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Opinión

Cantando en la hornacina

Ampliar Hornacina de Santo Domingo
Hornacina de Santo Domingo/ Iván Benítez
  • Jose Miguel Iriberri
Publicado el 11/07/2022 a las 06:00
Allá va; de entrada y a bote pronto: la oración de los mozos en el encierro fue cantada por primera vez en San Sebastián. Punto. No es ningún descubrimiento, sino un recordatorio para andar por casa. Y que no se nos vengan arriba nuestros vecinos donostiarras, porque es verdad, pero no es para tanto, lo del bautismo geográfico del cántico. Venga, a ver esas voces: “A San Fermín pedimos / por ser nuestro patrón / nos guíe en el encierro / dándonos su bendición”.
El pasado 26 de junio las Peñas reunieron bajo la hornacina de San Fermín a un grupo de veteranos y veteranas relacionados con la oración, al cumplirse el 60 aniversario. Los pioneros de la década de los 60 del otro siglo demostraron, al mostrarse bajo la hornacina, que los ritos de la fiesta también pueden haber nacido anteayer, y no diré anteanoche por respeto a la hora mañanera de la coral. Sesenta años. Sin embargo, la letra y la música de la canción tienen algunos más. Cuatro años más.
Y por ahí vamos, siguiendo la ruta del recordatorio, hasta la espléndida San Sebastián, donde Los Iruña’ko (pero esa es otra historia) van a grabar canciones del maestro Turrillas (otra historia también, y qué historia), en los estudios Columbia. Y ahí queda todo. Si los vecinos de La Concha se habían venido arriba, ya pueden ir bajando: ellos solo pusieron un local y apenas unas horas del 1 de septiembre de 1956. El grupo pamplonés, que luego conquistaría (con perdón) las Américas, no tenía ni para pagarse una noche de hotel.
Me lo contó Joaquín Zabalza, hace ya muchos años, y lo escribí en nuestro DN. Los Iruña’ko atacaban el himno de La Única: “Nosotros, los de La Única, somos de buen corazón...”. Al llegar a la jota, Zabalza le hace una señal a Turrillas. Quiere cambiar la letra. Ya le había dado vueltas en el coche, sin decir nada, al compás de las curvas del Araxes. “A San Fermín pedimos/ por ser nuestro patrón / nos guíe en el encierro...”. Joaquín Zabalza estaba recordando a un amigo, Miguel Echenique, herido en un encierro de ese mismo año de 1956. Me dijo que se emocionó en la grabación y que se le ponía el corazón en bandolera cada vez que escuchaba la jota, convertida ya en un rito de la fiesta. ¿Ustedes han visto por allí alguna placa de Zabalza, su jota y su amigo? Servidor, tampoco.
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