Opinión
"Era un western escrito por un señor de Toledo. Puede que no tuvieran gran altura literaria, pero a veces se puede empezar con un librito y llegar hasta al paraíso de Dante"

Actualizado el 18/10/2026 a las 22:24
En el café, junto a la pila de periódicos, encontré un pequeño librito de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía que llevaba marcado el precio, 10 pts, y era del año 1972. Alguien lo había dejado allí, como un visitante del pasado. Los libros de Estefanía fueron muy famosos durante décadas, era la literatura popular para el mundo masculino, tan aficionado a los tiros, peleas y caballos del oeste, como el femenino a Corín Tellado. Puede que hayan sido de los autores más leídos de todos los tiempos.
No era difícil ver en el tren, en un descanso del trabajo, en un bar, a un currante leyendo una novelita de Estefanía, que luego se guardaba en el bolsillo. Eran historias repetidas, de duelos y heroísmo, y el bien siempre ganaba al mal, lo que es una ventaja. Era un western escrito por un señor de Toledo. Puede que no tuvieran gran altura literaria, pero a veces se puede empezar con un librito de vaqueros y llegar poco a poco hasta al paraíso de Dante.
Marcial escribió más de 2.500 novelas, de las que la editorial Bruguera vendió cinco millones de ejemplares en un país en el que no se leía nada. Salía una por semana. Su productividad recuerda al gran Simenon, pero el belga “solo” escribió unas 200 novelas. Estefanía conectó muy bien con su público, forjó un estilo reconocible donde el lector encontraba lo que buscaba. Era un mundo de grandes praderas y personajes de una sola pieza.
Sus libros son la muestra de una cultura popular despreciada, pero que refleja muy bien la sociedad, sus intereses y sus sueños. Ahora se ha sabido que Marcial estuvo preso unos años y viajó por EEUU, lo que le sirvió para ambientar sus novelas. También fue anarquista y concejal de un pueblo de Madrid durante la guerra, a pesar de lo cual luchó para evitar el asesinato de decenas de presos del bando contrario, enfrentándose con decisión a los suyos. Eso no impidió ser luego condenado, pese al testimonio a su favor de muchos de los que salvó. Hace falta valor para pegar tiros en el oeste, pero mucho más para hacer lo que hizo Marcial, solo ante el peligro.