La trastienda

"Si está toreando Roca, la peña se calla primero y se pone en pie a continuación"

Mariano Pascal
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Mariano Pascal

Publicado el 12/07/2023 a las 13:31

Tres toques con la muleta le bastaron a Andrés Roca Rey para cambiar al toro de terreno y callar a la gente de andanada y tendido que habían comenzado a cantar lo de la gitana loca. Como ninguna charanga estaba sonando en ese momento, menuda tarde musical más insufrible, a Roca Rey le bastó pasar del tercio de sombra a plantarse cerca de las rayas del sol para hacer callar a más de un millar de voces sin hacer un solo aspaviento. El liderazgo de Roca Rey empieza a superar cualquier antecedente.

Nueve corridas ha toreado de matador en Pamplona: en siete ha salido por la puerta grande, en una fue al hule con las orejas cortadas y sólo en una ocasión ha salido andando de la plaza. Su dominio de la escena es abismal y se permite pasar de todo cuando no le incumbe y revertir el ánimo de la más levantisca y despistada plaza del mundo en una tanda. Puede retrasar paseíllos por llegar tarde, inhibirse de la lidia, pasar de rituales populistas, que con tres muletazos va a tener a veinte mil almas jaleándolo aunque sea la primera vez que pisen una plaza de toros.

Su dimensión de figura hace tiempo que dejó de ser discutida y mientras el número de detractores pueden crecerle en otras plazas, en Pamplona su liderazgo es el de un caudillo. Si está toreando Roca, la peña se calla primero y se pone en pie a continuación. Por muchos antecedentes históricos que haya de toreros mandones en Pamplona, ninguno pudo mantener más tiempo la apisonadora que es ahora Roca Rey.

El liderazgo de Ruiz Miguel fue de otro tipo y frente a otros toros. El de Antonio Ordóñez lo recuerdan mucho más irregular los más veteranos. Este Roca Rey que nunca va vestido de oro es un matador consentido y mandón, al que cientos de novilleros quieren imitar sin poder y al que las rivalidades le caen un poco artificiosas.

Cayetanos y aberchandals, de tendido o de andanada, de Navarrería o de la Estafeta, de la trece o la catorce, de polo o de camiseta, de tribuna o de graderío, de sorbete o de champán, de sombra o sol, cuando Roca rey está en el ruedo todos se arriman en un “prietas las filas”.

Convertir ayer en anécdota la actuación de sus compañeros, cuando en la tarde hubo cosas de mucha enjundia, solo está en la mano de Andrés. Alguien quiso compararlo esta primavera con Dominguín, pero analizándolo con perspectiva sólo recuerda en que los dos llegaron en su día con la escoba de barrer.

Pero lo del peruano es ahora un aspirador industrial que , esperemos, respete los muebles y nunca se lleve por delante toda la casa que tanto costó levantar

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