San Fermín

Personajes que pasaron por los Sanfermines: el emperador del bolígrafo, el Rey de los Charlatanes, Olla o Maxi la cutera

Son muchos los personajes que han pasado por San Fermín para aportar un destello de luz y color en un océano de blanco y rojo. Tipos peculiares y populares que se han movido en la heterodoxia de la fiesta

Donan-Pher, el pertinaz vendedor de bolígrafos, con su peculiar vestuario, durante unos Sanfermines de la segunda mitad del siglo XX
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Donan-Pher, el pertinaz vendedor de bolígrafos, con su peculiar vestuario, durante unos Sanfermines de la segunda mitad del siglo XX
Donan-Pher, el pertinaz vendedor de bolígrafos, con su peculiar vestuario, durante unos Sanfermines de la segunda mitad del siglo XX

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Ruperto Mendiri

Publicado el 08/07/2024 a las 05:00

Pamplona en San Fermín es un territorio fértil para personajes que sobresalen de alguna manera. Son tipos especiales, peculiares, excéntricos, charlatanes vendedores, devotos de los disfraces, bailarines callejeros o apasionados toreros frustrados, todo un subgénero del paisanaje festivo que emerge y refulge por encima del mozo sanferminero medio, diluido entre una masa impersonal -y democrática- de blanco y rojo. Repasamos con Carlos Albillo Torres (Pamplona, 1963), autor del blog de referencia Memorias del Viejo Pamplona algunos de estos personajes, todos ellos ya fallecidos, que “actuaron” durante el siglo XX. Y continuamos en las siguientes páginas con dos más, que han vivido -y siguen viviendo- días y tardes de gloria en Pamplona.

A la derecha de estas líneas, encontramos al inigualable Donan Pher (el resultado de invertir las sílabas de su nombre, Fernando, con “ph” en lugar de “f”), “emperador del bolígrafo”, ataviado con su inseparable sombrero de Dr. Livingstone, hebilla poderosa y gafas al estilo Hunter Thompson. “Lo recuerdo perfectamente. Tenía un tono bajo de voz, tranquilo, un tanto monocorde, con su uniforme de explorador y su micrófono incorporado al uniforme desde donde desmenuzaba todo su argumentario de ventas sobre el/los bolígrafos que vendía y lo generoso de su oferta”, retrata Carlos Albillo, gerente de la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo desde 1995.

Donan Pher era en realidad Fernando Santos Velázquez, melillense de nacimiento y asturiano de adopción, que coloreó irredento durante medio siglo, entre 1900 y 1949, el andén central de paseo de Sarasate. Tuvo siempre la misma ubicación, entre Correos y San Nicolás, y era un personaje querido por la muchedumbre sanferminera. El amor era recíproco. Tanto es así, que sus restos -falleció en 2010 a la edad de 86 años- reposan en el pueblo de Elcano, la localidad del cercano Valle de Egüés.

UN LEÓN DE LAS VENTAS

Donan Pher tenía un precedente más deslenguado, un auténtico charlatán de feria al estilo de los vendedores del lejano oeste, aquellos que llegaban con su carromato para vender el elixir de la eterna juventud o un infalible crecepelo, productos que -obvio- no cumplían con lo prometido y que despachaban a placer después de que un cómplice rompiese el hielo con la compra. León Salvador no era un timador, pero sí un vendedor nato. “El rey de los charlatanes”, se autoproclamaba.

“Vendía todo tipo de artilugios y especialmente relojes, lápices, brochas, cuchillas de afeitar desde una verborrea inagotable y con un estilo irónico y mordaz, a menudo demasiado directo”, describe Carlos Albillo. Salvador vendió sus productos en Pamplona entre 1940 y 1949, un año menos que su refinado sucesor, Donan Pher.

Más allá de vendedores ambulantes, el paisaje sanferminero deja otros personajes sin más intención que mostrar su arte al mundo. Carlos Albillo recuerda a José Antimasberes Echeverría (1933-1994), “El castañuelas”, bailaor y bailarín olitense, gitano nómada y querido de pelo ondulado y engominado, bigotito y energía electrizante. “Era delgado, todo nervio. Se atrevía con todo tipo de música. Llevaba un gran radiocasette. Sus bailes eran frenéticos. Acompasaba sus espasmódicos movimientos corporales con las castañuelas. Solía acabar exhausto, jadeando y con la frente perlada de sudor. Era todo un espectáculo”, explica.

En una dimensión similar -por callejera- pero del orbe taurino, encontramos a “El hojalata”, Esteban Ibarrola Cullet, el torero urbano al que retrató en diferentes lances callejeros la mismísima Inge Morath, fotógrafa de la agencia Magnum que retrató la España de los años 50, incluida Pamplona y sus fiestas. Nacido en Ibero, “El hojalata” debía su apodo a que antes de la guerra había trabajado como fontanero. “Cinco años de guerra y posteriormente de lucha contra el maquis le dejaron bastante tocado”, precisa Carlos Albillo. Falleció a los 66 años, en 1983, en la Casa de la Misericordia, tan vinculada al mundo taurino.

Albillo rescata otros personajes que vagaron por la Pamplona de la primera mitad del siglo XX, como Ramón Ollacarizqueta, “Olla”, “un personaje un tanto excéntrico, muy dado a crear canciones y pareados, sin demasiada calidad ni literaria ni musical”. Su hit fue una tonadilla titulada El píspiri. Estaba casado con Maxi, la cutera, otro personaje del mundo outsider pamplonés, que recogía mondas y restos de comida para los cerdos que tenía en la calle Errotazar.

Albillo también cita a Remigia Echarren, otra mujer heterodoxa, funambulista pamplonesa que actuó en Sanfermines los años 1883 1884 y 1886. “También está Elías Fernández, alma mater de la Churrería de la Mañueta durante más de 60 años hizo unos gigantes en colaboración con Pedro Trinidad que desfilaron por las calles de la vieja ciudad de la Navarrería”, continúa Albillo. Cabe mencionar también a los creadores del Struendo, el librero Javier Echarte y el carnicero Leranoz “Zanqueta”, o al “Guti”, fallecido en 2016 y que “impulsó un “pobre de mi alternativo” en la plaza del Consejo, en el año 1980, vestido con chaqueta, pajarita y gorra de conserje de hotel, subido a la fuente de Neptuno.

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