Opinión
"El 11 de noviembre la calle estará llena de ciudadanos que sufren el coste en su propia piel. Y usted, señor o señora parlamentaria, sencillamente no va a tener dónde esconder la mirada"
"¿De verdad va a sostener la pancarta sin ponerse colorado? Resulta incomprensible que paralice las instituciones que usted mismo dirige para protestar por una realidad de la que es responsable"

Publicado el 02/11/2026 a las 19:00
El próximo día 11, señoría, usted suspenderá la actividad parlamentaria y se calzará las zapatillas para ir a la manifestación. Pero le va a costar mirar a los ojos al de la pancarta. Se le ha escapado un detalle de nada, un minúsculo matiz de clase: mientras el común de los mortales se juega los garbanzos y el alquiler, usted sale a la calle con el riñón cubierto y los ingresos blindados. Perdone que le exprese mi sorpresa por su empeño en bajar al asfalto a jalear una protesta en contra de una situación que, como mínimo, usted mismo ha consolidado. Usted está a los mandos de la nave, pero actúa como si pasara por allí. Para cualquier trabajador, la huelga significa un mordisco directo a la nómina y hacer encaje de bolillos para llegar a fin de mes. Ya sé lo que me va a decir, no se moleste. Me va a pedir comprensión porque en su Parlamento no tiene una relación laboral al uso. Claro, oiga, faltaría más.
Básicamente porque usted mismo se lo ha cocinado así en el reglamento de la Cámara. Cobra exactamente lo mismo patee el asfalto o se quede en el sofá viendo pasar las horas. Al resto del mundo la huelga le cuesta el pan; a usted le sale gratis. ¿De verdad va a sostener la pancarta sin ponerse colorado? Resulta incomprensible que paralice las instituciones que usted mismo dirige para protestar por una realidad de la que es responsable. ¿Va a pasear ese día por Pamplona sin mandar antes un WhatsApp al contable del Parlamento para pedir que le descuenten la jornada? No me venga con excusas burocráticas. Tenga un mínimo de imaginación y busque alternativas, que las hay, en lugar de meterse ese dinero en el bolsillo. Vaya a la manifestación, secunde la huelga; es su derecho. Pero una cosa es la libertad de protestar y otra muy distinta la incoherencia de cobrar por un día no trabajado. Es una cuestión de ética pública. Antes de colocarse la pegatina, sea sensible: haga una transferencia directa a una de esas ONG que echan una mano a los más vulnerables. O mejor aún: apoye con su sueldo un fondo para los ahogados por la hipoteca y la vivienda. El 11 de noviembre la calle estará llena de ciudadanos que sufren el coste en su propia piel. Y usted, señor o señora parlamentaria, sencillamente no va a tener dónde esconder la mirada.