Opinión

"Esos 200 euros no crean una vocación pero mandan un mensaje rotundo a las mujeres brillantes que el entorno frena. Les dice sencillamente: 'este campo también es para ti"

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Jose Murugarren

Publicado el 12/10/2026 a las 19:00

Abra la puerta y entre al aula de la Escuela de Ingenieros: fluye la testosterona y el aroma a desodorante masculino. En la tercera fila, sorpresa, ellas resisten. Dos, tres, quizás cuatro, mimetizadas con las paredes para que nadie pregunte si se han equivocado de facultad. Hay algunas más pero son guisantes en el arroz. Navarra ha decidido adjudicar 200 euros por curso a las osadas que se matriculen en ciencias y tecnología. ¿Da para dos libros de cálculo y un compás?

Pero se ha armado el belén. Hay quien ve en la ayuda un atropello, denuncian discriminación y se sienten ciudadanos de segunda porque se incentiva a las chicas mientras ellos pelean a 'capela' el aprobado. Por favor, salgan de la caverna del agravio. Seguimos arrastrando estereotipos culturales no superados que asocian con ellos la tecnología y la crianza y los cuidados con ellas. Equilibrar esa inercia no se logra proclamando que somos iguales; a veces hay que incentivar la transformación. Esos 200 euros no crean una vocación pero mandan un mensaje rotundo a las mujeres brillantes que el entorno frena. Les dice sencillamente: "este campo también es para ti".

Nos estamos jugando el diseño del mundo que pisamos, y un mundo pensado en exclusiva por hombres es incompleto. Durante décadas, los maniquíes de los test de siniestros de coches imitaron la anatomía del varón; por eso las mujeres sufren casi un 50% más lesiones graves tras un accidente porque nadie pensó en ellas. Hoy el error se replica en los algoritmos. Si la IA médica obvia que un infarto femenino tiene síntomas distintos, las pone en riesgo vital. Y si el código de selección de personal lo programan ellos, las máquinas automatizarán los sesgos del pasado, descartando el talento de las ingenieras y perpetuando la brecha salarial en los sectores mejor pagados del futuro.

El sistema educativo lleva décadas aplicando la justicia redistributiva con becas para romper barreras socioeconómicas. Pues bien: hoy, en los hangares de la alta tecnología, las mujeres son el colectivo infrarrepresentado. El estímulo podrá parecer tosco, pero urge desmontar la carcasa que enseña a las niñas que las STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) son un club del cromosoma masculino. Los 200 euros son el destornillador. A la Administración no le ha dado un ataque ni de generosidad ni de falsa política de igualdad. Sabe que unas aulas tan masculinas como el vestuario de Osasuna tienen mérito en Primera División, pero resultan insólitas en una Escuela de Ingeniería.

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