Despedida a una leyenda
Pablo Hermoso de Mendoza: "Nunca pensé en lograr tanto ni creo que lo busqué"
Feliz, pleno, abrumado por todo lo vivido en sus 58 años y siempre, y sobre todo, agradecido, prepara en su finca de Zarapuz sus últimas corridas. Adiós por San Miguel en Sevilla y luego en Estella, el lugar de “su principio y su fin”, una despedida especial


Publicado el 30/06/2024 a las 05:00
¿Cómo se siente, cómo está viviendo su última temporada?
Con fuertes emociones, pero feliz y pleno.
E imagino que con muchísimos recuerdos.
Sí que es verdad que en toda mi vida nunca había mirado tanto hacia atrás como en estos momentos. Siempre había mirado hacia delante. Y ahora, con el anuncio de mi despedida, he mirado mucho más a todo este recorrido profesional y analizas cuando empezaste, las inquietudes que tenías, con lo que soñabas, lo que querías conseguir. Vas repasando todo lo vivido y lo conseguido y la verdad que me abruma. Nunca pensé que iba a ser tanto ni creo que busqué que fuera algo tan importante.
¿Alguna vez pensó no puedo más?
En mis principios siempre pensé que a mis 40 años me iba a retirar o antes. Que iba a ser una carrera intensa pero no tan longeva. Se fue alargando, me fue apasionando lo que hacía. Pero entre todos esos recuerdos, cuando analizo los años pasados, indudablemente hubo momentos maravillosos, de éxito, de realización humana y profesional pero también difíciles, en los que me veía sin fuerzas, agotado.
Los años sin descanso.
De torear 147 corridas, 34 corridas un mes de agosto que me despertaba en la camioneta y no recordaba dónde había toreado dos días antes. Sentía que los caballos estaban cansados. También yo, a veces física y a veces psicológicamente. Algunas veces incluso se me saltaban las lágrimas a la hora de vestirme diciendo pero de dónde voy a sacar fuerzas si ya no quiero hacer esto, si ya estoy saturado. Pero luego se hacía el milagro, me vestía, estabas en la plaza , sentía el publico y otra vez me volvía a sentir bien. Pero sí. Hubo momentos de esos, difíciles a la hora de compaginar la vida familiar, los viajes. Una saturación psicológica muy fuerte.
¿Qué empuja a seguir cuando se ha logrado tanto?
Yo creo que va en la persona. Yo siempre recuerdo una frase que decíamos en las competiciones de galgos. El que se para pierde. He sido de esas personas que, aunque hubiera estado roto por todos los sitios, siempre hacia delante, hacia delante, buscar la manera, buscar las fuerzas y siempre he visto la luz al final del túnel.
¿Por qué el adiós ahora?
Ha sido una reflexión ya de cuatro o cinco años. Después de la pandemia, de ese parón y de volver a empezar, ya pensé que el momento podía estar cerca. Luego la carrera de mi hijo también ha influido. Ahora toda la familia estamos totalmente volcados en él y podemos vivir la fiesta a través de él. Él sigue el legado. Y ha habido un momento en que, aunque disfruto de lo que hago y me sigue apasionando, me planteaba qué más puedo hacer de lo que he hecho. No quiero ser ya repetitivo, no quiero que tampoco se me vea en el ocaso de mi vida. Quiero irme todavía en plenitud. El año anterior podía haber sido el de la despedida pero por no juntarlo con un año de consolidación de Guillermo, por no estorbar en su carrera. decidí separar ambas cosas. Creo que fue una buena decisión. El año pasado fue importante para él, triunfó en las plazas importantes, se consolidó y éste está más dedicado a mí.
¿Qué momentos han sido claves y marcado su evolución?
Creo que lo más importante ha sido el día a día, el trabajo, seguir apasionado siempre. Pero sí ha habido momentos trascendentales en mi vida profesional. Uno, el rabo de Sevilla. Fue como dar un paso y decir, en este paso he entrado en la historia. Un rabo en Sevilla no se ha conseguido en 25 años y luego creo que otra vez llevamos otros 20 que no se ha logrado. Después, fue muy importante cuando decidí que quería exportar, abrir fronteras a mi profesión e ir a Latinoamérica. Llegué a la Monumental de México con un triunfo importantísimo, el primer rabo que cortaba un torero a caballo en esa plaza. Sobre todo, se abrió un campo de acción que en mi vida ha sido casi un 40% de mis actuaciones. Hubo otro momento cumbre, en la Santa María de Bogotá, que era más de toreros de a pie y donde corté un rabo. Vendría a partir de ahí un país totalmente mendozista, me atrevería a decir, igual que México. Y antes hubo otra fecha clave, en el 94. Una sustitución de una corrida en Zaragoza en la feria del Pilar a raíz la que se me abren las puertas del gran circuito.
