Opinión

Perder la vida por un billete de tren

thumb

Álvaro Miranda

Publicado el 01/11/2026 a las 05:00

Nueve meses después del dramático accidente de Adamuz, el país entero se ha vuelto a conmocionar hasta la médula con la terrible tragedia de Urda, con otras 70 víctimas mortales y decenas de heridos, muchos de ellos amputados o desfigurados para siempre. Hay tantas cosas que han fallado y que están fallando para que estas tragedias sucedan que es abrumadora la responsabilidad de los máximos dirigentes del servicio ferroviario español.

¿Cómo es posible que, después del accidente de las 46 víctimas mortales en Adamuz en enero, den la misma rueda de prensa en octubre el ministro Puente, el secretario de Estado y el presidente de ADIF con otros 70 muertos en Urda encima de su mesa? Es sencillamente surrealista. No hay organización humana, ni administración pública, ni empresa donde los máximos responsables carguen con cerca de 120 cadáveres sobre sus espaldas y no dimitan, retirándose pidiendo perdón y hasta llorando.

Pero vamos un poco más allá. Los trenes son un servicio público por excelencia. Es un servicio donde los ciudadanos depositan su plena confianza en la administración pública, en este caso en el Estado, para ser transportados a largas distancias y a altas velocidades.

Durante más de 30 años nadie en España podía imaginarse que viajar en AVE supusiese un peligro de muerte. Todo lo contrario. Este paradigma se ha desmoronado ante nuestros ojos, con una administración ineficaz, tramposa y, también hay que decirlo, fría y mentirosa. Por un billete de tren, otras 70 personas han perdido la vida en Urda. Alto precio. Además, podemos asegurar que por cada gravísimo accidente que se ha sufrido habrá habido o estará habiendo decenas de casos de cuasi-accidentes. Al igual que se sabe que con el tremendo ‘apagón’ hubo decenas de veces en que se estuvo a punto de dejar el país a oscuras. Es evidente que el sistema político y democrático de España bajo el sanchismo falla radicalmente cuando, habiendo sufrido la ciudanía gravísimas perturbaciones y daños, hoy es el día que nadie ha asumido responsabilidades políticas.

Bajando muchos peldaños, en el caso de Navarra también es lo mismo cuando se tapian las obras millonarias del túnel de Belate a medio hacer, y que nadie asuma en términos estríctamente políticos la responsabilidad de tan inmensa chapuza, malversación y daño público. Pero el problema es incuestionable. La actual clase política dirigente en España y en Navarra beben del mismo frasco de impunidad, socios infames, no rendición de cuentas y desprecio al pueblo, incluido a los que votaron por ellos.

Quizá no descubra nada nuevo, pero hay que volver a decir que, en términos técnicos, era imposible que sucediese el accidente de Urda. El sistema ferroviario español está expresamente diseñado para que jamás un tren, y menos de alta velocidad, alcance a otro. Por tanto, cuando algo está concebido para que nunca suceda y, sin embargo, sucede son tal el cúmulo de fallos, errores, maniobras contra natura, violaciones de la seguridad ferroviaria e incompetencia que solo queda echarse las manos a la cabeza. Y pensar que el nivel de incapacidad técnica, funcional y política e incluso de inmoralidad de quienes nos gobiernan son de tal calibre que solo se puede desear que abandonen la escena cuanto antes y dejen de una vez, también en el ferrocarril, que el país se reconstruya.

Álvaro Miranda Simavilla. Ingeniero de Caminos.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora