua de la Libertad en su centenario, de Willy Fog , de Pantera Rosa, de Elvis Presley, de Gran Jefe Indio y un largo etcétera”, enumera.

Mención especial merece sus fotografías con los animales del Gran Circo Mundial, gracias a su amistad y complicidad con José María González Villa, fundador del citado circo. “El elefante en el bar de la Peña Anaitasuna en la calle Jarauta 69 causó una gran revuelo y expectación. Logramos meter uno de culo, llegué a sacar a cuatro o cinco elefantes, con su domador, Arturo, por las calles del centro de la ciudad. ¡Impresionante!”, se jacta.

El elefante que Fernando Lizaur metió en la peña Anaitasuna.
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El elefante que Fernando Lizaur metió en la peña Anaitasuna.CEDIDA
El elefante que Fernando Lizaur metió en la peña Anaitasuna.

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Hasta que llegamos al tiempo actual. Fernando Lizaur, a sus 77 años, operado este año de la cadera, sigue sintiéndose “un chaval”. Su mundo son los sombreros. Lleva décadas alimentando una colección divertida y disparatada de los diseños más inimaginables. Diariamente envía a sus amistades, poco antes del inicio de la corrida, una imagen con el sombrero elegido en suerte para la corrida de esa tarde acompañado de un gin-tonic. Y esa sonrisa perenne y picaruela.

“Me cuesta seleccionar sombrero, pero cuando cada día lo hago, el elegido se pone muy contento de acompañarme a los toros. Algunos de ellos han sido confeccionados por mi mujer, Carmen, y otros muchos son regalados y enviados por mis amigos californianos y también por alguno de mis amigos del tendido de sol”, comenta. “Tengo de La Casa de la Pradera (serie televisiva de los años 70), de medusa, de gallinita, de Papá Noël bailongo, de cocodrilo, de Robin Hood, de taco mexicano, de golf, de tiburoncete, de faraón, de cafetera, de elefante, de miserias, de pavo real, de langosta, de Nefertiti, de girafita, de pimiento rojo, de cangrejo, etc etc. ¡¡¡Muchísimos!!!”, enumera en un crescendo infinito.

LIzaur, con la pitón filipina de 50 kilos en 1991
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LIzaur, con la pitón filipina de 50 kilos en 1991ARCHIVO
LIzaur, con la pitón filipina de 50 kilos en 1991

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Como demostración de esa intensa y larga relación con la plaza de toros pamplonesa, La Meca -entidad gestora del ruedo pamplonés- le dedicó un enorme mural, obra del artista LKN, en una de las columnas de la plaza, junto a la puerta C. “Fue una grandísima sorpresa … Un inmenso agradecimiento… Un grandísimo honor. Mediante carta, así se lo hice saber a la Junta Directiva y a la Comisión Taurina de la Casa de Misericordia y a LKN. Me superemocioné muchísimo y dos años después, todavía sigo superimpresionado”, asegura. “Soy yo, el mismo que ha dibujado LKN, el mismo que ha trabajado tantos años para la Cabalgata Reyes Magos de Pamplona, el mismo marido, el mismo padre de familia, el mismo de siempre”, se emociona.

Pamplona ha cambiado considerablemente en estos 45 años, desde aquel vuelo liberador de Superman por los tendidos de la plaza. “Siempre he tratado de divertirme con la fiesta y que los demás lo hagan conmigo. Gracias a Dios me encuentro estupendamente, conservo la cabeza en su sitio y sigo rumiando cosas”, advierte. En 2029 se cumplirán 50 años de aquella gesta que el propio LKN considera una performance, y que contó con la complicidad improvisada del público de la plaza. De hecho, Fernando concede el mérito de aquel vuelo a la gente que lo hizo posible, la que le sostuvo y le hizo volar, y que entendió que era una forma de liberar la tensión.

Y Fernando, orgulloso abuelo, espera y desea que su legado continúe con sus hijos. “Cada uno de ellos tiene su estilo y su forma de entender la fiesta. Eso sí, cuando yo no esté, si quieren, ahí les dejo abundante material para que puedan utilizarlo y disfrutarlo”, concluye.

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