Consigna
El armario de los Sanfermines
Ayer abrió sus puertas en las Escuelas de la Plaza de San Francisco la consigna de equipajes, un servicio del Ayuntamiento de Pamplona destinado a quienes visitan la ciudad durante las fiestas


Actualizado el 05/07/2017 a las 06:00
Veinte pasos. Esta es la distancia que hay del umbral de la verja de acceso a las Escuelas Municipales de la Plaza San Francisco de Pamplona al mostrador de la consigna de equipajes de San Fermín. Son las ocho de la mañana de una jornada calurosa en la que la llave de los recuerdos ha vuelto a girar y entreabrir la puerta del “hogar para los sin hogar” en San Fermín.
Así es como describe Ana, la encargada, a este espacio de estanterías metálicas aún vacías. Un servicio donde se atiende en castellano, euskera, francés, inglés y alemán, y que funcionará con 14 personas hasta el 15 de julio, reforzando así las consignas automáticas de la estación de autobuses y ofreciendo información de las actividades programadas.
Un lugar donde las personas pueden dejar sus equipajes previa presentación del DNI o pasaporte y abonando 4,60 euros al día. El año pasado fueron más de mil viajeros (20% norteamericanos).
Los dos primeros en atravesar el acceso de este hospedaje a la luz de la luna son dos peregrinas desorientadas que quieren sellar sus compostelanas. En el mostrador atienden Leire Mendiburu Berruete y Nekane Santos Vitorica, ambas de 26 años. “Además de consigna somos un punto de información”, aclaran. Acto seguido se presenta un hombre extranjero con el pañuelo rojo anudado al cuello y les deja un currículum.
Dentro del centro aún quedan algunos profesores. “Es su último día”, aclaran las dos jóvenes. Una mujer de la limpieza repasa con mimo cada balda. “El equipaje que más ocupa se deja a este lado. Los mexicanos son los que vienen más cargados porque luego se quedan seis meses por el país”, precisan. Los franceses son los visitantes europeos que más lo utilizan.
Los recuerdos de consigna vienen y la mayoría se van. Pero algunos no se olvidan. Leire mantiene muy presente el mal trago que sufrió un estudiante alemán que perdió todo. Le ayudaron a recuperar el ánimo y a gestionar los papeles. “Al volver a su país nos escribió agradecido”, sonríe.
“Normalmente las personas que vienen aquí buscan vivir una experiencia nueva”, recalca Ana, la encargada. “A veces entran con un papelito en la mano en el que han escrito dónde van a dormir al raso”.
El refugio de los sin hogar, en San Fermín, también es un punto de encuentro donde los visitantes quedan si se pierden, “porque es el único lugar que conocen”. Un salvavidas al que se aferran si el alcohol hace mella. Un enclave en el que, además de mochilas, se guardan bicicletas y herramientas de artistas callejeros, y donde los empleados se sienten respetados a pesar de las circunstancias.