San Fermín
Dos sagas de gaiteros: "Es un orgullo poder tocar juntos padre, hijo y sobrino"
Los Oficialdegui de Artajona y los Baztán de Andosilla acuden cada año a la salida de gaiteros tras el chupinazo: "Es un momento mágico, lo mejor de las fiestas"


Publicado el 04/07/2024 a las 05:00
Los Pérez de Obanos de Tudela, los Alcoaz de Tafalla, Aracama en Puente, Sandúa en Ablitas, las hermanas Duval de Estella, López en Sangüesa, Abaurrea en Lumbier... las sagas familiares de gaiteros abundan en Navarra. Así surgió la afición en la familia Oficialdegui de Artajona y los Baztán de Andosilla, Lodosa y Zizur.
LOS OFICIALDEGUI, GAITEROS DE ARTAJONA
Ricardo Oficialdegui Lizaur, de 53 años, es profesor de música, director de la banda de Artajona y de otras agrupaciones, divulgador de la música tradicional y toca varios instrumentos. “Pero por encima de todo soy gaitero”. Por eso muestra con orgullo una foto de 1980, del 6 de julio en la plaza Consistorial. “Yo soy el del tambor. Tenía 9 años. Está Javier Lacunza, los tres hermanos Fraile y yo. Así era la salida de los gaiteros en el arranque de la fiesta hace 45 años”, recuerda.
Conforme pasaban los años y crecía de altura, Oficialdegui ha visto crecer el alarde de gaiteros de Pamplona en número y popularidad “hasta hacerse viral”. Desde sus 1,87 metros de altura puede apreciar cómo toda la plaza Consistorial bota al unísono creando una ola que va y viene. “Es un momento mágico”, expresa. Hace 11 años, le acompañó por primera vez su hijo Ricardo Oficialdegui Ripero y en 2022 se sumó su sobrino Pablo Alfaro Oficialdegui, de 15 años. Los tres conforman los Gaiteros de Artajona.
El cabeza de familia tuvo como maestro a Javier Lacunza, que es familiar suyo. “Todos los gaiteros que hay actualmente en Navarra son discípulos de Lacunza o discípulos de sus discípulos”, señala. Destaca que, con distintos nombres, la gaita es un instrumento que existe en todas las culturas y todas las partes del mundo. “Es un instrumento muy básico -explica-, un trozo de madera con agujeros y una caña de río. Suena fuerte porque es corta y cónica”. A pesar de la aparente sencillez, aclara que es un instrumento “psicológicamente muy duro”. “Hay gente que aprende a tocar pero no se atreve a salir a un pasacalles. Al final es un dúo solista y cualquier mínimo fallo se nota. Exige mucha concentración”, describe Ricardo padre.
Ricardo hijo, de 20 años, estudia magisterio en la UPNA y saxofón en el conservatorio profesional Pablo Sarasate de Pamplona. Además, toca en la charanga Forris’tar de Artajona. Pero al igual que su padre se siente “sobre todo gaitero”. Con 9 años se estrenó en el chupinazo. “Los que vienen de fuera esperan al cohete y luego intentan salir de la plaza. La gente de aquí lo que realmente espera es la salida de los gaiteros. Hay cuadrillas que se colocan todos los años en el mismo sitio. Se saben las canciones y ves cómo disfrutan del momento y te emocionas. Hay mucho respeto, nada de empujones ni desbarres”, relata sobre ese mágico momento.
Pablo Alfaro, de 15 años, iba a estrenarse con el tambor en 2020 pero la pandemia se lo impidió. Así que tuvo que esperar a 2022 para dar sus primeros redobles. “Estaba muy nervioso pero todo salió bien”, recuerda este adolescente de profunda mirada y dedos ágiles y seguros. Ha terminado tercero de la ESO en Puente la Reina y estudia tuba en el conservatorio. “No toco la gaita pero quiero aprender”, señala Pablo. Su tío Ricardo no puede estar más satisfecho. “Es un orgullo poder tocar con tu hijo y tu sobrino”, señala.
La música y Artajona son dos pasiones que van de la mano en la familia Oficialdegui. Ricardo no se siente capaz de componer pero está más que acostumbrado a hacer arreglos y adaptaciones, sobre todo para banda, charanga o para Gaitabrass, una original agrupación de dos gaitas, batería, trombones, tubas y bombardinos. “Tocamos cosas como Nino Bravo, Queen, la jota de Sarasate, Abba... Tenemos un disco”.
