Rejoneador
Guillermo Hermoso de Mendoza: "Mi padre es admirable"
Orgulloso de quien es pilar de la familia junto a su madre y maestro en la profesión, Guillermo Hermoso de Mendoza sortea con su personalidad la odiosa comparación con el gran referente de la lidia a caballo


Publicado el 30/06/2024 a las 05:00
Nadie se movió el 5 de febrero de la plaza de México D.F. hasta que Pablo Hermoso de Mendoza encauzó la salida. Abrió la puerta grande de la despedida en la tierra que es hogar familiar de octubre hasta marzo. Y lo hizo con los brazos en alto con su figura destacada por encima de un grupo de entusiastas, apoyado en los hombros de Guillermo, discípulo aventajado de su arte y por encima de todo, hijo.
En San Miguel de Allende, distante a 270 kilómetros al norte de la capital mejicana, Guillermo, al igual que su hermana melliza Paula, recibió pautas de aprendizaje con un profesor particular para preparar los exámenes de secundaria en Lizarra Ikastola, donde estudió.
A la par que iba adquiriendo conocimientos intelectuales y su mente se preparaba para completar un grado medio en Agroforestal, aprendía del ejemplo de su padre en el manejo de los caballos para seguir su estela y consagrarse en la disciplina de caballero andante de los cosos taurinos. Muchos de los consejos recibidos fueron y siguen siendo mudos. “Simplemente con verle a él, con sus enseñanzas, su constancia y su amor a los animales” bastan. “Conviviendo con él se palpan” los secretos, los principios y los criterios que “ayudan a madurar” como rejoneador y antes que nada, como persona. “Yo que me metí tan jovencito -reconoce Guillermo- fue algo que me ayudó a evolucionar tan rápidamente”.
No es de extrañar que en un ambiente familiar dedicado a los caballos se iniciara en la tarea a temprana edad. Por influencia “genética” del padre, pero también del abuelo, viendo “desde crío caballos y toros” y trajinar entre ellos a su progenitor, resulta comprensible un principio de interés que fue en aumento hasta caer rendido y entregarse por entero: “Me metí en ello”. En la Real Maestranza de Sevilla, lugar de culto en el arte del toreo, recibió la alternativa en 2019, con 19 años de edad, para iniciar una carrera prometedora con el cúmulo de los primeros éxitos. El pasado 18 de mayo, en otro marco de veneración como son Las Ventas madrileñas, abrió la puerta grande de la Feria de San Isidro. “La tarde de Madrid -subraya-fue algo muy emotivo. Me salieron muy bien las cosas”, pero la despedida tributada a su padre con el público entregado adornó una faena para el recuerdo. “Fue algo impresionante”. El cúmulo de “emociones y sensaciones fue algo que traspasó cualquier despedida soñada”, evoca quien está llamado a prolongar el idilio de la familia Hermoso de Mendoza con el toreo a caballo.
“Muchas cosas” son las que estima de su mentor, “como padre y como profesional”. En esta última faceta, “el sacrificio que ha tenido por su vida y por su profesión, que sigue teniendo hasta su último año.. , las horas que mete, la persistencia…, es algo muy admirable”.
“A MI PADRE LE AGRADEZCO TODO”
Le faltan palabras para expresar el agradecimiento que siente por su guía en la vida. A su padre -dice- le agradece “todo. Junto con mi madre es el pilar de la familia. Igual cuando éramos niños no tenía tiempo porque estaba trabajando. Pero ha sabido sacar siempre los momentos para estar ahí con los suyos, con nosotros. Es algo que ha sabido gestionar muy bien. Y en cuanto a los valores en los que nos han educado mi padre y mi madre, es algo que queda para siempre. Basta ver cómo va la vida de mis hermanas y la mía”.
Por los lazos profesionales y sanguíneos estrechados fuera y dentro de las plazas, el año de la despedida está envuelto en un halo especial para un joven, como es el sucesor de la saga, que es cabal y goza de una mente capaz de controlar sus propias emociones. Siempre hay un deseo de suerte confiado a los compañeros de cartel, incluso reforzado en algunos casos con un abrazo, por saberse ser partícipes del mismo riesgo en la arena.
Pero los abrazos son más sentidos entre padre e hijo cuando coinciden, como será el caso de Pamplona, en el mismo programa. “Con otros compañeros -dice Guillermo- te deseas suerte y tienes todo el respeto del mundo. Indudablemente existe un grado de competencia. Con mi padre también, pero es una competencia sana”. En esa relación, hay un cruce de sensaciones particular por compartir caballos de la misma cuadra. Que si “este caballo ha ido mejor que el otro día o lo le he sacado mejor”. Es un código secreto dentro de la “competencia muy sana” a la que alude el hijo y en la que ambos -a decir suyo- “disfrutamos”.
A partir de la próxima temporada, no estará Pablo en el coso pero siempre estará al lado del hijo. “Es algo que tengo asumido desde hace un tiempo”, confiesa el sucesor. “En los últimos años me he abierto también a torear” sin que hubiese necesariamente coincidencia en los carteles”. Va “asumiendo rápido” la despedida de su padre de la arena.
“Quién sabe” lo que sucederá en el futuro no tan lejano cuando el toreo a caballo deba a acudir a las hemerotecas para seguir aplaudiendo a uno de sus grandes maestros. “Quién sabe” lo que le deparará su propio porvenir. “Uno -confiesa Guillermo- tiene aspiraciones, sueños pero soy una persona muy del presente. No me gusta mirar al futuro. Prefiero vivir el día a día. Al final, si vives del presente y quieres mejorar escalas posiciones día a día. Y mejorando es como se llega” a triunfar.
Como todas las comparaciones no hacen justicia, en este caso portar el apellido de un maestro de la lidia a caballo tiene su peso. La personalidad de Guillermo, forjada en la sencillez, contrarresta cualquier obligación de alcanzar el nivel de su referente cercano. “No quiero ser como mi padre. Nos han educado en la humildad. Para nada es algo que me moleste que mi padre haya llegado tan arriba. Al contrario, me enorgullece que me comparen con mi padre porque no me comparan con cualquiera. Me comparan con el mejor. Y eso es un orgullo. Desde que era un chaval siempre he tenido las cosas claras y sabía que podían compararme con él. Pero desde siempre tuve claro que lo importante es hacer el propio camino, tener mi propia personalidad. Seguro que habrá mucha gente que nos comparen y que también verá muchas similitudes”.
Encumbra a su padre al selecto grupo de profesionales que introdujeron un “cambio revolucionario en el rejoneo. Le dio un gran nivel”. En ese giro del que habla halló, entre otros, complicidad en dos figuras de referencia: Joao Moura y Manuel Vidrié.
En la despedida de Madrid de mayo pasado, Pablo Hermoso de Mendoza se fundió en un abrazo con el primero de ellos, al que le brindó la muerte de uno de los toros: “Quiero brindarte este toro por todo lo que has significado para el toreo, para esta plaza, y sobre todo lo que has significado para mí. Has sido mi gran maestro y junto a ti Manuel Vidrié que fue todo un referente y a través de este brindis quiero que le llegue a todos los compañeros que han compartido mi carrera. Muchas gracias” .
Entre esos compañeros de su trayectoria figura su hijo, que descubre de él su versión de embajador de Navarra allá donde ha toreado y triunfado. “Es -dice Guillermo- un orgullo de nuestra tierra”. La misma que seguirá admirando el apellido Hermoso de Mendoza.