Opinión
Don José de Ezpeleta y su Regimiento América 66

Actualizado el 30/10/2026 a las 10:17
El sábado 31 de octubre, en Beire se hace una conmemoración histórica de alcance, con la presencia de representantes de las Hijas de la Revolución Americana, quien colocarán una placa conmemorativa en el mausoleo de José de Ezpeleta y Galdeano (1742-1823), ilustre militar, político navarro y antiguo Virrey del viejo reino. Este acto institucional no solo rescata del olvido el protagonismo clave de España en el nacimiento de los Estados Unidos, sino que sella un círculo histórico con nuestra Comunidad foral. Su Regimiento el “América” 66, acuartelado a día de hoy en Aizoain, cumple este año 2026 siglo y medio de arraigo ininterrumpido en tierras navarras, siendo el heredero directo de aquellas gestas de ultramar.
Las raíces de esta hermandad de armas se remontan a mediados del siglo XVIII. El Regimiento Real de América fue fundado en 1764 con un propósito estratégico explícito: servir como unidad de infantería de línea de élite para la defensa y guarnición del Virreinato de Nueva España (México).
No obstante, el destino de la unidad daría un giro definitivo en 1779, cuando la Corona española declaró la guerra a Gran Bretaña en apoyo a los rebeldes norteamericanos liderados por George Washington. En este teatro de operaciones del Caribe y el Golfo de México, la figura de José de Ezpeleta resultó decisiva. Nombrado Gobernador de La Mobila y, posteriormente, de Pensacola, el brillante oficial navarro asumió la coordinación logística y táctica de las fuerzas españolas bajo el mando supremo del general Bernardo de Gálvez.
Durante la mítica Campaña de la Florida Occidental, las compañías del Regimiento Real de América operaron como tropas de choque en la primera línea de fuego. Bajo la dirección de Ezpeleta, que controlaba con precisión las trincheras avanzadas frente a las fortificaciones británicas, el regimiento demostró una formidable capacidad de combate. El asedio culminó en mayo de 1781 con la toma de Fort George en la Batalla de Pensacola, y la posterior victoria definitiva de las tropas norteamericanas en la decisiva batalla de Yorktown. Tras concluir las campañas coloniales, los caminos del regimiento y del general navarro se separaron temporalmente, pero la agitación política del siglo XIX volvió a entrelazarlos su Navarra. El Regimiento «América» regresó a la Península Ibérica y se distinguió por su ferocidad en combate durante la Guerra de la Independencia española (1808-1814), frenando las acometidas de las tropas napoleónicas. Al término de la contienda, la monarquía acometió una profunda reestructuración del Ministerio de la Guerra y en este contexto, José de Ezpeleta regresó a su tierra natal investido como Virrey de Navarra (1814-1820). Desde su despacho oficial en el Palacio Real de Pamplona, Ezpeleta gobernó la plaza fuerte en un periodo de reconstrucción institucional. Fue en esta etapa postnapoleónica cuando el Regimiento «América» quedó encuadrado orgánicamente dentro del Cuerpo de Ejército de Navarra.
Como máxima autoridad militar del territorio, el propio Ezpeleta se encargó de supervisar las guarniciones, suministros y movimientos de los mismos soldados que, décadas atrás en las marismas americanas, habían combatido bajo sus órdenes directas. La geografía de la Navarra actual custodia los dos testimonios materiales de este vínculo bicentenario separados por apenas unos kilómetros de distancia: Su Regimiento, actualmente en Aizoain que, tras recorrer múltiples destinos durante las guerras carlistas, fijó su residencia definitiva en Navarra en el año 1876. Inicialmente asentado en los cuarteles de Pamplona, se trasladó posteriormente a su ubicación actual. Este año, la unidad conmemora oficialmente sus 150 años de permanencia ininterrumpida en nuestra Comunidad Foral. El Virrey en Beire: Prácticamente en paralelo a la base militar, los restos mortales del Virrey descansan en la iglesia parroquial de San Millán de Beire, el municipio de donde procedía su linaje nobiliario (los condes de Ezpeleta de Veire). Nuestra unidad militar que hoy opera en el Pirineo navarro ha sabido adaptar su doctrina y capacidades técnicas a los tiempos modernos. El antiguo regimiento colonial de infantería es hoy el Regimiento de Infantería «América» n.º 66 de Cazadores de Montaña, integrado en la Jefatura de Tropas de Montaña. Los uniformes de casaca y las bayonetas del siglo XVIII han dejado paso a los esquís, los equipos térmicos avanzados y las tácticas de combate en condiciones climáticas extremas y terreno abrupto. Sin embargo, la esencia institucional permanece intacta. El estandarte que hoy custodian los soldados en Aizoain porta con orgullo las corbatas, condecoraciones y los honores heredados de aquellos fusileros que cruzaron el Atlántico. El homenaje del 31 de octubre en Beire no representa únicamente un acto de cortesía diplomática o memoria histórica. Es la prueba fehaciente de que las libertades de las democracias modernas occidentales se forjaron gracias a la pericia de militares navarros y al valor de un regimiento que, siglo y medio después, sigue llamando a Navarra su propio hogar.
Gustavo Galarreta es analista en seguridad y defensa.