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El rincón

Un Gobierno y 20 céntimos por litro

El Ejecutivo de Pedro Sánchez ha tenido una reacción torpe y tardía con la huelga del transporte. Para terminar, al final, con la misma solución que Francia o Alemania

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Participantes en la manifestación de ayer en PamplonaEduardo Buxens
Publicado el 27/03/2022 a las 06:00
El Gobierno de Pedro Sánchez vive horas bajas. El paro de los transportistas ha sido la gota que ha colmado el vaso de los problemas cuando se van amontonando sin salida. El Ejecutivo se ha visto desbordado primero y atrapado en una reacción tardía después. Y si algo es la política es el arte de la supervivencia, de saber sobreponerse y reaccionar ante los retos que la realidad coloca por delante. Pedro Sánchez lo sabe bien. Es un superviviente nato que ha hecho de la táctica a corto plazo, y de los bandazos, sus mejores armas. Pero en este caso, es obvio que le ha fallado el olfato. Ha logrado un triunfo en Bruselas (factura eléctrica) pero sigue empantanado en España con los transportistas.
Los días más duros. La realidad es que Pedro Sánchez encara los días más duros de la Legislatura. Es cierto que el telón de fondo es la invasión de Ucrania, que resitúa todas las prioridades y coloca la seguridad como la primera preocupación. Hoy, además, sobrevuela el temor a que se extienda la guerra a otras zonas de la frontera rusa. Más de 900 refugiados ucranianos que ya han llegado a Navarra nos recuerdan en nuestras propias calles la tragedia.
Una crisis que, además, ha desatado una brutal subida de los precios de la energía (combustibles y electricidad) que ha hecho saltar todas las alarmas entre ciudadanos y empresas. Como guinda, un paro de transportistas que el Gobierno no ha sabido calibrar. De hecho, el paro nació de plataformas minoritarias en el sector a nivel nacional (ojo, en Navarra lo apoya Tradisna desde el primer día) pero que se han revelado muy capaces de movilizar a muchos miles de profesionales.
¿Por qué? Porque el problema de los camioneros es real. Viene de atrás, pero ahora ha reventado. Ocurre como con el sector agrario y ganadero. Sectores reconocidos como esenciales hace dos años en el confinamiento, ensalzados por conseguir que el país siguiera funcionando, son los mismos que ahora se sienten engañados y burlados. Porque de nada sirven las palabras y las palmaditas en la espalda si luego el Gobierno es incapaz de arreglar sus problemas para sobrevivir.
Reacción torpe y tardía. El Ejecutivo ha sido muy torpe y muy lento en la reacción ante el paro. Primero tratando de ligarlo a la extrema-derecha, algo ridículo. Como si la ideología quitara y pusiera razones, además. Y luego, aplazando las respuestas concretas hasta que el paro del transporte ha desbordado todas las paciencias y el conflicto se ha extendido. Un Sánchez ocupado en recorrer las capitales de la UE buscando apoyos para contener los precios de la electricidad (parece que con éxito) ha visto como el conflicto le estallaba en casa por los combustibles.
Y además con un Gobierno dividido. Con el PSOE y Podemos enfrentados en público y en privado también en la búsqueda de soluciones. Con recetas tan distintas que parece imposible que compartan Gobierno. Y con tensiones añadidas por el giro estratégico de Pedro Sánchez sobre el Sáhara, alentado por EEUU, que ha dejado al PSOE sólo, con Podemos enfrente y con todos sus socios de uñas.
El coste para la Hacienda foral. En este contexto endiablado, los transportistas autónomos están a punto parar el país. Los diversos sectores económicos en Navarra, de la automoción a la construcción, son testigos de la penuria de componentes y materias primas. Por no hablar de la falta de leche en los supermercados que aviva los miedos al desabastecimiento.
Nadie dijo que la solución fuera fácil y barata. Pero España ha sido el último de los grandes países en ponerla sobre la mesa . Al final, muy parecida a la que ya habían aprobado países como Francia o Alemania, con ayudas para rebajar el precio del gasóleo (20 céntimos por litro en España) durante tres meses. Una salida que, seamos conscientes, le va a costar dinero, en este caso, a la Hacienda de Navarra. Porque nuestro régimen fiscal hace que sea Navarra quien ingrese los impuestos de la energía, cerca de 200 millones al año sólo por los hidrocarburos.
Y, para que no falte de nada, el acuerdo del Gobierno con la mayoría del sector no ha eliminado el paro. Los camioneros que no están en la mesa de negociación ahora quieren más. Una vez más, se cumple aquello de que reconducir los conflictos cuando se enquistan en el tiempo es siempre mucho más difícil. Ahí estamos.
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