Opinión
Violencia machista: mucho por hacer
"La tozuda y desgraciada realidad de las cifras nos demuestra que a la lacra de la violencia contra las mujeres solo se la podrá vencer si existe una implicación del conjunto de la sociedad"

Publicado el 25/10/2026 a las 05:00
Mientras el foco de la actividad política sigue centrado en los pasos, promesas y ataques descarnados entre los principales partidos con vistas a las próximas elecciones, la actualidad sigue recordándonos que hay un problema lacerante que interpela al conjunto de la sociedad y que está muy lejos de erradicarse: la violencia contra las mujeres. Si bien según los datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, las denuncias por violencia de género presentadas en Navarra se han reducido un 8,2% en el segundo trimestre del año, no dejan de ser llamativas las 871 denuncias. El total de víctimas de este periodo ascendió a 813, de las que 339 eran españolas y 474, extranjeras. Con esta realidad presente, y que las autoridades y cuerpos policiales batallan en su día a día para revertir, algo está fallando, y mucho, cuando un reciente estudio presentado en Pamplona, y trabajado con hombres jóvenes, detecta, entre otros aspectos, rechazo y hastío hacia “lo feminista”. Máxime cuando la violencia sexual se ha disparado entre menores navarros de 12 a 17 años.
Nunca antes ha habido tanto trabajo en pos de la concienciación social y de la necesaria e indiscutible igualdad entre hombres y mujeres. Pero es evidente que su calado no está siendo de la profundidad que la sociedad que marcará nuestro futuro necesita, y que es necesario ahondar en valores tan esenciales como el respeto a las personas por encima de todo. Porque, si bien el mantra y los discursos se repiten, la tozuda y desgraciada realidad de las cifras nos demuestra que a la lacra de la violencia machista solo se la puede vencer si existe una implicación del conjunto de la sociedad. Desde las autoridades, que ponen de su parte y seguro que tienen áreas de mejora, hasta la educación, pasando por las familias, los grupos de amigos... Es una labor irrenunciable. Porque aquí sí que no vale mirar para otro lado ni justificar o esconder conductas que son, además de delictivas, absolutamente intolerables.