Escuchándole uno se pregunta qué queda de Pablín. Del niño y joven antes del rejoneador.
Quedan los recuerdos más bonitos. Cada vez que bajo al barrio de San Pedro, que bajo a menudo a casa de mis padres, todavía me encuentro con señoras que me dicen Pablín. Ahí nacen todos mis recuerdos. Comienza esta hermosa historia. En la calle La Rúa, donde yo montaba, veo todos esos escenarios que antes me parecían grandes y ahora muy chiquitos. Yo iba a entrenar con el caballo en una era de trilla que ahora es un talud de jardín y entonces para mí era un picadero sensacional. Después el Santo Sepulcro, donde iba a enseñar a los caballos que se subieran en las escaleras e hicieran algunas cosas que luego iban a hacer en la plaza. En definitiva, mi origen.


¿También su despedida?
Mi adiós en principio será el 29 de septiembre en Sevilla, en la feria de San Miguel, pero tengo en mente algo especial después en Estella. Son fechas en las que ya empieza el frío, pero aquí empecé y aquí quiero terminar. Aquí están mi principio y mi fin.
Antes, San Fermín. ¿Qué es Pamplona?
Es la cita más importante del año, donde se conjuntan todos los aficionados de Navarra además de mucha gente que viene de fuera. Después, Pamplona para mí siempre fue como la catedral a la que iba de niño y decía, si un día llego a torear aquí. Era como el homenaje al toro toro, a la salida del toro, una fiesta de primera en una plaza de primera. Y luego , el saberme pionero o fundador de esa corrida de rejones que ahora tanto gusta al público de Pamplona me crea un vínculo con esa plaza a la cual tengo respeto, tengo gratitud y un compromiso fortísimo a nivel moral.
¿Las otras plazas de su corazón?
Es difícil definir una porque he vivido tantas historias bonitas en muchas de ellas. Estella es mi pueblo, el patio de mi casa donde yo entrenaba, empecé vestido de pamplonica, toreé el primer festejo sin vestirme de torero. Cuando toreo en Estella es el placer, ahí no hay nerviosismo, es como una fiesta entre familia. Luego, indudablemente, Madrid, Sevilla y México son los tres grandes escenarios, incluso juntaría Campo Pequeño, en Lisboa, que me han catapultado y en los que cualquier torero sentimos que tenemos que dar el do de pecho. Es donde se escribe la historia y nuestro futuro.
¿Los caballos de su vida?
Ha habido ciento y pico caballos con los que he toreado pero está Cafetero, por ser el primero. Y después creo que cuatro han sido rotundos en mi vida. Cagancho, Chenel, Disparate y Berlín. ¿Por qué rotundos? Porque hay caballos que han sido estrellas pero han tenido un momento muy determinado en la lidia del toro y con ciertas limitaciones y estos cuatro han sido completos. Yo salía, podía tener cualquier toro frente a mí que sabía que podía desarrollar todo lo que yo sentía y eso solo lo he conseguido con ellos. Dicen que un rejoneador puede dar con uno de esos en su vida Yo presumo de haber tenido cuatro.
¿Cómo se construye, cómo se llega a esa relación con el caballo?
Es algo pasional porque se inicia siempre con un enamoramiento. El potro me empieza a transmitir sensaciones que me apetece trabajar con él, me apetece vivir una historia y crear un binomio, una relación en la que haya un entendimiento al máximo, donde yo sienta que puedo volar con él, ser parte de su movimiento. Así es como comienzo. Luego estás viviendo con él en muchos momentos. En la caballeriza entras a ver como está, a tocarlo, y cada día tienes tus 40 o 60 minutos en los que entras en la preparación física, anímica, empiezas a crear el lenguaje de cómo entenderte con él, de cómo hacerte entender y ser los dos uno. Entonces buscas ese momento maravilloso porque creo que es con uno de los pocos animales que puedes hacerlo. Con un perro puede haber una relación magnifica pero no puedes ser parte de su movimiento. Aquí te montas, te fundes con él y llega a ser parte de tus pensamientos. En esa compenetración se da un centauro que es maravilloso porque corres, saltas, toreas, nadas, haces cantidad de cosas sintiendo que eres parte de él. Ese ha sido mi sueño desde que empecé y seguro que moriré sin alcanzarlo porque la perfección no existe. Pero cada día das un paso más, encuentras un secreto en el alma del caballo.
