Opinión
"En tanto, la buena gente satura los hospitales con sangre donada. La sangre generosa no es producto de un relato. La sangre es verdad"

Publicado el 01/11/2026 a las 05:00
De la tristeza ferroviaria hemos pasado al enfado telúrico. A España la han sentado en la silla eléctrica para someterla a un colapso de emociones encontradas. Quien dice España dice españoles, claro, o sea quienes vivimos entre la depresión política y la furia maniaca. Estamos sometidos a un cuentacuentos que frente a tantos muertos busca un relato alternativo en una cabeza de turco atrapada al vuelo. En el día en que escribo esta columna ignoro si la cabeza del cabestro tuitero ministerial sigue en su lugar. Se admiten apuestas. Más allá de cualquier evidencia, lo que importa es el puñetero relato político.
El relato, así entendido, es enemigo de la realidad, el relato no soporta la imagen inerte de los muertos. No soporta la verdad, los hechos, los datos, el análisis minucioso. A cambio de muertos y trenes que no estaban rigurosamente vigilados, vías fragmentadas y sistemas de seguridad obsoletos, el Gobierno se aferra a una narración para ganar el premio Planeta. Esto es, a una mentira, un sueño lanzado para consumo del electorado zombi. Sánchez es el alumno aventajado de Trump y su posverdad.
“La mentira es algo que se esconde para no tener que existir”, cantaba Radio Futura el siglo pasado. La mentira hoy se urde en despachos de asesores y se lanza sin pudor, se exhibe aunque rompa el eje de la verosimilitud. El relato político odia la realidad. Los seguidores de la posverdad son pésimos escritores, pero excelentes vendedores de laca. No buscan, como ocurre en la buena literatura, el conocimiento, reformular preguntas, rozar la inquietud. Muy al contrario, tratan de dar respuestas tranquilizadoras, adocenar, entretener. Mala, pésima literatura.
A cambio, te muestran una historia para hacernos pequeños, pueriles, niños que se pelean por chuches políticas. En tanto, la buena gente satura los hospitales con sangre donada. La sangre generosa no es producto de un relato. La sangre es verdad. Una escandalosa verdad manada en el silencio extendido del brazo de un ciudadano anónimo que nunca colgará su foto en un tuit.