Opinión

Alta velocidad, palabras y hechos

"Sánchez ejerce como un presidente pasivo, aparentando que las cosas le sobrevienen, incapaz de tomar decisiones ni asumir responsabilidades, más preocupado en construir un relato que en gobernar"

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Editorial DN

Publicado el 03/11/2026 a las 05:00

Los ecos del terrible accidente de Urda mantienen desconcertado al país y también a la comunidad internacional, que no alcanza a comprender cómo pueden haber fallecido 115 personas en accidentes ferroviarios en España y en menos de un año. A medida que transcurren los días, el chivo expiatorio mantenido por el Gobierno de que fue un “error humano”, comienza a desvanecerse al tiempo que la hipótesis de una continuada negligencia en la gestión pública le sustituye como explicación, si no única, sí más plausible. El presidente Pedro Sánchez volvió a asegurar ayer que la principal obligación del Gobierno es recuperar la confianza que se ha quebrado por parte de la ciudadanía en la alta velocidad, y que debe hacerlo “cuanto antes y cueste lo que cueste”. Una vez más, el mensaje del líder del Ejecutivo se compadece muy mal con la cruda realidad. 

Porque la confianza no se recupera a base de palabras sino de hechos. Y Sánchez ejerce como un presidente pasivo, aparentando que las cosas le sobrevienen, incapaz de tomar decisiones ni asumir responsabilidades, más preocupado en construir un relato que en gobernar. Las noticias que se han ido conociendo este fin de semana no ayudan precisamente a esa confianza: desde que el déficit de gestión de Adif dejó sin ejecutar miles de millones europeos, o que la misma Adif desoyó un informe de 2023 que advertía entonces del riesgo por deterioro del tramo de Urda. Como tampoco ayuda en nada a la tranquilidad ciudadana, convertir las incidencias de la alta velocidad ferroviaria en rutina, tal y como sugirió el ministro Óscar Puente. Puente comparecerá hoy ante la Diputación Permanente del Congreso para informar sobre el accidente, y lo hará después de que el Consejo de Ministros, tal como adelantó ayer el presidente, apruebe un decreto de ayudas, necesario sin lugar a dudas, para las víctimas del terrible siniestro de Urda. Que casi una semana después del accidente, el ministro siga en su cargo, sin asumir responsabilidad política alguna, es otra razón de peso para que la desconfianza ciudadana no cese.

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