¿A qué va a dedicarse y cómo seguirán los caballos en su vida?
Voy a seguir haciendo lo que más me gusta, que es montar a caballo y seguir intentando mejorar mi equitación, legar a ese sueño. Y estaré siempre abierto a torear una corrida especial, un festival benéfico, donde yo pueda sumar de alguna manera y sentirme vivo.
"Veo a Guillermo listo para seguir por sí mismo"
Vuela el hijo y el padre seguirá viviendo a través de él la fiesta. Con más tiempo para familia y amigos, para esos lazos fuertes creados por todo el mundo que le seguirán llevando hasta México cada año.
Pleno y feliz. ¿Qué le queda por lograr?
Feliz y, sobre todo , agradecido. Pero ¿qué me queda? Me queda seguir escalando. Si me quedo arriba de la montaña ya no hay vida, seguir escalando y seguir viviendo con toda mi familia, con toda esa segunda familia de amigos que hemos creado por todo el mundo que es muy grande y muy bonita, con unos lazos tremendamente fuertes. Seguir fomentando todo eso y seguir creciendo en mi ámbito profesional. Si no lo demuestro en la plaza, donde ahora estará mi hijo, voy a seguir trabajando en el laboratorio para seguir creciendo.Y poder dedicar el tiempo que a lo mejor la profesión me ha robado. Ahora espero poder tener un poco más de tiempos para ellos.
Guillermo. Hablemos de su hijo.
Le veo feliz porque está haciendo lo que le apasiona, que es el mundo del toro y, además, ha llegado a un punto en el creo que tiene un futuro por sí mismo. Ha andado un tiempo de mi mano pero ya puede caminar por su propio pie. Ahora pues vamos a ver hasta dónde es capaz de sacrificarse para llegar. Está en manos de su sacrificio y de su esfuerzo.


¿Qué consejos les han dado a él y a sus hijas, qué valores les han inculcado?
Yo creo que los consejos es el ejemplo de toda una vida, de crecer contigo y ver la importancia que le das a la dignidad, a la verdad, a la sinceridad, al valor de la amistad. Todos los valores que Miren y yo hemos trabajado, hemos presumido de ello. Creo que nuestros hijos los han mamado desde niños y se han impregnado de ellos.
Le va a tocar vivir tiempos muy distintos con un debate muy polarizado en torno al mundo del toro. Con decisiones como la supresión por el Ministerio de Cultura del Premio Nacional de Tauromaquia. ¿Qué opina?
La fiesta indudablemente ha cambiado mucho respecto a cuando empecé a en ese aspecto y ahora hay más ataques. Pero más ataques como hay en el medio político, en el medio europeísta. Hay mucha más expresión de todo el mundo, muchas más opiniones, opiniones que se plasman a través de las redes sociales. Hay más ruido. Pero también estoy sintiendo en este momento una respuesta del mundo taurino de más defensa. Como que antes estábamos un poco callados y ahora se está consolidando con esos movimientos de defensa desde nuestro lado. Que con todos los años que ha vivido, la fiesta va a seguir viviendo. Creo que va estar más líquida porque, de repente, llegará una corriente política en un pueblo determinado que a lo mejor lo va a prohibir, como ha pasado en Cáceres. Y luego va a haber otra corriente política que ha vuelto a abrir esa misma plaza con un éxito tremendo. Junto a ello, algo que me agrada es que hay mucha gente joven en las plazas que años atrás no se veía. Empieza a darse una renovación del público joven con estos toreros jóvenes con los que se sienten identificados.´
Más tiempo para la familia y esas relaciones hechas por todo el mundo ¿Dónde están sus grandes amigos? ¿Conserva los de la infancia?
