Opinión

Informe PISA: retos para el inmediato futuro

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Román Felones

Publicado el 02/10/2026 a las 05:00

El informe PISA ha sido la noticia educativa más impactante del comienzo de curso. Dada mi vinculación al mundo educativo, me permitirán alguna reflexión al respecto, fijando más la atención en el futuro que en el inmediato pasado.

Aclaremos una cuestión previa. El informe PISA es el instrumento más conocido del que se han dotado los países de la OCDE para evaluar, con parámetros similares, la situación de la enseñanza en cada país. Por lo tanto, conviene no sacralizarlo ni banalizarlo, sino darle el valor que merece.

Los resultados del informe PISA 2025 en España son los peores de su serie histórica. Tras una caída generalizada del rendimiento, nuestro país queda por debajo de la media de la OCDE y de la Unión Europea en las tres competencias troncales evaluadas, Lectura, Matemáticas y Ciencias. Los datos en Navarra tampoco han sido alentadores. Han registrado un acusado descenso en las tres competencias evaluadas: Lectura, 441, 37 menos que en 2022; Matemáticas, 462 puntos, 30 menos que en 2022; y Ciencias, 472, 30 puntos menos que en 2022.

En el caso de Navarra estos resultados son malos sin paliativos, teniendo presente además los datos históricos anteriores. El periodo 1984-2000 conoció una mejora progresiva de la enseñanza en todos los órdenes: personal, medios, infraestructura y presupuestos, con un pacto escolar implícito entre PSN y UPN, que resultó muy beneficioso para la enseñanza en su conjunto. Navarra era una referencia a nivel nacional en todos los ámbitos enumerados. Entre 2000 y 2012, ya con el informe PISA como referencia, Navarra mantuvo posiciones superiores a la media de España y de la OCDE. La tendencia a la baja se inició en 2015, dio un respiro en 2022, con una respuesta positiva a la pandemia, y en 2025, como hemos visto, ha experimentado una bajada muy preocupante. Observen el dato: Lectura, puesto 14 entre las comunidades españolas, Matemáticas, el 9 y Ciencias, el 10.

¿Cuáles son las razones de esta caída tan dolorosa, viniendo de donde veníamos? A las apuntadas estos días por los diversos sectores educativos me gustaría añadir algunas otras como aportación a un debate imprescindible.

Carlos Gimeno, profesional acreditado y consejero de Educación experimentado, que conoce bien el sistema educativo navarro, puso el acento en su primer análisis en un dato de importancia incuestionable, el aumento del alumnado inmigrante, que supone ya el 26,7%, más de uno de cada cuatro alumnos, siendo la nuestra la cuarta comunidad española en porcentaje. El dato en sí presenta un aspecto positivo que me gustaría subrayar en primer lugar. ¿Qué haría Navarra sin este alumnado, con una tasa de natalidad autóctona bajo mínimos? Se hubieran cerrado un número no pequeño de escuelas rurales y nuestra tasa de reposición como sociedad estaría en riesgo. Por lo tanto, bienvenidos sean, porque son los nuevos navarros que aseguran nuestra continuidad. Pero este lado positivo convive con una situación problemática. Es obvio que el conjunto de la población inmigrante, de entrada y por razones obvias, no tiene el mismo nivel que el autóctono, y este es el lado negativo del problema. De esto se derivan dos consecuencias: hay que interiorizar que estamos ante un problema estructural al que hay que dar solución inmediata implementando los cambios que hagan falta y esta solución tiene que ofrecerla toda la red de centros sostenida con el dinero de todos los navarros, públicos y concertados, como una exigencia educativa, social y cívica que no admite excusas ni demoras, aunque se disfracen de derechos tan ensalzados como la libertad de enseñanza. Navarra puede y debe asumir este reto, tiene medios humanos, materiales y presupuestarios, pero requiere un acuerdo de todos los partidos, incluido UPN, que a veces se nos olvida que es el partido más votado.

Esta no es, ni mucho menos, la única razón del descenso experimentado en el trienio. Si así fuera, la enseñanza concertada en castellano y euskera, que escolariza un porcentaje menor de alumnos con dificultades del que le correspondería, no se hubiera visto afectada en los resultados. Pero también en los centros concertados el descenso ha sido significativo.

En los últimos lustros, las competencias han ganado la partida a los conocimientos y la exigencia se ha relajado en búsqueda de la equidad. La enseñanza en Navarra es equitativa, y esto es un dato remarcable, pero han perdido vigor otros valores que es preciso reforzar y recuperar. Resulta preciso integrar las nuevas tecnologías y la condición de nativos digitales del alumnado en un contexto en que la comprensión lectora vuelva a ser objetivo preferente que permita al alumnado enfrentarse a la complejidad del mundo en el que habitan. En este contexto, móviles, nuevas tecnologías y uso de la IA son elementos que merecen reflexión y decisión.

No todo es cuestión de dinero. Más recursos no significan necesariamente mejor educación. Sugiero activar otras vías: copiar lo bueno de otras comunidades con mejores resultados; priorizar nuestros recursos humanos y materiales en favor de objetivos mayoritariamente compartidos; activar los mecanismos necesarios para atender específicamente a este sector que presenta dificultades adicionales en materia de lengua y conocimientos; potenciar la formación del profesorado; y buscar el aliento de las familias y la sociedad. El acierto en el diagnóstico y el programa que se articule para mejorar la educación en Navarra condiciona seriamente nuestro futuro. Tomémoslo en serio, por favor.

Román Felones fue consejero de Educación y Cultura (1984-1991)

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