Opinión
Se creen los dueños de la calle
Radicales de la izquierda abertzale privatizan la calle, que es el espacio de todos, para imponer su ley por medio de la violencia pura y dura


Actualizado el 17/10/2026 a las 23:16
Las incógnitas en Navarra ante las elecciones generales del 29-N van despejándose rápido. Y van por barrios tras una semana frenética en los despachos. El centro derecha y la derecha fueron los primera en dar el paso y van unidos (UPN-PP) en apoyo de Feijóo. En cambio, la izquierda y el nacionalismo han tanteado toda clase de fórmulas en Navarra y casi todas se han estrellado. La izquierda a la izquierda del PSOE ha sido incapaz de unirse como le pedían también sus votantes. Saldrá el Frente Amplio (con IU y Baztarre en Navarra, por un lado) y Podemos por otro. Fracaso muy poco motivador para los suyos. Así está el panorama.
Novedades a derecha e izquierda. La coalición UPN-PP se lo pone fácil a sus votantes (a la hora de optar por Feijóo o Sánchez todos los tienen claro) y se convertiría en la fuerza más votada en Navarra al Congreso según las encuestas. Dos diputados (uno para cada partido), aunque hay quien sueñe hasta con el tercero si el votante de Vox apuesta por el voto útil (muy difícil). El PSOE(2) y Bildu (1) completarían presencia en el Congreso, igual que hasta ahora.
En el Senado (cuatro puestos), la batalla queda más abierta. Quien sea primera fuerza se lleva tres escaños, aunque los electores votan personas y no listas. La reacción de última hora de la izquierda (una lista única de PSOE y Frente Amplio en el Senado) busca enNavarra que la izquierda no pierda los tres senadores que el PSNobtuvo hace cuatro años gracias a la división de la derecha.
Las escaramuzas para hacer listas únicas de la izquierda y el nacionalismo se han quedado en papel mojado. Pero, además, han dejado públicamente ninguneada a Geroa Bai, que había pedido a todos sus socios sumar fuerzas y se ha visto rechazada tanto por el PSN como por Bildu. Una humillación que dejará secuelas.
Violencia para privatizar la calle. También las deja otra realidad alarmante. Vuelven a adueñarse de la calle los más radicales. Regresa la kale borroka, igual que hace décadas. Radicales de la izquierda abertzale privatizan el espacio de todos, las calles, para imponer su ley por medio de la violencia pura y dura. Un fenómeno que parecía superado pero vemos que sólo está semioculto. Y que da miedo.
La excusa la puso, de nuevo, el activista de extrema derecha Vito Quiles, igual que el año pasado, que acude a Pamplona consciente de su potencial de provocación política. La democracia es permitir la libertad de expresión de todos con los únicos límites que marca la ley. Y ahí cabe desde el ir a escucharlo al concentrarse para rechazarlo. Las esquinas, por supuesto, se retroalimentan en esta sociedad tan polarizada.
Pero claro, todo esto es pura palabrería para los vándalos que salieron a la calle. Los de la extrema izquierda, los jóvenes radicales abertzales convocados por GKS. Bajo el falso juego de “detener al fascismo” lo que lograron fue aterrorizar a una parte importante de la ciudad con su estética y su comportamiento. Perfectamente organizados y adiestrados para la guerrilla urbana, quemaron contenedores, reventaron aceras y crearon el caos en el barrio de San Juan de Pamplona, incluso en un lugar tan especial como las puertas de un tanatorio donde familiares velaban a sus muertos. No se puede ofrecer una falta de sensibilidad humana más evidente.
Bildu no rompe amarras. Luego llega la segunda parte. El cómo se retrata cada uno. Como EH Bildu, que lleva años intentando generar imagen de moderación con una mano mientras con la otra es incapaz de desprenderse de su pasado de apoyo político a la violencia.
Aún hoy, el alcalde Asiron solo ha llegado a ”no avalar” la violencia callejera de Pamplona (faltaría más), pero no a condenarla sin añadidos. Porque, por supuesto, él añade que el culpable de todo es Vito Quiles. Eso son los equilibrios de Bildu. Blanqueados por el PSN, buscan la respetabilidad que ofrecen las instituciones. Pero sin renunciar a su pasado (ahí está Floren Aoiz, repescado como candidato al Senado), y sin romper hoy amarras claras con la kale borroka, aunque sostengan que son algo así como cachorros descarriados. Para esos retoños de GKS, es Bildu quien se ha aburguesado para llegar al poder y son ellos quienes mantienen las esencias revolucionarias. El problema es que, detrás, se intuye que es mucho más lo que les une que lo que les separa.