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Fijos en la fiesta

El Chucky de la Plaza del Castillo se llama Héctor Paolo

El peruano  trabaja doce horas al día portando el disfraz del personaje ficticio diabólico y sacándose fotos en la Plaza del Castillo a cambio de ‘una moneda’

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Héctor Paolo se disfraza de Chucky durante los SanferminesJESÚS GARZARON
Publicado el 14/07/2022 a las 06:00
Le pusieron de segundo nombre Paolo porque nació el mismo año que Paolo Rossi reventó el Mundial de España de 1982. “Eso me dice mi padre, no se si será verdad”, dice Héctor Paolo Cóndor, peruano que camina por la Plaza del Castillo enfundado en un disfraz de Chucky, un muñeco diabólico. Está sentado en la sombra, descansando. Son las doce del mediodía y el termómetro ronda los 35 grados. Ahora pueden pensar cuántos harán dentro del disfraz.
Su trabajo es muy sencillo. “Nos llaman muñecos disfrazados, nos sacamos una foto con el que quiere y, a cambio, recibimos una moneda. No hay más, así nos ganamos la vida”, explica de forma simple y rotunda. Llegó el día 6 a Pamplona desde Madrid junto a otros compañeros. Cada uno trabaja de forma independiente, pero suelen viajar juntos. “Somos los muñecos de la Puerta del Sol, a partir de febrero empezamos en los carnavales de Cádiz, Badajoz... y acabamos en noviembre en Benidorm”, comenta. “Recorremos cada año todas las ferias. Fiesta por fiesta. Mes a mes”, añade.
Estos días, en Pamplona, se aloja en una habitación alquilada. “Nos sale a diez euros la noche, estamos cuatro en la habitación y un quinto que puede dormir en la alfombra”, explica riéndose. Cada frase que suelta incluye su correspondiente carcajada. “Solo queremos el alojamiento para ducharnos y descansar un poco”, reconoce. Este año han venido diez compañeros más seis que se disfrazan de osos pardos, polares y pandas de enormes dimensiones. Según él, otros años han llegado a venir cincuenta.
“Este año está la fiesta lenta, como decimos nosotros”, lamenta esta vez. “No ha venido mucho turismo, nosotros así lo sentimos. El turismo es lo que da dinero, pero nos conformamos con lo que entre”, apunta el peruano que llegó a España hace siete años y que se dedica a este oficio desde hace cinco. “Nos da para ganarnos la vida, vamos así, así... pero nos da para comer”, explica. Su jornada empieza a las diez de la mañana y finaliza a las diez de la noche porque si no “no resulta”. “Bueno, a las cinco paramos, la siesta española es sagrada”, vuelve la carcajada.
‘El Chucky de Madrid’, como se autodenomina, suele cambiar de disfraz cuando se aburre. Tiene varios y suele rotar cuando va a otra feria. Tiene de niños y de adultos. Aunque también le ha tocado cambiar por otros motivos. “Hace tres años, aquí en Pamplona, salimos de fiesta, me eché dos copas y perdí el triciclo de Saw, el personaje del que iba disfrazado”, recuerda sobre otro personaje ficticio de terror. “Aquí hay que hacer de todo, salir de fiesta, trabajar, descansar...”, añade. Además, tiene su truco. “Si salgo de fiesta y veo que me falta dinero, me pongo el disfraz y gano dinero”, ríe.
Con paciencia, como Paolo Rossi en el Mundial del 82’, consigue salir adelante este peruano. Moneda a moneda, fotografía a fotografía y de feria en feria. “La vida es muy dura, pero hay que seguir luchando”, concluye mientras se levanta del taburete, apaga el cigarro y se mete en el papel de Chucky.
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