Opinión

"El Papa habla y está en un presente perfecto que contiene el pasado y el futuro de una manera tan particular"

"Le entregué una cinta de la capilla de San Fermín con el cántico impreso en blanco sobre rojo en una de sus caras"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 13/10/2026 a las 20:19

Conocí al Papa, porque soy un tipo con suerte, y pude verle entre un gentío de cientos de personas sintiendo que él estaba solo conmigo. Hablando con Ricardo después de aquel momento, apuntaba que el Santo Padre es capaz de una presencia particular, de la que solamente es capaz alguien que se entrega por completo. Que se abandona a quien tiene delante. No le pesaban las ofensas que le habían hecho en el pasado ni lo que tenía por delante. El Papa habla y está en un presente perfecto que contiene el pasado y el futuro de una manera tan particular. Está el Papa en el hule de los toreros y andan operándole un tumor en el pulmón. Los planes de Dios son extraños a simple vista, pero con el tiempo he aprendido que es capaz de demostrarnos el provecho que puede extraerse de las más terribles situaciones. 

Dios está en la última luz de un quirófano, en la puerta del médico, en las noticias de los amigos, tan desesperadas, que uno no sabe qué hacer. A las seis y media de la tarde, en esa hora taurina, que es la hora de la verdad, que está hecha de cuerpos en brazos, desmadejados, de guantes de látex y de trajes de torear cortados por la urgencia, entré con los niños en la capilla del colegio para cumplir mi promesa. Porque un hombre tiene que tener en la vida un poco de suerte y algunas promesas por cumplir. El día en que lo conocí en los muelles de Arguineguín, con un sol de justicia dándonos en las nucas de la civilización y asomados a la barbarie de los que tienen que echarse al mar de la desdicha en barcos desvencijados, le hice una promesa. Le entregué una cinta de la capilla de San Fermín con el cántico impreso en blanco sobre rojo en una de sus caras. Como no sabía qué decirle, atragantado por aquella cita íntima e inesperada con la historia, le pedí que rezara por nosotros y me respondió, tan alegre: “Claro, por supuesto”. A cambio, le prometí que nosotros rezaríamos por él. Todos estaban en el primer nosotros. Es el momento de unirse al segundo.

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