En Estella me he creado un mundo un poco personal aquí, en la finca, pero sigo teniendo muy buenas relaciones y, de hecho, siempre hay gente de Estella que viene casi a diario a la finca. Luego, a través de mis hijos, sus amigos vienen también. Miren baja a diario a Estella y sigue esa convivencia directa. Luego tengo amigos en Portugal, Francia, Colombia, Perú, Ecuador, pero especialmente en México. Yo digo que soy navarro y mexicano porque mis relaciones íntimas están en Navarra y están en México. Navarra me crió pero México luego me adoptó. Me ha dado un cariño tremendo porque gente en un país que no conocías te ha abierto las puertas de su casa, te ha abrazado, te ha cuidado, te ha mimado. Me siento con ese vínculo y, cuando vienen a España, les arropamos de la misma manera.


¿Seguirá viajando igual?
Sobre todo a México. Tenemos ya allí nuestras raíces familiares. Mis hijos no van a dejar de ir, Miren y yo viajaremos cada año. Tenemos también negocios, un desarrollo residencial campestre en San Miguel de Allende de 200 hectáreas y continuaremos viviendo la mitad del tiempo allí y la mitad aquí como hemos hecho hasta ahora.
¿Cómo ve su tierra un navarro universal?
Adoro navarra y presumo de ser navarro por todo el mundo. La Medalla de Oro fue para mí creo que el galardón más bonito que he recibido en toda mi vida. Pero no solo es el lugar donde nací sino que es, yo creo, el secreto de mi carácter, de mi tesón. Lo que me ha aportado la cultura navarra, sus gentes en mi crecimiento hasta mis 25 años. Parte de lo que yo soy me lo ha dado mi tierra y soy consciente de ello y estoy agradecido. Navarra es mi centro neurálgico, mi centro de pasiones de lo cual estoy orgulloso y nunca renunciaré. A la gente que viene de visita presumo de llevarlos todos los rincones hermosos que tiene y de enseñarles nuestra cultura. Siempre estaré llevando Navarra en alto por todo el mundo.
“Es momento de la gratitud, de dar gracias a la vida y a Navarra”
Entre esos reconocimientos ,el Club Taurino Estellés ha retomado la i iniciativa previa a la pandemia de que tire el cohete del Viernes de Gigantes ¿Le gustaría?
La verdad es que estoy siempre abierto a las invitaciones donde mi nombre pueda ser significativo, sumar algo. Pero nunca pido cosas ni busco nada. Es igual que en el plan religioso. Nunca pido y luego, cuando acaban las cosas y salen bien, me gusta dar las gracias.
¿Es religioso?
Tengo como una capillita en casa donde guardo todos los regalos religiosos que me han dado en el transcurso de mi vida y entonces ahí quedan esos recuerdos. Es un tema religioso pero es como una mezcla de las creencias de la gente que me lo ha dado con la fuerza y el cariño que me lo dieron . Creo más en ese apoyo que en el tema espiritual del más allá. Me sirve como esa creencia de esas personas que me las han traspasado dándome lo mejor de ellas, la mejor energía y fuerza que me quieran dar yo las traspaso a esa fe que tengo en todo ese amor que me han aportado.
El amor de Nati, su madre.
Mi madre, que ponía la veladora cada vez que iba a torear y que ahora mi padre también lo hace. Esa fe que ellos han tenido en que todo iba a salir bien yo la absorbo. Y luego hay un detalle muy bonito que siempre cuento. Cuando fui a México el primer año caí allí como con paracaídas, un paracaidista sin conocer nada. Mis hijos con seis meses, Miren y yo. Fue toda una historia complicadísima y Miguel Alemán, una persona muy importante de allí, me mandó un regalo como tantas otras personas, apapachándome. Una cesta de fruta y una imagen muy bonita de la Virgen de Guadalupe. Y yo aquella imagen, no sé por qué, pero me hizo sentir algo especial. No sabría explicarlo. No sé si era religioso, si era espiritual, pero siempre la llevé en mi camioneta de torear puesta donde yo me siento. Hasta el día de hoy ha estado allí. Al paso de cuatro o cinco años de aquello, en la iglesia de San Pedro, en el bautizo de mis hijos, entro y voy donde yo me ponía siempre con mi padre en la misa de 9.30 de la mañana los domingos. Veo tras el altar de San Andrés, a un lado a la derecha hacia la sacristía, una imagen grandísima de la Virgen de Guadalupe. Cuando acaba el bautizo entré a hablar con el párroco y le pregunto, esa imagen ¿está ahí de siempre? Me dice sí, sí. La trajeron navarros que viajaron a México y hay cinco imágenes repartidas por iglesias de Navarra y una es ésta. Entonces me di cuenta de que yo en mi subconsciente había grabado aquella imagen, sin saber qué Virgen era cuando era niño. Y cuando llegué a México y me dieron aquello de alguna manera me hizo sentir como el arrope de la iglesia en la que yo había crecido.
