Editorial
Faltan techos y sobran barreras

Publicado el 02/10/2026 a las 05:00
El hartazgo social galvanizado en la acampada madrileña de Sol evidencia que la vivienda ocupa el primer puesto en la lista de problemas de los españoles, una realidad de falta de techos suficientes larvada a lo largo de años que encuentra en la Comunidad foral un escenario de idénticas proporciones. Un estudio de la Cámara de Comercio e Industria de Navarra acaba de poner cifras al drama: cada año se construyen en la Comunidad foral 1.000 pisos menos de los que demandan los navarros. Y esa brecha, ya de por sí considerable, seguirá aumentando a lo largo de la próxima década, cuando se estima que se conformarán 40.000 nuevos hogares. Obviamente, todos necesitarán un techo bajo el que vivir.
Por todo ello, el proyecto Desafíos de Navarra que lidera este periódico pone el foco este mes en la vivienda para tratar de aportar las claves necesarias que ayuden a comprender la magnitud del reto ante el que nos encontramos. Porque la situación es compleja y lleva enquistada en este país desde la anterior crisis inmobiliaria. Sólo que ahora es peor y la situación ha escalado: si antes no se podían pagar las hipotecas, ahora tampoco se pueden afrontar los alquileres. Y todo apunta hacia una misma dirección: hay que construir más y más rápido, solventando de una vez la burocracia que lastra la disponibilidad de suelo y el trabajo del sector, trabas que condenan a un infierno alcista de precios ante la falta de oferta.
Eso no se consigue con soluciones improvisadas ni legislando en caliente a golpe de decretos imposibles como los que promulgan PSOE y Sumar. Unas urgencias espoleadas por extremos del arco político que se han aprovechado del caso de Maricarmen Abascal para lanzar la campaña electoral. Ofusca constatar que, ante al legítimo y lógico desencanto ciudadano, las grandes partidos no sean capaces de buscar consensos realistas en los que encontrarse y sobre los que cimentar los primeros pasos hacia una solución. Porque si algo necesitan propietarios, inquilinos y promotores es seguridad jurídica y políticas que huyan de esos eslóganes tan altisonantes como vacíos.