Otra de sus facetas es la música coral. “La familia Bañales Leoz, de Artajona, nos entregó unas carpetas con auroras, algunas se cantan habitualmente y otras son desconocidas. Las estamos recuperando. En una carpeta me encontré una aurora de grandes dimensiones para el día de la Virgen de Jerusalén compuesta en 1956 por el padre Vida Urra, misionero, y que no llegó a estrenarse por su alto grado de dificultad. Me hacía ilusión recuperarla y el pasado mes de mayo la estrenamos aquí en Artajona para coro, orquesta y órgano”, relata Ricardo, que hace 15 años terminó en Barcelona el grado superior de música tradicional.


GAITEROS BAZTÁN: "LA PIEL DE GALLINA AL VER A TODOS BOTAR"
Roberto Baztán Pagola, de 58 años, era cliente habitual del bar Ideas de Andosilla, que llevaban dos amigos de la cuadrilla. Tenían un disco de Gaiteros de Pamplona que ponían con frecuencia. “A mí me fascinaban aquellas primeras notas, las introducciones. Así que me propuse aprender la gaita para poder tocar aquellos pasajes”, rememora. Un sueño que ha cumplido miles de veces, entre ellas, el 6 de julio a las doce del mediodía en la plaza Consistorial, rodeado de otros 200 gaiteros. “Fui por primera vez en 1997 y apenas he fallado algunos años. Es un momento impresionante, que pone la piel de gallina”, expresa. “El día más importante del año”, ratifica su hijo, Iker Baztán Barguilla, también gaitero, y que se estrenó en el alarde en 2012 con 12 años.
Gaiteros de Lodosa, Gaiteros de Andosilla y Gaiteros Baztán de Zizur son las tres agrupaciones a las que pertenecen este padre e hijo que comparten la pasión por la música y por las tradiciones navarras. Han tenido “los mejores maestros”: los Fraile, Javier Lacunza, Carlos Ruiz (gaiteros Deierri), Julián Goroskieta… “Es un instrumento difícil y que exige buena condición física, un constante flujo de aire y mucha técnica y control de la embocadura para afinar”, aseguran. Lo dicen con fundamento. Roberto también toca la trompeta. Iker también empezó con la trompeta pero luego estudió percusión en el Conservatorio Profesional Pablo Sarasate y Pedagogía en el Superior. Ha compuesto varias obras para gaita y banda, además de realizar arreglos y adaptaciones. Ambos son miembros de la Banda Municipal de Zizur, donde residen. Iker también toca en la charanga Turrutxiki, de Esquíroz, para la que compone arreglos. Por último, está aprendiendo a hacer boquillas de gaita. Le enseña Lacunza.
Roberto posee otra vena artística, la pintura. “He hecho varias exposiciones en casas de cultura y bares. Y me he presentado al concurso de carteles de San Fermín”. En 2007 su cartel fue de los seleccionados para la exposición. Era un mosaico de gigantes y gaiteros en la calle Mayor.
Los inicios musicales de Roberto son con 13 años en su Andosilla natal. “Muchos chavales nos apuntamos a la banda, que dirigía Pablo Gallego, de Elciego. También tocaba en la charanga Aburrecalles, con Alfonso Baigorri, que empezó con la gaita y yo me animé”, relata. Roberto, Alfonso y Gonzalo Cantero (fallecido en 2007 en accidente de tráfico) fundaron los Gaiteros de Lodosa en 1997. En el grupo se estrenó Iker al tambor con 8 años. Había empezado a los 6 a dar clases. “Llevo escuchando la gaita desde que estaba en la tripa de mi madre -la lodosana Ana Esther- y desde que empecé a andar iba yo con el tambor de juguete a todas partes”, recuerda Iker.
Este 6 de julio volverán a estar en el zaguán de la Casa Consistorial a la espera del chupinazo. Les resulta difícil describir lo que se vive en la salida a la plaza. “Ves a todo el mundo que levanta las manos y empieza a botar y se te pone la piel de gallina. Apenas te oyes y es fácil perder el ritmo, sobre todo en Chapitela, cuando el grupo se alarga. Por eso cada cuatro o cinco metros se coloca un bombo, que levanta el brazo para que le veamos”, señala Roberto. “Lo bonito es que te encuentras con gaiteros a los que ves de año en año. Primero quedamos a almorzar y después a comer en el frontón de la Mañueta. Se forma una sobremesa sensacional, tocando piezas. Y después vamos de pasacalles”. Admiten que en algún momento puede resultar agobiante. “La gente de Pamplona te respeta, pero algunos de fuera no tanto. Y si alguien te da un empujón te puedes clavar la boquilla y hacerte una herida”, apuntan.