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Octavo encierro

La hermandad de Santo Domingo

Habituales de la cuesta ayudaron a portar en camilla al cascantino Mariano Jiménez, arrollado donde la carrera forja afición y amistad

Ampliar Instante en que Mariano Jiménez Baigorri está a punto de ser alcanzado por la manada en la cuesta de Santo Domingo
Instante en que Mariano Jiménez Baigorri está a punto de ser alcanzado por la manada en la cuesta de Santo DomingoJOSÉ ANTONIO GOÑI
Publicado el 15/07/2022 a las 06:00
"Santo Domingo es el encierro de Pamplona”. Donde se invoca al santo con el cántico repetido tres veces y los toros buscan la orientación de los mansos, fluye la hermandad de la compasión cuando cae uno de sus miembros. La cuesta es lugar de encuentro de experimentados en la vida y en la carrera, que conservan oficio y sensibilidad.
El jueves cayó el cascantino de 60 años de edad Mariano Jiménez Baigorri, al que la manada arrolló tras tropezar con otros aficionados de compasión compartida. Hoy sentirá el fin de los días que son de gloria para los que, como él, esperan cada año el amanecer del 7 de julio para ponerse delante de los toros. Acusará el dolor de las contusiones de la despedida de la edición de 2022.
Cuando el jueves resultó lastimado, una ola solidaria emergió entre amigos. “Coge la camilla”, le espetó el lodosano Miguel Leza Oliván, de sus misma edad, al hijo del corredor desafortunado, Eder. No tardaron en llegar manos para ayudar a portar su cuerpo golpeado. Ahí estaba, además de su heredero de afición y del propio Miguel Leza, Javier Muñoz Aguado El Boti, el mismo que hace tres años fue trasladado al hospital por un percance con los otros y que también recibió la ayuda y el consuelo de sus más que compañeros. “Lo pasamos mal cuando uno cae. La gente se desvive y tiende a ayudar”, observaba quien el jueves aportó su apoyo con la misma voluntad y afecto con el que fue atendido en 2019.
“Se han caído un par de chavales adelante...Ya se sabe en Santo Domingo somos chavalicos jóvenes”, relataba Miguel Leza con una licencia de humor, una vez conocido el alcance del tropiezo para su amigo y quinto. “Cuando uno cae en Santo Domingo, el resto se mueve para consolar, para animar...”, apuntaba como ejemplo de la unión y amistad forjada a base de años de simpatía, complicidad, respeto y expresiones de afecto. “Santo Domingo es el encierro de Pamplona. Aquí somos una familia”.
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