Opinión
La tradición del culto a los muertos

Publicado el 02/11/2026 a las 05:00
El mes de noviembre, habitualmente lo señalamos como un período que recordamos con más cariño a nuestros familiares fallecidos. No es una invención de estos siglos sino que a lo largo de la historia es ya una tradición; así, en el Paleolítico ya existían formas de manifestar devoción y recuerdo de los antepasados. En la Cueva de los Verdes (llamada así porque todos los restos están recubiertos de una capa verdosa, fruto del fosfato de la antigua mina de cobre), ubicada entre Urbiola y Olejua en Tierra Estella, ya se descubrió un sepulcro con más de 20 cráneos y huesos de la Edad del Cobre, entre 2500 y 1800 a. C. rodeado de ajuares. Uno de los cráneos se puede ver en el Museo de Navarra.
En el Antiguo Egipto se momificaba a los fallecidos con toda clase de alimentos para preservarlos de una vida eterna. En Grecia consideraban el entierro como un deber sagrado con ritos y ofrendas. En Roma se les honraba con comidas en las tumbas y con purificaciones para que los espíritus malos no dañaran a los vivos. La Iglesia Católica señaló el 2 de noviembre para orar por los difuntos, desde los siglos X y XI. En América, con los llegada de los españoles, en especial de los misioneros, transformaron los ritos paganos en cristianos y establecieron el actual Día de los Muertos, con una especie de sincretismo con el típico “pan de muerto”. Como decía el poeta argentino Borges, “la muerte es una vida vivida, la vida es una muerte que viene”.
Los Estados Unidos han cambiado muchas de estas costumbres y han introducido la noche de Halloween. Esta usanza la llevaron los emigrantes celtas de Irlanda en el s. XIX y pronto se extendió por todo el mundo con el significado “la noche de las ánimas”. Se consideró como algo novedoso, cuando en España ya se festejaba hace más de dos milenios como creencia de los celtíberos. Los niños se disfrazan de brujas, momias o sarcófagos de terror y se desplazan por los barrios solicitando golosinas con la frase “truco o trato”. En Navarra, sobre todo en Zugarramurdi y el Valle del Baztán, se conmemora con una especie de simbiosis con actividades de pánico y miedo, así como rituales ancestrales vascones, llamados “noche negra” o juegos populares (Gau Beltza herri jolasa), visitando las cuevas o el museo de las Brujas.
En todas las comunidades autónomas de España se ha extendido este evento de pavor, sobre todo en Soria. Se revive la leyenda “El monte de las Ánimas” del poeta Adolfo Bécquer, considerado el más acertado relato de terror de la literatura hispana. Se finaliza con el salto de la hoguera y con un desfile nocturno, a las orillas del Duero y a los pies de San Saturio, con estrofas de los poetas residentes en Soria, Antonio Machado, Gerardo Diego y Bécquer. En suma, muchos versificadores se inquietan por el más allá: “La capilla huele a incienso, ¿el final será hoy o tal vez mañana?” de Bécquer; “Como no me he preocupado de nacer, no me preocupa el morir” de García Lorca; “La muerte es algo que no debemos temer, porque mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos” de Antonio Machado.
Luis Landa el Busto es escritor e historiador.