San Fermín 2024
La historia de la imagen de los gaiteros tras el Chupinazo: "Dijimos que sí, nos atrevimos a salir, seríamos 8 o 10"
José Luis Fraile explica que la “curiosa historia” de la icónica imagen de los gaiteros en la Plaza Consistorial tras el Chupinazo no es tan añeja. Hace apenas 40 años se empezó a gestar el singular mosaico que da la vuelta al mundo


Actualizado el 04/07/2024 a las 09:53
José Luis Fraile Pernaute, pamplonés nacido en la calle Estafeta, músico, nieto, hijo y hermano de músicos de calle, tiene 70 años y desde hace 45 es gaitero en Pamplona, un rostro que forma parte de la idiosincrasia de la fiesta, con su instrumento en la mano, o asido a la cintura.
Fraile recrea la historia “un tanto curiosa” de una imagen ya icónica en los momenticos de la fiesta: “La salida, tal y como la conocemos actualmente, de los gaiteros tras el Chupinazo” que, sin ser la primera música de los Sanfermines, sí es la que funde la plaza en una algarabía de decibelios y desenfreno que solo se repite en esos instantes cada 6 de julio con las notas de ‘Ánimo pues’, obra del maestro Manuel Turrillas. Sin embargo, no se trata de una imagen antigua. Es más bien joven, apenas 40 años.
La ‘Biribilketa’ de Gainza, interpretada al unísono por txistularis y la banda municipal La Pamplonesa es la primera música de los Sanfermines, la que suena inmediatamente después de que el Chupinazo surque el cielo. La tocan en el zaguán del Ayuntamiento y la megafonía trata de proyectarla al exterior en un intento algo baldío porque los decibelios de las gargantas engullen el propósito. A los pocos minutos los txistularis salen a la plaza del Ayuntamiento e interpretan ‘Agur Jaunak’. Hay quien levanta ya las manos, tiesas como batutas, como si las calentaran para cuando desfilen los gaiteros.


Y después ya comienza a dibujarse en la plaza el mosaico de gaiteros, como si delinearan el corazón de la plaza misma, son capaces de hacer circular por todas las arterias la alegría de una instantánea que, como corrobora José Luis Fraile, no es añeja. “Cuando empezamos nosotros salíamos la banda de gaitas, la de txistus y la Pamplonesa, cada uno tocaba en la plaza y seguían el recorrido. Recuerdo que llegábamos al Niza y apenas nos seguía nadie”, explica. “Con Julián Balduz alcalde y Camino Oslé, concejala de Cultura, llegó el cambio. Ya entonces empezó a haber más afluencia de gente y empezaron los problemas con botellas de cerveza, cristales por los aires. En cierta ocasión un músico de la Pamplonesa recibió un botellazo y la banda se negó a salir. Por eso la ‘Biribilketa’ se toca en el zaguán, porque entonces los municipales no estaban en la plaza, había que salir sin protección y nadie quería hacerlo en aquellas condiciones. Nosotros propusimos a Camino Oslé ser la punta de lanza, le dijimos que sí nos atrevíamos a salir, seríamos 8 o 10. Hay una postal curiosa de entonces y fue ella la que propuso que la policía municipal nos hiciera un pasillo”, relata.
“Nosotros en aquellos años empezamos a invitar a compañeros de Sangüesa, de Lumbier, de Tudela, de Baigorri, Vitoria, Bilbao... y hoy día el ayuntamiento nos concede permiso para un máximo de 200 gaiteros que son los que formamos esa imagen. Y tratamos de cuidar esa estética visual, también con el traje, todos iguales. Esa estética festiva no es casual y de alguna manera atrae”, sostiene Fraile.
‘Animo Pues’ se acompaña de la percusión de los bombos. “Y, como subraya, hay que tener en cuenta que la gaita suma volumen, 35 decibelios multiplicados por decenas más”.
José Luis Fraile considera que la gaita está en expansión y es evidente el mismo día del Chupinazo, cuando también tocan otros grupos numerosos. Uno de ellos sale también del zaguán con su atuendo, diferente. Y otro más, en la Plaza del Castillo.
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