Envido
Por favor, llámame cuando llegues
Aún habrá que darle las gracias a quien ha sustituido a los principales puestos técnicos por afines políticos en Renfe y Adif, que ya venían de ser manoseadas por Ábalos, Koldo García y demás para sus suciedades


Publicado el 03/11/2026 a las 05:00
Los acampados en la Puerta del Sol han pasado a ser un problema decorativo, ya que su presencia amenaza con poner en riesgo la campaña navideña desde el punto de vista turístico y comercial en un lugar tan neurálgico de la tan neurálgica Madrid. Así lo contó alguien en algún programa que la televisión de la cocina reproducía cuando comíamos. Creo que no dijo ‘problema decorativo’, ni ‘punto de vista’, ni ‘neurálgico’, ni ‘neurálgica’, pero sí que los establecimientos de la zona empezaban a estar hasta las narices. Aunque tampoco dijo ‘hasta las narices’.
–¿Todavía siguen ahí? –preguntó A de repente.
–¿Quiénes? –reaccioné mientras intentaba regresar del lugar al que mentalmente me había ido al haber encontrado un gancho con el que arrancar este artículo.
–Los de la Puerta del Sol, papá.
–Sí, eso dicen...
En el plato el escalope se había quedado frío y, en el día a día, todo ha cambiado porque hemos dejado de hablar de lo que hablábamos. La actualidad se ha devorado a sí misma para reemplazarse por una nueva, como si dispusiera del mecanismo de regeneración celular con el que las lagartijas pierden la cola para que les brote otra. Este último miércoles por la mañana, el tiempo se detuvo: un AVE de Renfe colisiona de forma brutal contra un Iryo a la entrada de Urda, en Toledo. Por el momento se han contabilizado sesenta y nueve muertes. Los relojes colapsaban de nuevo, pues el pasado enero un choque de un Iryo contra un Alvia en Adamuz, Córdoba, deparó ya cuarenta y seis fallecidos. La reincidencia agrava el dolor.
Los andenes de las estaciones de tren de este país se han convertido en un discurrir de personas que hablan por teléfono para avisar de que van a salir o, especialmente, de que han llegado a su destino. Son llamadas apaciguadoras para quienes las emiten y hasta sanadoras para quienes las reciben. Mientras hemos alcanzado este punto de fragilidad en nuestra confianza, el ministro responsable de la seguridad ferroviaria no hace más que señalar al eslabón más débil de la cadena para tratar de exculparse. A las pocas horas de la tragedia toledana, Óscar Puente responsabilizó al controlador de Atocha, versión puesta en duda al día siguiente por el primer informe oficial, que habla de “cadena de averías, instrucciones y acciones” como posibles causas y de ausencia de las “barreras mitigadoras necesarias”. Misteriosamente, esto fue omitido en la versión en inglés del informe. ¿La culpa? Un “lapsus” de la persona encargada de hacer la traducción, ha alegado el ministerio. Puente, desesperado por sobrevivir con la misma desesperación que Pedro Sánchez y el PSOE de cara las próximas elecciones, raya en la desfachatez al venderse como víctima de un “calvario”. Aún habrá que darle las gracias a quien ha sustituido a los principales puestos técnicos por afines políticos en Renfe y Adif, que ya venían de ser manoseadas por Ábalos, Koldo García y demás para sus suciedades. Quizás por ahí se puedan explicar algunas cosas.