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San Fermín 2022

Sanfermines de luz y desmesura

Ampliar Capilla de San Fermín
Varias personas dejan su pañuelo en la puerta de la capilla de San fermín en la parroquia de San Lorenzo para despedir los Sanfermines 2022Eduardo Sanz
Publicado el 16/07/2022 a las 06:00
¿Imaginas a Robert de Niro preguntando en Pamplona por el alcalde Enrique Maya? No es un imposible. Hubo una vez en que Charlton Heston se interesó por el alcalde de la época, entonces Miguel Javier Urmeneta. Era 1963 y en la plaza de toros el fabuloso actor estrechaba la mano a Debora Kerr, otra musa del cine, mientras el respetable miraba unas veces al ruedo y otras a los dos actores. No se trata de echar de menos que las estrellas de la pantalla conviertan los Sanfermines en destino turístico de sus preferencias de ocio. Ni siquiera de soñar con que la fiesta vuelva a ser lo que fue. Sencillamente de constatar la enorme atracción que ejercía el exotismo de los Sanfermines. Hoy esa mirada ha perdido energía y ha dejado entrar otra menos fascinante apoyada demasiadas veces en la desmesura.
EL MEJOR CHUPINAZO
Pero vayamos por partes. En el lado luminoso la fiesta empezó el día 6 con el encendido de la mecha de Juan Carlos Unzué, el mejor candidato imaginable tras dos años de dique seco por mucho que haya quien reclame que en Pamplona todo se haga por votación popular. Si fuera por ellos someteríamos a consulta ciudadana regularmente hasta si en los parterres deben sembrarse geranios o begonias. Gracias a Unzué por reinventar el chupinazo. Él supo este 6 de julio vincular la expresión de la alegría al agradecimiento. En esta ocasión con su reconocimiento a los sanitarios y a las personas que nos ayudaron en la pandemia. También a los enfermos de ELA de los que él constituye un destacado representante. Unzué ha sabido ponernos los pelos de punta con un mensaje entusiasmante hasta la emoción. Si antes exportábamos exotismo con nuestras fiestas porqué no pensar que podamos seducir en el futuro inmediato con esta hermosa manera de conmover y conmovernos.
LA VIOLENCIA
A los Sanfermines les sobran los episodios de violencia. La de quienes utilizan las fiestas para cometer agresiones sexistas. Y la de los voceros que multiplican con desmesurada difusión -otra vez desmesura- los comportamientos de estos vándalos sexuales. Contamos con algunas fortalezas. A cualquier observador bastan unos minutos para descubrir que en la ciudad de los desacuerdos todos los partidos políticos son capaces de respaldar un criterio unánime y compartido frente a las agresiones sexistas.
Sin embargo, hay otra violencia, también desmesurada, con la que una formación política coquetea. No es tolerable ni soportable que se permita a los fanáticos que insulten y agredan al alcalde y concejales (siempre de UPN y PSN) al final de la procesión. Me gustaría que compartiéramos la obviedad de aceptar que cuando un partido político, sea el que sea, logra el respaldo que las urnas exigen para conseguir la alcaldía o la presidencia, aquí o en Vladivostov, tiene todo el derecho a pasearse por su ciudad y por cada uno de los acontecimientos que en ella se celebren sin que nadie le insulte a su paso y por cada uno ni le agreda.
BUFET LIBRE
Nuestra fiesta sigue siendo un cóctel de farra, toros, mucha calle y San Fermín. De la oferta se pueden elegir los ingredientes como en un bufet libre porque si alguna magia mantienen es que cada uno configura el consumo a su libre saber y entender. Falta renovar las propuestas porque para que el plato que uno imagina sea perfecto no estaría mal incorporar toques de nueva cocina contemporánea. ¿Qué tal más conciertos? Más música, más grupos. El éxito en la plaza de los Fueros o en los espectáculos de Compañía lo atestiguan. Urgen propuestas ambiciosas en un tiempo en el que la música es el lenguaje de comunicación preferente para las nuevas generaciones. Se abarrotan los escenarios. Hacen falta nuevas ideas que concilien la manera tradicional de entender las fiestas y una renovación que lance al futuro los Sanfermines. Seguiremos siendo lo que fuimos porque en Pamplona por San Fermín hay quien luce de punta en blanco y quien entierra el blanco entre lamparones de ajoarriero y sangría. Gente que bebe kalimotxo que lleva de casa y osados que piden gin tonic en vaso de cristal a precio prohibitivo. Hay abonados de rezar al santo del 6 al 14 y quienes si les preguntasen les costaría explicar porqué las nuestras se llaman sanfermines. Y hay quien si les dan a elegir haría noche en la Vuelta del Castillo por lograr el mejor sitio para los fuegos. Somos así y ahora empezamos un tiempo nuevo. Ojalá que logremos reducir algunas desmesuras. Los Sanfermines son mucho más que una sucesión de barras de bar donde se expende alcohol sin orden las 24 horas del día. Esa es otra desmesura. Y algunos soñamos con ver a Robert de Niro un día en una recepción con el alcalde.
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