Es una hermosa historia de un hombre espiritual. ¿Cómo cultiva su interior?
Medito. Hago mucho yoga y mucha meditación. A veces también constelaciones familiares. Mirar un poquito más allá , que hay algo más de lo que percibimos en nuestro día a día. En una de esas constelaciones fue curioso porque una persona se consteló en mí y en esa constelación esa persona era Pablo Hermoso artista y yo era Pablo Hermoso persona. Entonces me mostró como el Pablo Hermoso artista había absorbido toda mi vida, a la persona. Yo quería a que me devolviera mi personalidad, que me devolviera mi vida. Ahora quiero tener esa vida personal que he perdido durante estos años y que no me duele haberlo hecho porque he sido muy feliz. Reencontrarme conmigo mismo y encontrar esos espacios, cosas que me gustaba hacer pero que las he perdido.
¿Cuáles de esos momentos le gustaría recuperar?
Jugar a la pelota, irme al monte a pasar a lo mejor ocho días en una tienda de campaña, hacer una excursión ecuestre de varios días. Cosas que de niño hacía y que me apasionaban y que las he perdido estos años. Reencontrarme también con momentos de tertulia, largas tertulias con amigos, con escritores, con políticos. Con todo tipo de personas donde me encanta platicar, enriquecerme porque no soy muy lector y entonces hablando saco en esas conversaciones parte de mí que me gusta sacar.
¿Qué echará más de menos?
A estas alturas creo que voy a echar poco de menos porque los viajes ya me saturan y los días de hotel también. Lo mismo me ha ocurrido con el bullicio de antes de torear. El verme delante del toro lo voy a seguir haciendo en mi casa, para mí, para mis amigos. Creo que la adrenalina podía echarla en falta pero la voy a vivir con Guillermo y con creces. Mi vida ha sido redonda en lo profesional, mucho más de lo que me había planteado y estoy mentalizado.
Desde esa cima profesional ¿cómo definiría a la persona?
Siempre, cuando me lo preguntan, creo que lo tienen que decir los demás. Nosotros nos definimos como nos gustaría ser, pero no como somos. Es curioso porque hay gente que me dice que tengo una personalidad que a veces marco como una distancia. Eso, por ejemplo, nunca lo he sentido pero sí me lo dicen mucha gente. Otras personas todo lo contrario. Con los que trabajo me dicen que soy muy cercano. Creo que en mi análisis de mi mismo soy muy diferente según con la gente que estoy. Como que con la gente muy sencilla me vuelvo muy sencillo y muy terrenal. Cuando hablo con la gente muy espiritual me traspaso a otro lado. Me he movido en muchos ambientes y en cada ambiente soy uno dentro de mi personalidad y mis valores.
¿Con qué palabra expresaría mejor esta despedida?
Gratitud. Es el momento de dar gracias a la vida y a Navarra porque yo pasé once años hasta que se me abrieron las puertas del gran circuito, desde el 83 al 94 que mi tierra me hizo creer en mí mismo. La que me apoyó, la que me alentó y me dio de comer para que me autofinanciara. Sin salir de Navarra toreaba aquí hasta 14 corridas y hoy miro atrás y pienso en la de plazas que he toreado aquí. Gracias a toda la afición de Navarra, a mi pueblo por haberme apoyado como siempre hace con los suyos. Como hace con Osasuna, como hacemos con nuestros pelotaris, como hicimos con Induráin. Incluso cuando fui a México los primeros que se me presentaron fue el Hogar Navarro. Recuerdo como vinieron todos a arroparme y decirme que ahí les tenía para lo que necesitara. Creo que eso nos caracteriza a los navarros, el apoyarnos unos a otros.

