Opinión

La cuestión más grave

"La más grave cuestión, pues, que hoy tenemos entre manos -manos electorales- es la continuidad y salud de nuestra nación y de su máxima expresión jurídico-política, nuestro Estado de derecho"

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Víctor Manuel Arbeloa

Publicado el 08/11/2026 a las 05:00

Muchas son las cuestiones importantes, y hasta graves de nuestra vida personal, social y colectiva. Para no hablar de todo, que es como hablar de nada, ciñámonos a las graves cuestiones que más nos preocupan en la vida pública y política española de hoy. La vivienda, claro, la vivienda. Y la educación. Y para qué hablar de la sanidad. O de los servicios sociales, la dependencia por ejemplo. Y el estado de la vía férrea, ay, los trenes. Y hasta el estado de las carreteras (dejemos el túnel de Belate, por ahora, en la reserva). ¿Y qué diremos de la deuda creciente? ¿Hemos olvidado tal vez la corrupción, económica, política, cultural, y hasta electora? Va, y nos llega Ceuta y todo lo que conlleva… Bueno, llenaríamos todo el artículo si seguimos por ese camino. Todas esas cuestiones son graves, y habrá muchos españoles que solo por una de ellas votarán a favor de un partido o de otro, contra un partido o contra otro. 

Pero todas esas cuestiones se pueden resolver, o, al menos, enfocar, estudiar y mejorar con nuevas leyes, con nuevos presupuestos, con nuevos equipos de trabajo, con nuevos políticos. Mucho más difícil es impedir que algunos partidos, algunos sindicatos, algunos movimientos, algunos medios de comunicación nos tiren la casa por la ventana, la casa común en que vivimos; nos cambien el espacio político de nuestra nación desde hace muchos siglos; nos fragmenten las seculares y comunes convivencia y cohesión en mil trozos; nos separen de la Unión Europea, comenzando con destruir la actual Constitución y lo que ellos llaman con desprecio “el Régimen del 78”. Porque de eso van también las próximas elecciones, aunque muchos no lo digan, o lo digan a su manera. 

Por ejemplo, Iván Redondo, el poderoso cerebro gris de Pedro Sánchez, y también de Cerdán, como él mismo confiesa. Hace unos meses el trujimán donostiarra, que quiere seguir siendo influyente, publicó un libro “El Manual”, publicitado a bombo y platillo, donde defiende denodadamente la “España plurinacional” (de muchas naciones) y la mayoría política “plurinacional y periférica” actual, que apoya a Pedro Sánchez. Para Redondo, como para esa mayoría, el actual Estado de las Autonomías ha muerto de viejo y hay que cambiarlo por un Estado confederal, y no federal, como era el clásico propósito del antiguo PSOE. Pero desde que los socialistas catalanes, con Maragall a la cabeza, se inventaron el “federalismo asimétrico”, pactaron con los nacionalistas de toda laya, y redactaron el Estatuto anticonstitucional de 2006 para poder cambiar la Constitución a su antojo, con la complacencia de Zapatero, todo cambió. 

Llegaron los múltiples referéndums separatistas locales, la rebelión y la sedición oficial, y, después… la derogación del delito de sedición; los indultos y la amnistía inconstitucional de Sánchez, comprada por siete votos en el Congreso; los pactos con Bildu y la entrega del ayuntamiento de Pamplona; la sumisión a Junts, la rendición ante Puigdemont; la desvergüenza de un mediador internacional; la financiación “singular” de Cataluña; el blanqueo de ETA y sus herederos… Se pusieron de moda, aquí y allí, y hasta se cultivan oficialmente, la pintoresca y retrógrada manía de la bilateralidad; las mil identidades “ nacionales” e identitarismos “singularizados”, y, lo que es peor, la centrifugación competencial en la organización de nuestro Estado autonómico, cuando lo que necesitamos en verdad es reforzar la solidaridad entre los componentes nacionales y entre estos y los autonómicos, en una coordinación efectiva y una cooperación multilateral, máxime ante las múltiples catástrofes que nos angustian y que no entienden ni de localismos y menos de egoísmos. 

Todos los partidos que apoyan el autocratismo de Sánchez son partidarios del falso derecho de autodeterminación, y todos ellos -separatistas y confederalistas-, que suelen llamarse ladinamente “soberanistas”, no tienen otro objetivo más primario que destruir el eje y quicio de la Constitución del 78, a fin de acabar con el Estado Autonómico, huir del Estado federal, que abominan, y llegar al Estado confederal, como más fácil salida hacia la separación. Por parte de una cierta extrema derecha se quiere volver al Estado pre-autonómico. No se confunda el lector. Cuando todos ellos abominan igualmente la monarquía, no es por razón alguna personal o dinástica, sino porque es la clave de nuestra unidad y de nuestra cohesión, además de la institución más querida por la mayoría de los españoles. La más grave cuestión, pues, que hoy tenemos entre manos -manos electorales- es la continuidad y salud de nuestra nación y de su máxima expresión jurídico-política, nuestro Estado de derecho, base y fundamento de la igualdad de los derechos y deberes de todos los españoles, indispensable para toda cohesión y convivencia. 

Víctor Manuel Arbeloa. Escritor

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